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Sobek

Sobek

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:351
Nilai: 5
nombre de autor: Eduardopz

En un lugar de animales evolucionados, bípedos de gran inteligencia, Sobek, un Cocodrilo de agua salada intenta adaptarse al mundo social de los mamíferos, siendo él un ser de sangre fría

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Capítulo 018

Limpié mis manos sucias en los pantalones. El denso olor a sangre fresca estaba mareándome debido al hambre.

Frente a mí, el único testigo presente: el jaguar. Balam se encontraba a varios metros de distancia, pero su imponente presencia se alzaba como un claro obstáculo entre mi objetivo y yo.

—Te vas a quedar aquí —dictaminó con firmeza—. Ahora mismo eres un peligro para todos.

—¿Un peligro? —sonreí, ladeando el cuello—. Soy un depredador. Todo ser que respire corre peligro a mi alrededor, y tú no eres la excepción.

Arremetí, pero el jaguar esquivó mi golpe con agilidad, en el mismo movimiento, conectó un puñetazo directo en mi mentón. Sacudí la cabeza por el impacto y estiré la mandíbula para reacomodarla.

—Me estás haciendo perder el tiempo —lo miré fijamente—. Voy a desprenderte la boca.

Sin la menor intención de alargar la lucha, me abalancé para embestirlo y apartarlo del camino. Sin embargo, logró zafarse con destreza y saltó directo a mi espalda. Su brazo se enrolló con fuerza alrededor de mi cuello, presionando mi tráquea para cortarme la respiración.

—¡¿Es que no puedes quedarte quieto?! —exclamó, rodeando mi torso con sus piernas para asegurar el agarre—. ¡Ya cálmate!

Al ver que era incapaz de quitármelo de encima con las manos, me dejé caer de espaldas con todo mi peso contra el cemento. El impacto fue seco; escuché claramente cómo el aire escapaba de sus pulmones. Intenté rasgar su brazo, pero con mis uñas cortas e insuficientes poco daño pude infligirle. Conecté un cabezazo hacia atrás, directo en su pecho, y aproveché ese instante de debilidad para incorporarme.

Entre sus tosidos y quejas por el golpe, contemplé los restos de su fina piel atrapados en mis garras. Antes de que pudiera darme la vuelta, el jaguar se levantó del suelo como una plaga persistente.

—¿Cuál es tu maldito problema? —me espetó, revisándose el brazo herido—. Dejaste moribundo a Reiner y casi matas a todos los que se atrevieron a pelear contra ti. De verdad... ¿disfrutas de esto?

Incliné la cabeza. ¿Tan difícil le resultaba entenderlo a este mamífero?

—El problema no lo inicié yo —respondí con parsimonia—. Y eso me otorga la total libertad de matarlos si se me antoja.

—¿Qué?

—No hice el primer movimiento. Todo esto por lo que lloras no son más que sus propias consecuencias. Reiner peleó conmigo basándose en rumores falsos, así que le reventé la cabeza; sus esbirros lo secundaron, así que les rompí uno de sus tantos huesos. Y el amigo de Reiner difundió la mentira ignorando mis advertencias, por lo que aún no he terminado con él —me lamí el dedo, saboreando el ambiente—. ¿Quieres ser el próximo? ¿Qué tanto aprecias tus brazos, jaguar?

—Eres un monstruo.

Me encogí de hombros. No era la primera ni sería la última vez que escucharía ese adjetivo.

Di un paso al frente, pero el eco de las sirenas que se estacionaban fuera de la institución me obligó a detenerme. Reflexioné un momento. Realmente no tenía sentido continuar con una situación que ya se había enfriado; seguramente a esos dos ya los habrían trasladado. Mi oportunidad de terminar el trabajo se había esfumado.

Experimenté un repentino déjà vu.

—¿A quién culparán esta vez por la tragedia? —pregunté a secas.

—¿Es un chiste? Toda la escuela fue testigo de tu espectáculo —me miró con una rabia contenida.

Pasé las manos por mi cuerpo. No había sufrido ningún daño relevante, pero el uniforme estaba arruinado, cubierto de tierra y sangre ajena.

—Se ve que conoces a muchas personas aquí —comenté sin el menor ánimo—. Diles que no abran la boca. He memorizado muchos rostros hoy; soy perfectamente capaz de cazarlos como a ratas si hablan de más.

—¿Tanta confianza te tienes?

—No —sonreí, mostrando la hilera de mis dientes—. Solo confío en ustedes.

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