Sobek
Hace mucho tiempo que no saboreaba mi propia sangre, pues ha pasado tanto tiempo, que reconozco el dulzor fresco que brota delicadamente de cada ser vivo.
Un golpe furtivo directo a mi mandíbula, supongo que su objetivo fué noquearme con aquel ademán. Más que aturdirme, solo me enfureció su altivez, al creer que podría ir contra mí; distrayendo mi atención con sus amigos, pomposos de insultos y provocaciones.
Las heridas tan ligeras que tengo, las consideré indignas, ya que ellos son tan débiles como las plagas. Tengo una piel gruesa, los mamíferos volvieron a equivocarse conmigo.
Decidí detenerme en el segundo en el que pude sentir la muerte de ese chico, pues su corazón comenzó a latir de forma extraña, y su nariz estaba bañando todo su uniforme blanco. Creo recordar que pertenece a la familia de los canes, lo que explicaría su organización al atacarme.
Era inevitable no llamar la atención, gracias a sus chillidos de auxilio cuando me tocó atacar a mí. Nunca escuché un grito tan vergonzoso, ni siquiera las presas que cazaba hicieron tanto escándalo. Hicieron acudir a toda la escuela, reuniéndose a nuestro alrededor como moscas, zumbando palabras que no me molesté en entender.
Me alejé del chico al verlo incapacitado. Aún tenía mi bolso colgado, así que busqué una botella de agua y lavé mis manos; antes de que la sangre se secara y fuera más difícil de limpiar.
Yo salí victorioso, por lo que sacudí el agua de mis manos, e intenté irme a la clase que terminaría siendo la última del día, sin embargo todos los curiosos tenían expresiones estupefactas. Y detrás de ellos, llegaron numerosos profesores, llamando alarmados por sus teléfonos a alguien.
No comprendí el alboroto por el chico, incluso apareció la enfermera, lo que me confundió porque según su palabras, los jueves son muy ocupados debido al club de deportes. Se agachó, revisando las heridas cubiertas por su propia sangre.
Miré sus manos temblorosas, la enfermera no se veía segura de algo, así que hablé para responder lo que parecía preocuparle.
—No va a morir—dije
La enfermera no pudo sostener la mirada. Voces por aquí y allá, y de pronto todo el plantel se reunía en el lugar. Mi intensión era largarme y ver la clase para no tener inasistencias que fueran una molestia para mí hermano.
Noté como todos los profesores hombres me aislaron de los demás, siendo ellos una línea entre los estudiantes y yo. No tomé su acción como un desafío hacía mí, ellos no actuaron como esos chicos que deliberadamente se impusieron, siendo por lejos más débiles que yo.
Un auto con bocinas escandalosas entró a la escuela, de allí bajaron hombres de colores brillantes y se llevaron a esos chicos subidos en camillas largas. Luego de eso, acabé en un cuarto con escritorio y ventanas grandes.
Oí los pasos, para luego ver a un anciano no tan viejo entrar, el cual soltaba muchos suspiros.
—Golpeaste a esos muchachos hasta la muerte, ¿eres conciente de lo que hiciste?—habló con un tono severo—A un acto como este no queda más remedio que la expulsión, llamaré en este momento a tus padres.
Lamí mi labio roto, pensativo, ¿a qué se debía el enojo?, una expulsión por golpear a alguien ¿no era demasiado?, ni siquiera había terminado la tarea del día anterior.
—¿Puede explicarme?—dije—
—¿Qué?
—¿Por qué me expulsa?, ¿Fué porque mis notas son deficientes en materias como biología e historia?—le miré—¿Es por eso?
El anciano me mostró un rostro incrédulo, como si le gastara una broma. Golpeó el escritorio con sus palmas, su frente se enrojeció de forma muy rápida.
—¡Acaba de enviar a cinco estudiantes al hospital debido a la violencia que usted ejerció sobre ellos!, ¿¡No le parece suficiente motivo!?—gritó—Un ser tan agresivo no debe permanecer más tiempo en esta institución, haré que sus padres presenten una compensación y lo castiguen por sus horribles actos.
Quizás no soy el más veloz en captar, pero sus palabras parecían ir en contra de lo que mis ojos vieron. Me levanté de la silla y me acerque para que el anciano escuchara mejor lo que tenía que decir:
—¿Castigas mi mal actuar?, pero si nunca hice nada que no se hiciera en la escuela—expliqué— Eso llamado violencia lo he visto tantas veces, que creí que era lo normal, si es algo malo ¿Por qué lo hacen los estudiantes? ¿Por qué no lo castigaste tú antes de que viniera a mí? ¿Por qué me echas la culpa?. Creí que era aceptable ya que se acercó a desafiarme a mí...
Luché en apegarme a las normas, lo hice bastante bien, ¿pero es mi culpa ahora?. Que irritante
—Deme la expulsión—demandé—Aceptaría mejor tu alboroto si alguno de ellos estuviera muerto...
Terminé con un mal sabor de boca. El anciano no podría comunicarse con mi tutor, ya que el número lo proporcioné yo, por lo que terminaría llamando a mi vecino para regañarme.
Mi rabia no se debía a una expulsión, no me importa la educación. Hace unos meses que mi hermano me trajo a esta lejana nación, e hice lo posible por no ocasionar problemas, pero parece que el sistema que aquí se maneja es el más estúpido y anormal.
Cuando pise la casa, tendré que hablarle a mi hermano...
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