NovelToon NovelToon
Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:20.9k
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16. Cuando el control dejó de estar en sus manos

Belvina giró el rostro hacia un lado, intentando apartarse aunque el espacio fuera mínimo. Las lágrimas seguían cayendo sin que pudiera contenerlas.

Alden finalmente retrocedió medio paso. Solo un poco. Pero suficiente para darle espacio. Y fue justamente eso lo que hizo que todo se sintiera diferente.

Extraño. Ilógico. Desconcertante.

Alden la contempló más tiempo del debido. Luego, casi sin darse cuenta, la comisura de sus labios se movió apenas.

No era burla. Era más bien... algo que él mismo no comprendía.

—¿Llorando? —murmuró. Pero esta vez, no había presión en sus palabras.

Belvina no respondió. Solo se limpió las lágrimas rápido, como si se arrepintiera de haberlas mostrado.

Y en ese instante, por primera vez, Alden no la vio como una carga. Tampoco como una obligación. Sino como algo... nuevo.

Y sin saber por qué, eso lo hacía aún más difícil de soltar.

Nadie se movió durante unos momentos.

Luego retrocedió despacio. Concedió espacio. Pero su atención permaneció fija allí. Ya no era como antes. No era simplemente querer dominar. Sino... querer entender.

Y eso era mucho más peligroso.

—Descansa —dijo Alden al cabo—. Recuerda que mañana por la noche vamos a una reunión de negocios.

Sin esperar respuesta, Alden se dio la vuelta y salió de la habitación de Belvina.

Belvina no se incorporó de inmediato. Su mirada se detuvo en el techo, vacía por un instante. Su pecho aún subía y bajaba más rápido de lo normal.

Sus dedos se fueron aflojando de la tela que había apretado con fuerza todo ese tiempo.

La habitación pareció detenerse un momento.

Tragó saliva. La garganta le ardía seca. Solo entonces giró el rostro hacia un lado. Las lágrimas que había contenido volvieron a escapar, deslizándose lentamente hasta la sien, hasta perderse en su cabello.

Belvina levantó una mano y se cubrió los ojos.

¿Qué fue eso...?

El susurro fue casi inaudible.

Ya no era pánico. Era más bien... caos.

Contuvo el aire en el pecho un instante, luego lo liberó despacio. Intentando recuperar el control que se le había escapado.

Se quedó así durante unos momentos. Inmóvil, sin moverse. Hasta que finalmente abrió los ojos. Vacíos por un instante, antes de recobrar el enfoque poco a poco.

Su mano descendió. Los hombros se fueron relajando, como si el peso que la oprimía también se soltara. Luego, con un movimiento lento, Belvina empezó a incorporarse.

Concéntrate.

La voz interior era más firme ahora.

Se puso de pie y caminó hacia el espejo. Su reflejo le devolvió la mirada: ojos aún húmedos, cabello ligeramente desordenado. Su ritmo todavía no volvía a la normalidad. El pecho aún se agitaba rápido, sin encontrar el tempo.

Se observó en el reflejo, en silencio, durante unos instantes.

Luego, poco a poco, su barbilla se elevó.

No flaquees.* El tono no era fuerte. Pero era claro. No voy a volver a ser ella.*

Su mano subió para alisarse el cabello. El gesto aún temblaba un poco, pero era más controlado.

Unos segundos después, desvió el rostro.

Pero antes de apagar la luz, su mente regresó a una cosa.

La forma en que Alden la había mirado... antes. No era ira. No era repulsión. Y eso, justamente, era más peligroso.

Belvina cerró los ojos un instante.

No pienses en eso.

La luz se apagó. Pero esa noche, el sueño no llegó con facilidad.

-

Mientras tanto, en otra habitación:

La puerta se cerró con más fuerza de la habitual. Alden se quedó de pie a pocos pasos. No se movió de inmediato.

Su camisa ya estaba abierta en la parte superior, pero la opresión en el pecho no desapareció con ella.

Los músculos de su rostro se tensaron, antes de que finalmente se pasara la mano por la cara una vez y caminara hacia el escritorio.

Se apoyó con las manos sobre la superficie. Conteniéndose. Su rostro estaba sereno. Pero su mente, no.

Belvina. Ese llanto. Y esas palabras.

"No quiero entregarme... a alguien que no me ama."

Su expresión se bloqueó.

Esa no era la Belvina que conocía. No era la mujer que venía una y otra vez sin que nadie se lo pidiera. Que no le importaba ni su propia dignidad.

Aquella mujer... no habría llorado así.

Alden levantó la cabeza. Su mirada se clavó en su propio reflejo en el vidrio. Hubo una pausa larga. Luego soltó una risa breve. Corta. Sin humor.

—Interesante...

La palabra salió casi sin querer.

Caminó hacia la ventana. Abrió un poco la cortina. La luz de la ciudad entró tenue.

Normalmente, algo así le habría provocado hastío. Drama. Lágrimas. Súplicas.

Pero lo de antes... no. No fue una súplica. Fue... un rechazo.

Y ahora no sabía cómo procesarlo.

Metió la mano en el bolsillo del pantalón. Los dedos se tensaron un instante.

Divorcio.

La palabra volvió a cruzar su mente. Sus labios se curvaron levemente.

—Inténtalo.

Pero esta vez, no era un simple desafío. Era más bien... un plan.

Sus ojos se estrecharon un poco; su enfoque cambió. Ya no era evasión. Era observación. Prueba. Y... retención.

—Mañana por la noche... —murmuró, casi un susurro.

La reunión de negocios. Lugar público. Muchas miradas.

Perfecto.

La comisura de sus labios se elevó de nuevo. Sutil. Más controlada.

Veamos... hasta dónde aguantas.

La luz se apagó.

Pero igual que Belvina, su sueño esa noche tampoco fue del todo tranquilo.

***

Durante todo el día, Belvina no salió de su habitación.

Frente al espejo, se detuvo un buen rato. Una brocha pequeña se movía en su mano con cuidado, siguiendo recuerdos que no eran del todo suyos.

Un trazo, un poco difuso. Fino, luego corregido.

Se detuvo un momento y contempló su reflejo.

Nada excesivo. Nada llamativo. Natural... pero con definición.

Sus labios se curvaron levemente hacia arriba.

Suficiente.

No era admiración. Era más bien... satisfacción.

Se dirigió al armario. Su mano recorrió la hilera de prendas y se detuvo en un vestido que acababa de comprar el día anterior. Sin pensarlo demasiado, lo sacó.

Unos minutos después, la tela se ajustaba con perfección a su cuerpo.

Añadió los aretes. El collar. El reloj. La pulsera. Uno por uno. Sin excesos. Pero lo suficiente para complementar.

Cuando su mano descendió, se detuvo. El anillo en su dedo le llamó la atención.

Su expresión cambió apenas. Luego, sin pensarlo mucho, se lo quitó.

El anillo quedó sobre el tocador. En su lugar, tomó otro. Más sencillo. Más... neutro. Lo deslizó en el dedo. Listo.

Belvina se revisó una última vez. Ya no había duda alguna.

Se dio la vuelta.

-

En la sala:

Alden estaba sentado con desenfado, celular en mano. La pantalla cambiaba sin cesar, pero su atención no estaba realmente ahí.

Se escucharon pasos desde la planta alta.

No levantó la vista de inmediato. Normalmente, no hacía falta. Ya sabía cómo se presentaría Belvina. Demasiado llamativa, demasiado esforzada.

Pero esta vez, su pulgar se detuvo sobre la pantalla.

Los pasos sonaban diferente. Más tranquilos. Más... medidos.

Sus cejas se fruncieron apenas. Alden finalmente alzó la cabeza. Y por un instante, se quedó inmóvil.

Belvina estaba de pie al final de la escalera. Sin excesos. Sin atraer la atención de la forma equivocada.

Más bien... todo lo contrario. Todo encajaba a la perfección.

Las líneas de su rostro eran más definidas. Su mirada, serena. La forma en que se erguía ya no buscaba atención, pero la atraía sin esfuerzo.

La mirada de Alden se prolongó más de lo razonable. Hubo una pausa breve, suficiente para percibir que algo realmente había cambiado. Y esta vez... no podía simplemente ignorarlo.

Alden se puso de pie y se acercó. Sin prisa. Pero tampoco sin dudas. Se detuvo frente a Belvina, lo bastante cerca para notar detalles que a la distancia se le habían escapado.

Entonces, su mano se elevó. Extendida. Un gesto simple. Casi reflejo. Pero... inusual.

Belvina frunció el ceño apenas. Hubo una fracción de segundo de vacilación.

Un recuerdo se activó sin aviso. No del todo suyo.

Normalmente, después de bajar la escalera, este hombre ya iba caminando adelante. Sin esperar. Sin importarle si ella lo seguía o no.

No era así. Su mano... estaba esperando.

Alden no la retiró. Se quedó ahí. Abierta. Quieta. Como si fuera la cosa más natural del mundo. Esperando ser aceptada.

Belvina le echó un vistazo. Luego su mano se elevó...

Alden ajustó ligeramente los dedos, listo para recibirla.

Pero en el instante siguiente...

Belvina solo se tocó el cabello. Se acomodó un mechón que en realidad no estaba desordenado.

Un gesto pequeño. Casual. Como si no hubiera nada que pensar. Después, sin decir palabra, Belvina avanzó primero, dejando a Alden atrás sin volver la vista.

Alden no se apresuró a seguirla. No porque no pudiera. Sino porque empezaba a comprender... que este juego ya no lo entendía del todo.

1
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Laura
o un mosquito
Laura
😂😂😂
Sara Rojas Retamal
poco años le dieron, la justicia hasta en las novelas es pésima😡
Sara Rojas Retamal
que sean mellizos 🥰💪💪👏👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play