Mauro Farina es el Capo de la mafia Siciliana y el dueño de Lusso, la empresa de moda más importante del mundo, y quiere destronar a sus competidores con la nueva campaña que lanzará.
Venecia Messina es heredera de la ´Ndrangueta y el cártel de Sinaloa, y su nueva becaria.
Mauro no ha olvidado el rechazo que sufrió a manos de esa pequeña entrometida hace años, y ahora que está a su merced se vengará de esa ofensa. Lo que él no sabe es que Venecia viene para quedarse y no se dejará amedrentar por él.
¿Quién ganará esta batalla de voluntades?
Te invito a descubrirlo juntas.
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Vieja bruja
Venecia
–Mauro no está aquí –digo con poca paciencia. No me gusta ni un pelo su actitud.
–Pues llámalo, niña. Eres la sirvienta, ¿no? –pregunta mirándome como si yo oliera a mierda.
Más asqueroso huele su caro perfume, que parece que se bañó con él.
Cubro mi nariz, solo para hacerla molestar. –No soy la sirvienta. ¿Qué es ese olor nauseabundo?
–Es un perfume francés –suelta–. Imagino que no los conoces –agrega con superioridad mientras se sienta sobre el sofá.
–Tienes razón, huele a las calles de París –digo luchando para no sonreír.
Toma eso, vieja amargada.
–Mira, niñita, no eres más que una de las muchas putas que mi hijo se folla. Y ciertamente, no estoy aquí para hablar contigo. Necesito hablar con él y que me dé mi maldito dinero.
Recuerdo una conversación que le escuché a Mía y a su esposo sobre Mauro y su fortuna. Puede que me haya engañado a mí misma por muchos años, pero desde que lo vi por primera vez, llamó mi atención y cada vez que alguien lo nombraba escuchaba atentamente. Farina no heredó como lo hicieron Alek y sus amigos, él forjó su camino en la vida solo, y trabajó por cada centavo que tiene ahora, que es una de las fortunas más importantes de Europa en este momento, y eso que la revista Forbes no conoce sobre sus otros ingresos.
Y también escuché a Alek mencionar que la bruja de su madre le roba cada puto centavo.
Hasta hoy.
–¿Solo una puta más? –pregunto con una sonrisa–. Eso no fue lo que dijo anoche mientras follábamos, ahí mismo –digo apuntándola–, dónde estás sentada ahora mismo.
La vieja bruja se levanta con un grito escandalizado.
–Eres una mujerzuela.
–Una mujerzuela que pronto será tu nuera –miento–. Mauro me lo propuso anoche y dije que sí –agrego de inmediato mientras camino por la sala como si cada cosa me perteneciera–. Y este lugar, desde ahora, será mi hogar, y ten por seguro que no te quiero aquí.
La vieja bruja toma mi brazo con brusquedad, pero me suelto en un movimiento. Fui entrenada por mi padre, esta mujer no tiene ninguna posibilidad contra mí.
Sonríe. –Basta que le diga a mi hijo que te corra y volverás a la calle donde seguramente saliste.
–¿Segura? –pregunto sin dejar de sonreír–. Apuesto que sería al revés –digo–. Ah, y una cosa más. El dinero que le sacabas a mi futuro esposo, se acabó. No verás ni un centavo más.
–¿Te dijo eso?
–Mauro y yo no tenemos secretos. Ya le dije que no quería que volviera a depositarte.
Su rostro se contrae con rabia, perdiendo parte de su belleza. –¿Por eso no me transfirió lo que le pedí? –pregunta furiosa–. Pero, ¿quién mierda te crees que eres?
–Ya te lo dije, su futura esposa y la dueña de cada centavo de su fortuna –respondo y sé que quizá me hubiese ido bien estudiando arte dramático. La actuación se me da de lujo–. Estás acabada. Creo que en el municipio están buscando personal para barrer las calles –agrego y tengo que retroceder cuando su mano va directo a mi cara.
–¡¿Qué mierda pasa aquí?!
Me giro cuando escucho a Mauro furioso. Seguramente me vio esquivando un golpe de su madre. Y debe estar viendo como el peinado de la bruja refleja lo que hay en su interior, una fealdad absoluta.
–Cariño, llegaste –digo y corro a su encuentro. Cruzo mis brazos en su cuello, y lo obligo a bajar su rostro al mío y besarme. Sus ojos se abren sorprendidos cuando sus labios y los míos conectan en un topón, que me sabe a migajas–. Le estaba contando a tu madre que desde anoche estamos comprometidos.
–¿Qué? –pregunta claramente confundido.
Me recuesto en su pecho y acaricio el nacimiento de su cuello. Cosa que quise hacer desde que vi toda esa piel bronceada brillando contra la luz de la mañana.
–Sé que probablemente querías anunciarlo con bombos y platillos, pero no es necesario, mi amor. Lo único que importa es que nos casaremos –digo antes de besar su mandíbula.
–¡No me iré sin mi puto dinero! –grita su madre furiosa–. No me importa a quien te follas mientras eso no afecte a mis finanzas –sisea mirando a mi prometido falso–. Si no quieres que le diga la verdad a esta chica sobre quien eres, transfiéreme lo que te pedí, y no vuelvas a demorarte nunca más –exige con su rostro rojo de rabia–. Jeff está esperando el dinero para pagarle la deuda al casino.
El cuerpo de Mauro se tensa ante las palabras de la mujer que lo trajo al mundo. Que horrible debe ser nacer de una mujer así.
–A mí nadie me amenaza –sisea y camina unos pasos hasta acercarse a la bruja–. Y tampoco dejaré que nadie le ponga un dedo encima a mi prometida –dice sorprendiéndome.
Sonrío.
–¿Lo ves? –le pregunto a la vieja bruja–. Está loco por mí.
Mauro me mira y sé que me está diciendo, no presiones, pero no puedo detenerme, esto es muy divertido.
–Además –agrego acariciando mi vientre–. Pronto estaremos esperando a nuestro primer hijo, o quizá ya lo engendramos anoche. Sobre ese sofá –digo solo para empujar más–. Así que creo que deberías seguir mi consejo y aprender a barrer. Nunca te faltará trabajo. El municipio siempre está contratando a personas tan desesperadas como tú.
La vieja bruja se lanza a mi cuerpo con las uñas por delante, pero el padre de mi hijo imaginario la detiene.
–¡Basta! –sisea furioso–. No quiero que le pongas un dedo encima.
La bruja ordena su cabello. –Ese dinero es mío. Me lo gané. Soporté a tu padre y luego tuve que criarte a ti.
Mauro ríe fríamente. –Que gracioso, no te recuerdo criándome. Ahora que lo pienso solo recuerdo a Bianca a mi lado.
–¡Porque tu padre le pagaba!
–Y amabas a ese hombre –dice Mauro–. Lo defendiste siempre, incluso de mí. Siempre le creíste a él y no a mí.
–Oh, por favor, supéralo –suelta con desdén–. Lo que pasó no fue nada, pero te gusta hacer un drama por todo.
Mauro niega con la cabeza y puedo sentir como las palabras de esa mujer lo lastiman.
–¡Fuera de mi casa! –espeta más dolido que furioso–. ¡Fuera de mi maldita casa!
–Mi dinero –exige.
–Oh, cariño, todavía no lo entiendes –digo–. No habrá ningún centavo más para ti. Ciao, bella –agrego y le digo adiós con mi mano mientras le lanzo un beso.
Su rostro se contrae. –Está bien. Lo diré –empieza mientras todo su cuerpo tiembla–. Mauro no es quien crees que es. Es un Capo. El puto Capo de La Cosa Nostra.
Me rio y Mauro también lo hace.
–¿Qué? ¿No me crees? Tengo pruebas –dice mientras busca algo en su cartera.
–Oh, te creo, y es una de las cosas que más me gustan de él –digo mientras coloco mi mano sobre su bien proporcionado trasero–. ¿Te he dicho que eso es lo que más me pone cachonda? –le pregunto con una sonrisa, que Mauro corresponde.
–No, pero creo que ahora lo utilizaré a mi favor.
–Utiliza lo que necesites, mi amor. Tenemos mucho sexo que practicar si queremos engendrar a tu primer heredero.
–¿Qué está pasando acá? –pregunta la vieja bruja mientras todo el color abandona su cara.
Mauro toma mi mano y la lleva a su boca. Sus labios acarician cada uno de mis nudillos y tengo que juntar las piernas cuando siento esa caricia en mi clítoris. Los ojos felinos de mi prometido falso siguen el movimiento y sonríe, como si supiera lo que estoy sintiendo.
–Mi futura esposa es Venecia Messina –dice sin dejar mis ojos–. Es la heredera del clan Messina Guzmán.
Los ojos de la mujer me reconocen con temor y luego sus ojos se llenan de lágrimas sin derramar. No muchos me conocen, pero si estás en el medio, si o si tienen que conocer mis apellidos, y todo gracias al legado de mis padres.
En momentos así, viendo la relación de mi jefe con su madre, sé que he tenido mucha suerte.
–Esto no se quedará así –suelta antes de salir del departamento.
Cuando las puertas del elevador se cierran, los ojos de Mauro se clavan en los míos, y sé que tendré que dar muchas explicaciones.