Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente
NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Una promesa bajo la lluvia
La tarde había comenzado tranquila, pero cerca de las cuatro el cielo se cubrió de nubes oscuras.
Valeria estaba sentada en una de las últimas filas del salón, mirando por la ventana mientras la profesora explicaba una lección que apenas lograba escuchar.
Desde hacía varios días sentía que algo no estaba bien.
Mateo seguía siendo el mismo de siempre cuando estaban juntos. La esperaba a la salida, buscaba cualquier oportunidad para hablar con ella y continuaba dejándole pequeñas notas en los cuadernos.
Pero había momentos en los que parecía preocupado.
Y Valeria sabía por qué.
Sus padres.
Desde aquella conversación que Mateo había tenido con ellos, las cosas habían cambiado.
Su padre había comenzado a vigilarlo más. Su madre le preguntaba constantemente dónde estaba y con quién pasaba el tiempo. Incluso algunos días Mateo tenía que regresar directamente a casa después de clases.
Aun así, encontraba la manera de verla.
Ese día, cuando sonó el timbre de salida, Valeria guardó sus cuadernos lentamente.
Mateo se acercó.
—¿Vamos?
—Sí.
Caminaron hasta la salida de la escuela.
—¿A dónde quieres ir? —preguntó él.
—Al río.
Mateo sonrió.
—Como siempre.
—Es nuestro lugar.
Él la miró.
—Sí.
Comenzaron a caminar.
Apenas habían avanzado unas calles cuando comenzaron a caer las primeras gotas.
—Va a llover —dijo Valeria.
—Podemos regresar.
Ella negó con la cabeza.
—No.
—¿No?
—Quiero ir al río.
Mateo se rio.
—Estás loca.
—Tal vez.
Siguieron caminando.
La lluvia empezó a caer con más fuerza.
Los dos corrieron hasta llegar a un pequeño techo de madera cerca del río.
Estaban completamente mojados.
Valeria no podía parar de reír.
—Mírate.
—Tú tampoco estás mejor.
—Pero yo no fui quien dijo que quería venir.
—Y yo no fui quien insistió.
Se miraron y volvieron a reír.
Después, poco a poco, quedaron en silencio.
La lluvia golpeaba el techo.
El río corría con fuerza.
Mateo se acercó un poco.
—Valeria.
—¿Sí?
—¿Tú eres feliz conmigo?
Ella lo miró sorprendida.
—Sí.
—¿Mucho?
Valeria sonrió.
—Muchísimo.
Mateo tomó su mano.
—Yo también.
Por unos segundos permanecieron así.
Entonces Mateo habló nuevamente.
—Tengo miedo.
La sonrisa de Valeria desapareció.
—¿De qué?
—De que mis padres nos separen.
Ella apretó su mano.
—No quiero pensar en eso.
—Pero puede pasar.
—¿Y qué vamos a hacer?
Mateo la miró fijamente.
—Luchar.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—¿Aunque ellos no estén de acuerdo?
—Aunque nadie esté de acuerdo.
—¿Aunque pase mucho tiempo?
—Aunque pase todo el tiempo del mundo.
Ella sonrió entre lágrimas.
—Entonces prométemelo.
Mateo levantó la mano.
—Te lo prometo.
—No me prometas algo que no puedas cumplir.
—Lo voy a cumplir.
Valeria apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Yo también te lo prometo.
Aquel momento quedó grabado en sus corazones.
Sin embargo, al día siguiente, Mateo recibió una noticia que podía cambiarlo todo.
Su padre lo llamó después de la cena.
—Tenemos que hablar.
Mateo dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Qué pasa?
—Hemos decidido que el próximo año estudiarás fuera del pueblo.
Mateo se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Tu tío vive en otra ciudad y podrá ayudarte. Allí tendrás mejores oportunidades.
—Pero yo no quiero irme.
—No te estamos preguntando.
—¿Por qué?
Su padre lo miró seriamente.
—Porque creemos que necesitas alejarte de ciertas personas.
Mateo comprendió inmediatamente.
—Es por Valeria.
Su madre bajó la mirada.
—Mateo...
—¡Es por ella!
—Es lo mejor para ti —respondió su padre.
—¡No pueden decidir con quién quiero estar!
—Mientras seas menor, sí podemos.
Mateo sintió que la rabia le quemaba el pecho.
—No voy a olvidarla.
Su padre respondió con frialdad:
—Eso lo veremos.
Mateo subió a su habitación.
Esa noche no pudo dormir.
Pensó en Valeria.
Pensó en la promesa bajo la lluvia.
Y por primera vez sintió verdadero miedo de perderla.
Al día siguiente, buscó a Valeria detrás de la escuela.
Ella notó inmediatamente que algo ocurría.
—¿Qué tienes?
Mateo se sentó junto a ella.
—Tengo que decirte algo.
—Me estás asustando.
—Mis padres quieren enviarme a estudiar fuera.
Valeria se quedó en silencio.
—¿Cuándo?
—El próximo año.
Ella bajó la mirada.
—¿Y te vas a ir?
—No quiero.
—Pero quizá no puedas decidir.
Mateo tomó sus manos.
—Voy a encontrar una manera.
Valeria intentó sonreír.
—¿Y si no la encuentras?
—Entonces hablaremos todos los días.
—¿Y si no puedes?
—Te escribiré.
—¿Y si tampoco puedes?
Mateo se quedó callado.
Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a aparecer.
—No quiero perderte.
Mateo la abrazó.
—No me vas a perder.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Pero ninguno sabía que la distancia no sería el único obstáculo.
Porque mientras ellos intentaban aferrarse a su amor, la familia de Mateo estaba preparando algo mucho más complicado.
Su madre había descubierto que Valeria tenía sueños de estudiar fuera algún día.
Y decidió utilizar aquello en su contra.
Una tarde, llamó a Valeria a solas.
—Quiero hablar contigo.
Valeria se puso nerviosa.
—¿Sobre Mateo?
—Sí.
—¿Hice algo malo?
—No.
La mujer respiró profundamente.
—Precisamente por eso quiero evitar que sufras.
Valeria no entendía.
—¿Qué quiere decir?
—Mateo se irá a estudiar fuera.
—Lo sé.
—Y cuando se vaya, conocerá otras personas. Cambiará.
Valeria negó con la cabeza.
—Él me quiere.
—Es muy joven.
—Yo también.
—Exactamente.
Valeria sintió que la conversación empezaba a incomodarla.
—No entiendo qué quiere de mí.
La madre de Mateo la miró directamente.
—Quiero que te alejes de él.
Valeria sintió como si alguien le hubiera quitado el aire.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No.
—Valeria, mi hijo tiene un futuro por delante. Queremos que estudie, que conozca el mundo y que algún día forme una familia con alguien que pueda acompañarlo en ese camino.
Valeria comprendió lo que realmente quería decir.
Alguien como nosotros.
Ella tragó saliva.
—Yo también tengo sueños.
—Entonces deberías concentrarte en ellos.
—¿Y si lo amo?
La mujer guardó silencio.
Después respondió:
—El amor no siempre es suficiente.
Valeria salió de aquella casa con lágrimas en los ojos.
No le contó nada a Mateo.
No quería causarle más problemas.
Pero aquella conversación comenzó a sembrar una duda dolorosa en su corazón.
¿Y si realmente estaba destinada a perderlo?
Esa noche escribió una carta.
No sabía si algún día se la entregaría.
Mateo:
No sé qué va a pasar con nosotros. Tengo miedo. Pero quiero que recuerdes algo: nunca me arrepentiré de haberte conocido.
Si algún día estamos lejos, recuerda aquella tarde bajo la lluvia.
Recuerda que te prometí que no te olvidaría.
Y recuerda que tú también me lo prometiste.
Guardó la carta dentro de un libro.
No sabía que años después volvería a encontrarla.
No sabía que aquellas palabras se convertirían en una de las pocas cosas que demostrarían que su historia había sido real.
Y tampoco sabía que muy pronto tendría que tomar una decisión que cambiaría para siempre su vida.
La lluvia de aquella tarde había sido hermosa.
Pero sin que ellos lo supieran, también había sido el comienzo de su despedida.