El destino comete errores, y unir al Alfa de la manada con una simple humana es el más grande de todos. Mientras la manada exige una líder fuerte para la guerra y Alexander intenta marcarme como suya, yo me niego a ser el trofeo de un rey lobo. No tengo garras, no tengo instinto y no voy a pedir perdón por ser débil ante sus ojos. Soy humana, no una Luna. Pero para conservar mi libertad, primero tendré que sobrevivir a la pasión destructiva de un Alfa que no piensa dejarme ir.
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Capítulo XX Un sentimiento que sigue creciendo
Punto de vista de Amelia
El sol ni siquiera había terminado de colorear las laderas del pueblo cuando Alexander ya se encontraba en la entrada de la casa de los hermanos. Sin embargo, no venía solo. Junto a él estaba Marcus, su Beta, quien mantenía una expresión sombría y extraña en el rostro.
Al cruzar miradas con Alexander, un calor sofocante me subió de golpe desde el pecho hasta instalarse en mis mejillas. El recuerdo del sueño tan explícito y apasionado que había tenido con él la noche anterior volvió a mi mente como una ráfaga que fui incapaz de controlar.
—¿Quién llegó tan temprano? —preguntó Elena, corriendo hacia la puerta hasta quedar a mi lado—. Alfa —saludó inclinando levemente la cabeza con respeto—. Beta... —añadió al notar a Marcus, pero esta vez su voz se quebró de manera imperceptible.
—Buenos días, Elena —respondió Marcus. En sus ojos amarillos se reflejaba una mirada cargada de tristeza, una emoción que no encajaba con la postura rígida de un Beta.
—Estoy lista para irnos —comentó Elena, acomodándose el bolso en la mano y dirigiéndose a mí.
—Hoy te llevará Marcus, Elena. Amelia y yo tenemos un asunto pendiente que atender primero —intervino Alexander con un tono claro de orden.
Elena simplemente asintió en silencio, pero en ese preciso instante apareció Camilo desde la cocina, mostrándose notoriamente descontento con la disposición del Alfa.
—Alfa, Beta... Disculpen que intervenga —dijo Camilo poniéndose sutilmente frente a su hermana—, pero yo puedo llevar a Elena a la clínica sin problemas y luego marcharme a patrullar la frontera del lado este.
—No es necesario. Yo la llevaré. Ve y cumple con tu función —gruñó Marcus, apretando la mandíbula y visiblemente molesto por la intromisión.
—Gracias por ofrecerte, Camilo —intervino Alexander para suavizar el tono—, pero te necesito en la cerca este cuanto antes. No te preocupes por tu hermana; Marcus tiene órdenes estrictas de protegerla con su propia vida si es necesario.
La tensión que se respiraba entre los hermanos omegas y el Beta de la manada era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Era evidente que algo grave había pasado entre Marcus y Elena en el pasado, y yo no tenía la menor idea de qué se trataba.
Observé el rostro angustiado de mi amiga e intervine antes de que la situación se volviera insostenible.
—Si Elena no se siente cómoda yendo con Marcus, sugiero que Camilo la lleve a la clínica y que Marcus reemplace a Camilo en la cerca este por un par de horas —dije, mirando fijamente a Alexander.
—Está bien. Las cosas se harán tal como tú digas —ordenó Alexander sin pestañear, aceptando mi sugerencia de inmediato frente a todos.
El rostro de Elena se iluminó al instante, y eso era todo lo que me importaba por ahora. Ya habría tiempo después para preguntarle a solas qué historia ocultaba con el Beta.
—Gracias, mi... amiga. Nos vemos en la clínica —dijo Elena, frenándose a milímetros de revelar nuestro secreto sobre la Luna antes de dar media vuelta.
Quien no se veía para nada complacido era Marcus; sin embargo, no se atrevió a refutar la decisión de su Alfa y simplemente acató la orden en silencio, marchándose a toda prisa.
Al cabo de unos minutos, Alexander y yo quedamos completamente solos en la casa de los omegas.
—Y bien... vayamos con la anciana Moira —comenté, tratando de disimular los nervios que me carcomían las entrañas.
—Aún es temprano —murmuró él, dando un paso hacia mí con la mirada encendida en un dorado cálido—. Vine antes porque necesitaba estar a solas contigo. Moría por verte, Amelia... ya no soporto pasar las noches lejos de ti.
La urgencia de unir nuestros labios fue tan arrolladora que poco nos importó que alguien pudiera vernos desde las ventanas. Nos entregamos a ese beso con el alma entera, devorándonos con una sed desesperada.
—Cada día esto que siento por ti crece más y más... —dije entre jadeos cuando nuestras bocas se separaron apenas un centímetro—. Solo quiero estar a tu lado.
—Debemos parar ahora mismo antes de que pierda el control por completo —susurró Alexander contra mis labios, con la respiración agitada.
Se alejó de mí con evidente dificultad, conteniéndose a duras penas para no terminar haciendo realidad en el porche exactamente lo mismo que yo había soñado horas atrás.
Poco después, emprendimos el camino hacia el templo ancestral. La caminata estuvo envuelta en un silencio cargado de expectación. Al llegar a la enorme estructura de piedra mística rodeada de enredaderas, me detuve frente a la escalinata. Esta vez debía entrar completamente sola. Era un asunto únicamente entre la anciana Moira y yo.
aunque los lobos una vez encuentran a su pareja son fieles inclusive mueren con ellas
Alexander solo te está protegiendo y el te ha reconocido como su pareja su mate su luna su destinada ,eres tu quien lo desprecia en vez de usar tu inteligencia y asimilar todo esto