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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17 El tercer mes: tarde de cine y comida

Habían pasado exactos noventa días desde aquel día en que Cristian le pidió que fuera su novia.

Ya habían celebrado el primer mes con la sorpresa en el colegio, el segundo con la salida a helados y Cony Spak, donde él le regaló esa pulsera fina de oro que ella ya llevaba siempre en la muñeca.

Ahora, para cumplir el tercer mes, Cristian tenía preparado un plan diferente: una tarde tranquila, divertida y solo para ellos, con el permiso y la confianza de ambas familias.

El invierno ya iba terminando en Santiago.

Las mañanas seguían frescas, pero por la tarde el sol se asomaba más tiempo, calentando las calles de La Reina y dejando el aire más suave.

Cristian pasó a buscarla a su casa después del almuerzo, acompañado del chofer, como siempre hacían para que todo fuera seguro.

—Hoy vamos a dos lugares —le dijo con una sonrisa en cuanto la vio—.

Primero al cine, y después a comer algo rico en un lugar que conozco.

¿Te parece bien?

—¡Me encanta!

—respondió Eluney, con los ojos brillantes de ilusión—.

Hace tiempo que no vamos al cine juntos.

Subieron al auto y en pocos minutos llegaron a un cine del centro, amplio y muy concurrido por familias y jóvenes.

Cristian ya había comprado las entradas con anticipación, para no hacer fila.

La película que eligieron era una historia de amistad y aventuras, suave, sin escenas fuertes, perfecta para pasar un buen rato sin complicaciones.

Entraron a la sala cuando las luces empezaron a apagarse.

Se sentaron en un lugar cómodo, en la mitad de la fila.

Mientras en la pantalla empezaban a salir los primeros cuadros, Cristian le tomó la mano con suavidad, entrelazando sus dedos con los de ella.

No hacía falta decir nada; ese gesto solo significaba que estaba ahí, cerca, atento a ella.

Durante la película, de vez en cuando se miraban y sonreían, compartiendo los momentos de risa o de tensión con una simple mirada.

Eluney sentía en su muñeca el tacto frío pero familiar de la pulsera , el recuerdo del mes anterior, y pensaba en lo rápido que pasaba el tiempo, pero también en lo firme que se sentía todo.

Cuando terminó la función, salieron de la sala con las luces encendidas, comentando lo que más les había gustado.

—Me gustó mucho cómo terminó —decía Eluney—.

Aunque a veces me daba un poco de miedo cuando se metían en el bosque.

—Yo te tenía apretada la mano.

¿Verdad?

—respondió Cristian riendo—.

Para que no te sintieras sola.

De ahí caminaron unas pocas cuadras hasta un pequeño restaurante acogedor, con mesas de madera, manteles limpios y un olor delicioso a comida casera que se sentía desde la puerta.

Se sentaron junto a una ventana, desde donde se veía la gente caminando por la calle.

—Pide lo que más te guste —le dijo él, entregándole la carta—.

Hoy invito yo.

Eligieron platos sencillos pero sabrosos: Eluney pidió un pastel de choclo, uno de sus favoritos, y Cristian optó por un lomo a la plancha con puré.

Mientras esperaban que les sirvieran, hablaban de todo un poco: de cómo les iba en el colegio, de los exámenes que se acercaban, de las travesuras de Antonella y de las preguntas que Anahís hacía cada día.

—¿Te das cuenta?

—le dijo Cristian en un momento más tranquilo, mirándola a los ojos—.

Ya llevamos tres meses.

Parece poco tiempo, pero siento que te conozco de siempre.

Cada día me doy cuenta de que esto es lo que quiero.

—Yo siento exactamente lo mismo —respondió ella, apretando su mano sobre la mesa—.

Antes me preocupaba si todo seguiría igual, pero ahora veo que no cambia para mal.

Al contrario, cada día me siento más tranquila, más querida.

—Y recuerda —agregó él con una sonrisa—: esto es solo el principio.

Todavía nos faltan nueve meses para cumplir el año, y mucho más tiempo después.

No hay prisa, no hay nada que nos apure.

Solo tenemos que seguir caminando así, despacio, con respeto y cariño.

Comieron con calma, charlando sin prisas, disfrutando de la comida y de la compañía mutua.

Cuando terminaron, pidieron un postre pequeño para compartir: un flan con caramelo, que comieron en la misma fuente, pasándose la cuchara con complicidad.

De regreso a casa, en el auto, iban callados pero contentos, con la mente llena de imágenes de la película y de las palabras que se habían dicho.

Al llegar a la puerta de su casa, Cristian se despidió de ella con un beso suave, como siempre hacía.

—Gracias por esta tarde —le dijo—.

Ha sido perfecta.

—Gracias a ti —respondió ella—.

Me encantó todo.

Esa noche, antes de dormir, Eluney se miró la pulsera a la luz de la lámpara, y sonrió.

Sabía que aún faltaban muchos meses, muchas estaciones, muchas historias por vivir.

Por ahora, todo era paz, alegría y la certeza de que su amor crecía firme, día tras día.

 

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