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Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Renací para Coronar al Príncipe que Todos Dieron por Muerto

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Multi-reencarnación / Amor tras matrimonio / Época / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:92k
Nilai: 5
nombre de autor: Liora Valcendra

Morí anciana, después de gobernar el reino cincuenta años como reina regente: la mujer más poderosa que ha visto esta corte. Y desperté de golpe con dieciséis, el día en que el rey lee el decreto de mi boda.
Lo recuerdo todo. En mi vida pasada tomé a un sexto príncipe sin nombre ni futuro y, con mis propias manos, lo convertí en rey. Me pagó con la traición. Así que lo enterré y goberné en su lugar medio siglo.
Mi hermana Rosalía también renació. Y cree que el secreto de mi poder fue el hombre. Por eso corre a arrodillarse ante el rey para quedárselo.
Pobre tonta. Nunca entendió nada. Al trono no lo hizo el príncipe. Lo hice yo.
A mí me casan con Adrián, el cuarto príncipe: el favorito del rey, envenenado en secreto por la reina, agonizando mientras toda la corte espera la noticia de su muerte. Me miran con lástima, como si me mandaran a un entierro.
No saben que acaban de entregar al príncipe moribundo a la única persona capaz de salvarlo. Sé de medicina. Sé de venenos. Y esta vez no pienso levantar a un traidor: voy a coronar al hombre que todos dieron por muerto.
Quédate con tu príncipe, hermana. Yo hago reyes.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16 — ¿Sueño premonitorio? ¿Sueño absurdo?

Maldita Isabela. Si quiere morir, que busque una soga y se cuelgue; ¿por qué tiene que arrastrar consigo a la casa Montenegro?

—Le pido perdón, señor. —Damián hace una reverencia profunda, con un tono de lo más sincero—. En principio, yo no debería meterme en los asuntos de mi hermano el príncipe Adrián. Pero mi cuñada es hija suya, y ha desobedecido un decreto de la reina. A ojos de la reina, eso significará que en esta casa no se sabe educar a las hijas… o, peor aún, que el señor marqués, con el ejército en la mano, se cree por encima de la corona. Y eso, para la casa Montenegro, sería mortal.

El marqués Bernardo frunce las cejas y guarda silencio.

Damián insiste:

—Mi hermano está postrado en cama; puede que el rey no los castigue. Pero, sembrada la semilla del recelo en el corazón del rey, el que acabará pagando las consecuencias será solo la casa Montenegro. Ruego al señor marqués que actúe a tiempo.

—El príncipe tiene razón, padre. Yo pienso lo mismo. —Rosalía baja los ojos, con un gesto de inquietud—. Aunque el rey creyera que mi hermana desobedeció solo por atender al príncipe Adrián, eso no borraría el disgusto de la reina. Ella y yo somos hermanas: lo que sube a una sube a las dos, lo que hunde a una hunde a las dos. El rencor que la reina le tenga a mi hermana acabará, tarde o temprano, cayendo sobre mí. Padre, madre, ¿qué hacemos?

Ofelia mira a su marido, ceñuda.

—Marqués, dime, ¿qué hacemos?

El marqués, en el asiento principal, aprieta la mano en torno a la taza de té. Tarda un buen rato en hablar.

—Luego iré a palacio. Le expondré el asunto al rey con claridad y me presentaré por propia voluntad a pedir disculpas. Es una manera de mostrar de antemano mi postura, de que el rey vea que no hay en mí ninguna intención de deslealtad.

—¿Y con Isabela qué? ¿La dejamos hacer y deshacer? —salta Ofelia, disgustada—. Esta vez el marqués puede ir a explicárselo al rey. ¿Y la próxima? ¿Y la de después? Si va a desobedecer decretos toda la vida, ¿piensa el marqués ir cada vez a dar explicaciones al rey?

El marqués calla un momento y luego ordena, girando la cabeza:

—Que alguien lleve recado al palacio del príncipe Adrián. Que la hija mayor vuelva a casa antes del almuerzo.

—Sí, señor. —Un criado recibe la orden y se marcha.

—Yo lo dije desde el principio: Isabela lleva la rebeldía en los huesos. El marqués no quiso creerme. —Ofelia habla con frialdad—. De haberlo sabido, aquel año jamás la habría traído a esta casa.

—¿Para qué sacar siempre lo de entonces? —El marqués frunce el ceño—. Si Isabela ha faltado de verdad por estar cuidando del príncipe, tiene una excusa razonable.

—Pero la reina está muy enojada. —Rosalía agacha la cabeza; los ojos se le enrojecen sin querer, y baja la voz—. Ayer, cuando entré en palacio, la reina me preguntó si mis criadas sabían pelear… Padre, las dos doncellas que se llevó mi hermana están entrenadas en armas. Las amas del palacio del príncipe Adrián salieron malparadas en sus manos. La noticia llegó a palacio y la reina se puso furiosa. Yo estaba tan asustada que casi no me atrevía a hablar…

—¿Que saben pelear? —Ofelia palidece de golpe, incrédula, y se vuelve hacia el marqués—. Eso… eso es imposible. Marqués, ¿qué historia es esta?

El marqués reflexiona.

—¿No serán doncellas del propio palacio del príncipe?

—¿De verdad no sabe nada, padre? —Rosalía levanta la cabeza y lo mira, perdida—. El palacio del príncipe Adrián está plagado de ojos de la reina. ¿Quién iba a atreverse a ayudar a mi hermana a plantar cara a las amas de mando?

El marqués se ensombrece. Por dentro le da la razón a Rosalía.

Isabela no es más que su hija adoptiva; la mayor parte del tiempo ni siquiera cruzaba el portón de la casa. Como Ofelia se volcó en criar a su hija de sangre, Isabela apenas fue a un puñado de banquetes. ¿De dónde iba a sacar ella doncellas entrenadas en armas? El marqués tiene el ejército en la mano y los guardias de la casa están escogidos uno a uno; si hubiera junto a Isabela mujeres de semejante temple, es imposible que nadie lo hubiera notado hasta ahora.

No le encuentra explicación. Solo dice, con voz grave:

—Cuando vuelva Isabela, se lo preguntaré yo mismo, y a fondo.

Ofelia sigue de mal humor.

—Marqués, hable de asuntos serios con el príncipe Damián. Yo me llevo a Rosalía dentro, a charlar un rato.

Damián acompaña a la marquesa hasta la puerta con toda cortesía.

—Vaya con cuidado, señora.

—El príncipe no necesita andarse con tanto protocolo. —El marqués habla con desgana—. Siéntate. Charlemos, suegro y yerno.

—Sí. —Damián avanza hasta el centro de la sala y se sienta, como quien no cabe en sí del honor—. ¿De qué querría hablar el señor marqués?

El marqués lo observa en esa actitud y algo se le oscurece en la mirada. Con el gesto de beber té disimula un destello de desprecio que le cruza los ojos.

¿Sueño premonitorio? Un pusilánime así, que dice a todo que sí, ¿de veras va a llegar a sentarse en ese trono tan alto?

Más bien parece un sueño absurdo.

—Rosalía, ¿te hizo pagar algo la reina, cuando entraste en palacio? —Apenas cruza la puerta de la sala, Ofelia se pone a revisar a su hija de arriba abajo por si tiene alguna herida—. ¿Te maltrató la reina?

Rosalía esboza una sonrisa forzada.

—Madre, estoy bien, no te preocupes.

Ofelia sigue intranquila.

—¿De verdad no te pasó nada?

Rosalía asiente.

—Ayer se lo expliqué a la reina. Le dije que Isabela está descontenta con el decreto que la casaba con el príncipe Adrián, y que por eso cometió esa insolencia a propósito: quería que el rey y la reina creyeran que en la casa Montenegro no saben educar a las hijas, y descargaran su enojo contra la casa. La reina ya conoce la verdad; de ahora en adelante apuntará solo contra el príncipe Adrián y contra Isabela, y no debería tomarla conmigo.

Ofelia, entre la pena y la rabia, murmura:

—El segundo día de casada, y ya con semejante disgusto encima. ¡Esa Isabela es un ave de mal agüero!

—No te agobies tanto, madre. —Rosalía sonríe—. Al que quiere estar por encima de los demás, primero le toca sufrir. Estas molestias no son nada.

Comparadas con lo que padeció en su vida pasada, no son nada, se dice para sus adentros.

—Pero es que el príncipe Damián no me parece hombre de mucho porvenir. —Ofelia suspira, preocupada—. Rosalía, ese sueño premonitorio tuyo, ¿es de fiar?

Rosalía se cuelga de su brazo.

—Tranquila, madre. Es de fiar, seguro.

Ofelia, al verla tan segura, no puede sino suspirar y creerle, al menos por ahora.

Rosalía cambia enseguida de tema y se pone a contar lo tierno y atento que es Damián con ella, cómo la trata como a un tesoro en la palma de la mano. Nunca vivió algo así en su otra vida, tan corta. Al verla tan feliz, Ofelia se traga su descontento con esta boda y le sigue la conversación por terrenos alegres.

Hasta que llega el mediodía. El almuerzo de la casa Montenegro está por completo dispuesto, y de Isabela sigue sin haber rastro.

El marqués tiene el rostro sombrío como el agua estancada; el disgusto se le nota ya sin disimulo.

—Ya se ve que casarse con el hijo predilecto del rey da muchos aires —dice Ofelia, gélida—. Ni mandándola llamar el propio marqués se digna venir esta hija tan encumbrada.

—No hace falta esperarla —zanja el marqués—. Empecemos a comer.

—Padre, esperemos un poco más. —Rosalía tercia, comprensiva—. A lo mejor mi hermana no ha podido escaparse, o tiene que cambiarse de ropa antes de venir; es normal que se retrase…

—¡Señor! ¡Señora! —El criado enviado con el recado llega a toda prisa y se inclina—. Acababa de llegar a las puertas del palacio del príncipe Adrián cuando oí el pregón del heraldo. El rey y la reina han salido de palacio; el cortejo se dirige hacia allí.

Al oírlo, al marqués se le tensa el semblante.

—¿El rey y la reina, juntos?

—Sí. El heraldo gritaba: "¡Llega el rey! ¡Llega la reina!".

Ofelia no entiende nada.

—¿Cómo va a presentarse el rey de improviso en el palacio del príncipe Adrián?

Rosalía aventura:

—¿No será que la reina, dolida con mi hermana, y como no puede salir de palacio por su cuenta, ha pedido al rey que la acompañe, para, con la excusa de visitar al príncipe Adrián, pedirle cuentas a Isabela?

El marqués, la cara fría, se levanta de pronto y echa a andar hacia la salida.

—Voy a ver al rey. Coman ustedes.

—¡Marqués! ¡Marqués!

El marqués se aleja sin volver la cabeza y desaparece en un momento de la vista de los tres.

1
Rose M
Felicidades!!
Olga Perez
así son muchos papás es que lo sabía , pero no podía hacer nada . se hacen güeros.
Olga Perez
nunca falta un roto para un descocido
Olga Perez
el mejor consejo jajaja jajaja jajajaja jajajaja
Maria Cantillo
Aquí comienza el ascenso de un joven moribundo y ojalá tengan poder para meterla presa y hacer justicia
Maria Cantillo
bueno excelente actitud para comenzar está novela aquí vamos por la vida de un futuro 👑
Pao
Excelente historia, 100% recomendada te mantiene entretenida de principio a fin, me encanto 😍
Pao
Hermosa historia no han regalado 😍
Pao
Ya lo sospechaba es ella Isabela😭
Pao
Lo que faltaba, recordo su primera vida en la que fue el rey y esposa de isabela
Pao
Esta princesa es la mera bestia 🤭 es la manda
Juany Barrientos
sospecho que Isabel es una princesa de Solterra
marb
está si es una mujer empodera carajo, la versión 2.0😂😈
marb
madre mía, q mujer, aquí estoy aprendiendo el arte de la guerra 😂🔱
marb
q miedo me da está mujer 😂
menos mal q no estoy en su lista negra 😂😂
Clotilde Diaz Chavez
Excelente historia de época, gŕacias escritora..!! Me gustó mucho los personajes de Isabela y Adrian.
Elba Lucia Gomez
linda y juguetona sta historia felicidades escritora🌟👏
Arely Vazquez
excelente novela!!!!
ampliamente recomendada
una verdaera joya!!!!👌🏻
Arely Vazquez
wey!!!! que emoción!!!!!!
no es la adoptada!! es la Reyna!!!!!
Meeseeks ✧
Él sabe, yo sé, tu sabes, todos sabemos jajaja
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