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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 18

​El amanecer en "El Renacer" nació con una luz cruda, sin la calidez de los días anteriores. Catrina se despertó con el peso del miedo en el pecho. La presencia de Lola y la vulnerabilidad que había sentido al reconocer sus propios celos la habían aterrado más que cualquier amenaza de muerte. Para ella, sentir era perder el equilibrio, y perder el equilibrio en el llano significaba morir.

​Antes de que el sol terminara de subir, Catrina ya se había puesto su armadura. Se ajustó el cinturón con fuerza, se caló el sombrero hasta casi tapar sus ojos y salió a los corrales con un aura de hielo que hacía que los peones bajaran la mirada antes de que ella siquiera hablara. Necesitaba que Máximo la odiara. Necesitaba que él viera a la "Jefa" que el pueblo temía, para que así decidiera irse con Lola y le devolviera a ella la seguridad de su soledad.

​El Sacrificio de la Piedad

​Máximo salió al patio, todavía con la esperanza del pacto de la noche anterior en los ojos. Sin embargo, se detuvo en seco al ver la escena.

​Jacinto, uno de los peones más jóvenes y leales, estaba de pie frente a Catrina. El muchacho había cometido un error menor: había dejado una puerta mal cerrada y una de las novillas se había lastimado levemente una pata. En cualquier otro día, Catrina habría dado un regaño firme y seguido adelante. Pero hoy, Jacinto era el instrumento de su máscara.

​—¿Eres estúpido o simplemente te gusta tirar mi dinero al barro? —la voz de Catrina cortó el aire como un látigo de cuero húmedo.

​—Patrona, fue un descuido, el animal está bien... —balbuceó el muchacho, temblando.

​—¡No me importa cómo esté el animal! —gritó ella, acercándose tanto que Jacinto tuvo que retroceder—. Te pago para que uses las manos, no para que sueñes despierto. Estás despedido. Recoge tus cosas y lárgate de mi vista antes de que te cobre la curación de la novilla con tu propio sueldo.

​Máximo intervino, horrorizado por la desproporción del castigo. —Catrina, espera. Fue un error accidental. El chico ha trabajado doble turno por el riego...

​Catrina se giró hacia Máximo. Sus ojos eran dos pozos de odio prefabricado, tan fríos que Máximo sintió un escalofrío físico.

​—¿Y quién te dio permiso para hablar en mi corral, "Don Máximo"? —escupió ella, recalcando el título con un veneno puro—. Te dejé jugar a ser el ingeniero y el abogado, pero no te confundas. Aquí no eres más que un invitado que se queda por caridad. Si te molesta cómo manejo a mi gente, ahí tienes el coche rojo esperándote. Llévate a tu muñeca y vete a llorar a la ciudad. Aquí no queremos debilidad.

​Jacinto bajó la cabeza y se alejó, humillado frente a todos sus compañeros. Máximo se quedó allí, petrificado, viendo cómo la mujer que le había confesado sus miedos bajo la luna ahora lo trataba como a un extraño despreciable.

​El Escudo Roto

​Durante todo el día, Catrina fue una tirana. Criticó el trabajo del riego, ignoró las sugerencias técnicas de Máximo y lo trató con una frialdad administrativa que dolía más que un insulto. Lola, observando desde el porche con una sonrisa triunfal, se acercaba a Máximo a cada momento para susurrarle: "¿Ves? Esta es la verdadera mujer de este lugar. Una salvaje. Vámonos de aquí, esto no es para ti".

​Pero Máximo no se fue. Observó cada gesto de Catrina: la forma en que sus manos temblaban imperceptiblemente cuando ajustaba la cincha, la rigidez antinatural de sus hombros, y cómo evitaba mirar a los ojos a cualquiera. No era crueldad lo que veía; era pánico.

​Al caer la tarde, Máximo la encontró en el despacho. Ella estaba sentada en las sombras, sin encender la lámpara, con una botella de aguardiente a medio terminar.

​—Lola está haciendo las maletas —dijo él desde la puerta—. Dice que nos vamos en una hora.

​Catrina no levantó la vista. —Buen viaje. Dile a tu abuelo que mande a alguien más competente para cerrar los contratos legales. No quiero volver a verte.

​Máximo entró y cerró la puerta con llave. El sonido del cerrojo hizo que Catrina se tensara, pero no se movió. Él caminó hasta el escritorio y se apoyó en él, obligándola a notar su presencia.

​—Es una buena máscara, Catrina —dijo él en un tono suave, casi compasivo—. Casi me convences. La humillación de Jacinto, los gritos de esta mañana... ha sido una actuación digna de un Oscar.

​—No es una actuación —gruñó ella, agarrando el vaso con fuerza—. Soy esto. Soy la mujer que te desprecian. Vete de una vez.

​—No me voy a ir —Máximo rodeó el escritorio y se arrodilló frente a ella, obligándola a bajar la vista—. Porque sé por qué lo haces. Tienes miedo de que Lola tenga razón. Tienes miedo de que si me quedo, termines necesitándome. Y prefieres ser odiada a ser vulnerable. Pero te equivocas en algo, Jefa.

​Él le tomó las manos. Estaban heladas.

​—Esa crueldad no es tuya. Es solo un escudo que te pones para que nadie vea que el beso del otro día te cambió tanto como a mí. Puedes despedir a todo el pueblo si quieres, puedes insultarme hasta que te quedes sin voz, pero yo no soy Jacinto. Yo sé quién vive detrás de esa máscara.

​La Rendición del Hielo

​Catrina intentó soltarse, pero sus fuerzas la abandonaron. La máscara de hielo empezó a agrietarse, dejando escapar un sollozo ahogado que intentó convertir en un gruñido.

​—¡Vete! —suplicó ella, y esta vez la palabra no fue una orden, sino un ruego—. Si te quedas, me voy a romper. No sé cómo manejar esto, Máximo. Elías, la tierra, las muertes... puedo con todo eso. Pero no puedo contigo. Me haces débil.

​—No te hago débil, te hago humana —respondió él, acercando su frente a la de ella—. Y eso es lo que más te aterra.

​Afuera, se escuchó el claxon del descapotable rojo. Lola estaba lista para partir. Máximo se puso de pie, pero no se dirigió a la puerta. Caminó hacia la ventana, la abrió y gritó hacia el patio:

​—¡Lola! ¡Vete tú! ¡Dile a mi abuelo que mi lugar está aquí, limpiando el barro y cuidando lo que es mío!

​El silencio que siguió en el patio fue absoluto, solo roto por el rugido del motor de Lola al alejarse furiosa por el camino de tierra.

​Máximo se giró hacia Catrina. Ella lo miraba con una mezcla de asombro y terror puro. El escudo había caído. Ya no había máscaras de crueldad, ni desprecio fingido. Solo quedaban ellos dos, en la penumbra de un despacho que había sido testigo de su guerra y que ahora lo sería de su entrega.

​—Jacinto vuelve mañana —dijo Máximo con autoridad—. Y tú vas a pedirle disculpas. No porque seas débil, sino porque una verdadera Jefa sabe cuándo su escudo ha herido a los suyos por error.

​Catrina bajó la cabeza, dejando que las lágrimas cayeran finalmente sobre sus manos vendadas. Máximo la rodeó con los brazos y, por primera vez, ella no luchó. Se hundió en su pecho, permitiéndose ser protegida, entendiendo que el mayor acto de valentía no era empuñar un arma, sino dejar que alguien viera las cicatrices que el arma no podía ocultar. La máscara de crueldad se había roto para siempre, y en su lugar, nacía una alianza que Don Elías nunca lograría comprender.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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