Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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El enemigo dentro del palacio
El amanecer llegó lentamente sobre el Palacio Negro.
Los primeros rayos del sol se colaban por las ventanas del dormitorio.
Arion seguía sentado junto a la cama.
No había dormido demasiado.
Había permanecido despierto gran parte de la noche pensando en las noticias, la profecía y el responsable que intentaba destruir la paz de Alisa.
La joven abrió lentamente los ojos.
Al verlo allí, sonrió con dulzura.
Tomó una de sus manos.
—Arion...
Él levantó la mirada.
—¿Dormiste bien?
Ella negó suavemente.
—La pregunta debería hacértela yo.
Te ves agotado.
El Archiduque intentó restarle importancia.
—Estoy bien.
Alisa llevó ambas manos hasta su rostro.
Lo obligó a mirarla.
—No.
No lo estás.
Has pasado demasiados días resolviendo problemas, trabajando hasta la madrugada y preocupándote por mí.
Así que...
Hoy es una orden de tu futura esposa.
Arion arqueó una ceja.
—¿Una orden?
Ella sonrió divertida.
—Descansa.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Y si no quiero?
Alisa cruzó los brazos.
—Entonces me enojaré.
El dragón más temido del Imperio permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente levantó ambas manos en señal de rendición.
—Está bien...
Ganaste.
—Mucho mejor.
Ella besó suavemente su mejilla antes de abandonar la habitación.
—Cuando despierte, quiero ver al Archiduque descansado.
Arion la observó alejarse con una sonrisa.
—Sí...
Mi futura esposa.
Aprovechando que Arion dormiría unas horas, Alisa decidió visitar la residencia Beaumont.
Su padre la recibió con un fuerte abrazo.
—¡Mi niña!
Ella sonrió.
—¿Cómo sigue el negocio?
Harold suspiró.
—Mucho mejor gracias a la ayuda del Archiduque.
Pero...
Creo que encontré algo interesante.
Aquellas palabras llamaron inmediatamente la atención de Alisa.
Entraron al despacho.
Sobre la mesa había varios mapas, registros de carga y documentos comerciales.
Harold señaló uno de ellos.
—El barco no sufrió un accidente.
Alguien manipuló la ruta antes de salir del puerto.
Alisa frunció el ceño.
—¿Encontraste pruebas?
—No suficientes.
Pero varios marineros desaparecieron después del incidente.
Y uno de ellos había recibido una gran cantidad de dinero pocos días antes.
Alisa permaneció pensativa.
—Entonces...
No fue casualidad.
Harold asintió.
—Alguien quería arruinarnos.
La joven respiró profundamente.
—Déjame ayudarte.
El barón sonrió orgulloso.
—Sabía que lo dirías.
Durante toda la tarde trabajaron revisando cuentas, contratos y listas de comerciantes.
El tiempo pasó tan deprisa que ninguno notó cómo el sol comenzaba a ocultarse.
Mientras tanto...
En el Palacio Negro...
Arion despertó.
Lo primero que hizo fue buscar a Alisa.
—¿Dónde está Lady Alisa?
Preguntó al mayordomo.
—Salió esta mañana, mi señor.
—¿Con quién?
—Con su padre.
Arion asintió.
Al principio no le dio importancia.
Pasó una hora.
Luego dos.
Después tres.
Cuando cayó la noche...
Comenzó a caminar de un lado a otro por el salón.
El mayordomo tragó saliva.
Conocía demasiado bien aquella expresión.
El dragón estaba intentando mantener la calma.
Pero cada minuto que pasaba...
Le resultaba más difícil.
—¿Aún no regresa?
—No, mi señor.
Arion cerró los ojos.
Respiró profundamente.
"No seas irracional."
"Está con su padre."
"Está bien."
Intentó convencerse.
Pero su pecho se tensaba cada vez más.
El vínculo le decía que Alisa estaba tranquila.
Su mente, en cambio...
Le mostraba cientos de posibilidades.
Cuando finalmente escuchó el carruaje entrar al palacio, caminó directamente hacia la entrada.
Alisa descendió sonriendo.
—Perdón...
Se me hizo tarde.
Antes de terminar la frase, Arion ya estaba frente a ella.
La abrazó con fuerza.
Tanta...
Que Alisa apenas pudo respirar.
—Arion...
Él ocultó el rostro entre el cabello de la joven.
—No vuelvas a desaparecer todo un día sin avisarme.
Ella sonrió con ternura.
—Solo estaba trabajando con mi padre.
Lo sé.
Pero...
Te extrañé.
Alisa soltó una pequeña risa.
—Eres imposible.
—Probablemente.
Muy lejos de allí...
En el Palacio Imperial...
Una conversación secreta estaba teniendo lugar.
El emperador permanecía frente a una enorme ventana.
Junto a él se encontraba uno de sus ministros más antiguos.
—Ese compromiso debe terminar.
El ministro inclinó la cabeza.
—¿Está completamente seguro, Majestad?
—Si la profecía es cierta...
No permitiré que Arion entregue el futuro del Imperio a una sola mujer.
Necesitamos separarlos.
Aunque sea por la fuerza.
Sin saberlo...
Al otro lado de la puerta...
El príncipe heredero acababa de llegar.
Al escuchar aquellas palabras quedó completamente inmóvil.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
"¿Mi padre...?"
Retrocedió lentamente antes de ser descubierto.
Su corazón latía con fuerza.
Jamás imaginó que el verdadero enemigo de Arion y Alisa...
Se encontraba dentro de su propia familia.
Apretó los puños.
"No..."
"No puedo permitir esto."
Y por primera vez desde que comenzó aquella historia...
El príncipe comprendió que tendría que decidir entre obedecer al emperador...
O proteger a la mujer que amaba, aunque jamás pudiera estar a su lado.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/