La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.
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CAPÍTULO 1
—Feliz cumpleaños, princesa.
Abrí los ojos lentamente y encontré a mis padres sonriendo al pie de mi cama.
La luz de la mañana entraba por las enormes ventanas de mi habitación, iluminando mi cabello castaño dorado claro y cada rincón de la casa.
—¿Ya son las siete?
—murmuré.
—Y hoy no puedes llegar tarde —dijo mi madre mientras me abrazaba—.
Cumples diecisiete años.
Sonreí.
Había esperado ese día durante meses.
Mi padre dejó una pequeña caja azul rey sobre mis piernas.
—Ábrela.
Levanté la tapa y me quedé inmóvil.
Dentro había una llave plateada con el emblema de Aston Martin.
—¿Es una broma?
—Mira por la ventana —dijo él.
Corrí hasta el balcón y sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
Frente a la mansión, junto a la fuente principal, descansaba un Aston Martin azul oscuro que brillaba bajo el cielo de Santiago.
—Es tu primer auto —dijo mi padre detrás de mí—.
Feliz cumpleaños.
Me giré y los abracé con fuerza, mis ojos turquesa brillando emocionados.
—Gracias. Es el mejor regalo del mundo.
—Solo prométeme que conducirás con cuidado —pidió mi madre.
—Lo intentaré.
Después del desayuno, tomé las llaves y salí rumbo a la Academia Valmont.
El suave rugido del motor me acompañó durante todo el camino mientras la ciudad despertaba lentamente.
Cuando el enorme edificio apareció frente a mí, sonreí.
La Academia Valmont era el colegio más exclusivo de Chile.
Sus paredes de cristal reflejaban el cielo, los ascensores panorámicos recorrían cada piso y las escaleras mecánicas nunca dejaban de moverse.
Más que una escuela, parecía un hotel de lujo.
Estacioné el auto y tomé mi mochila.
—¡Amalia!
Sofía apareció corriendo y me abrazó tan fuerte que casi dejó caer mis libros.
—¡Feliz cumpleaños!
¿Ese es tu nuevo auto?
—Sí.
—Amalia, ese auto vale más que toda mi vida.
—No exageres.
—Estoy siendo completamente sincera.
Reímos juntas y entramos al edificio.
El vestíbulo brillaba con lámparas doradas, pisos de mármol y enormes jardines interiores.
Los estudiantes caminaban por todas partes con impecables uniformes azul rey con detalles dorados.
—¿Escuchaste el rumor?
—preguntó Sofía mientras subíamos por las escaleras mecánicas.
—¿Cuál?
—Hoy llega un nuevo becado.
Dicen que es un genio.
—En este colegio todos dicen ser genios.
—No, hablo en serio.
Nos dirigimos al cuarto piso y el ruido de las conversaciones llenó el corredor.
Algunos hablaban de viajes, otros de fiestas y otros de la próxima competencia académica.
Hasta que el pasillo quedó en silencio.
—¿Qué pasa?
—pregunté.
Sofía miró hacia la entrada.
—Creo que llegó.
Levanté la vista y vi a un chico caminar tranquilamente entre la multitud.
Su uniforme azul rey estaba impecable, su cabello era rubio claro y sus ojos verde claro observaban el lugar con una calma inquietante.
Nadie dijo una palabra mientras pasaba.
—Ese es Matías Ferrer —susurró Sofía.
Por un segundo, nuestros ojos se encontraron.
Y sentí un extraño escalofrío.
No parecía impresionado por el lujo de la academia.
Tampoco intentaba llamar la atención. Caminaba como si estuviera acostumbrado a vivir rodeado de silencio.
—Definitivamente te miró —dijo Sofía.
—También miró las ventanas.
—Déjame disfrutar el drama.
Entramos a la sala cuando sonó el timbre.
La profesora llegó acompañada del nuevo estudiante y le indicó un asiento cerca de la ventana.
Durante la clase, intenté concentrarme, pero algo me distraía constantemente.
Cada vez que levantaba la vista, encontraba aquellos ojos verde claro observando el salón con la misma expresión fría e imposible de descifrar.
Era mi cumpleaños número diecisiete.
Tenía el auto de mis sueños, una vida aparentemente perfecta y un futuro cuidadosamente planeado.
Sin embargo, mientras la lluvia comenzaba a golpear las ventanas de la Academia Valmont, una pregunta no dejaba de repetirse en mi cabeza:
¿Por qué sentía que el chico que acababa de llegar estaba a punto de cambiar mi vida para siempre?