Es la 2da parte de la obra" No soy la debilidad de nadie", pero ahora la trama, es el embarazo de Valentina socia y amiga de las gemelas Laura y Lorena Lombardi. En la noche después de la fiesta de la empresa "Angora VS Asociadas", fundadas por las Lombardis y sus amigos Jon Jairon, Karla y Valentina en Moscú, recibio un premio internacional. Al finalizar la fiesta donde Alexander CEO y hermano mayor de las gemelas Lombardi encargado de la seguridad, es provocado por Valentina una mujer ardiente y sin filtros, y tiene un encuentro sexual apasionado, caliente y sin compromiso, donde ambos ponen sus límites. Solo que por el alcohol, la premura y el momento no fueron precavidos lo suficiente y la consecuencia es un Embarazo. Que pasará ahora...
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Prólogo.
Prólogo
Esta es la historia de Valentina, amiga fiel de Laura Lombardi una chica fuerte, como ella misma se define un alma libre que no cree en el amor. Graduada de Administración de Empresa junto a Laura hija de una familia de mafiosos, pero como ella misma dice ama el peligro, el desafío y el sexo apasionado y sin tabúes.
Valentina proviene de una familia de clase media radicada en San Peterburgos, fue criada a partir de los 10 años por su abuela materna una alegre anciana muy consentidora que viviavivíaoscú y que guardo una pequeña fortuna para pagar la Universidad de su única nieta huérfana, cuya madre tras el divorcio, sin estudios, sin empleo y sin solvencia económica, pues siempre dependió de su esposo, esa mujer débil y sumisa, al verse sola envió a su pequeña con su madre a Moscú y se suicidó, porque no quería vivir sin el amor de su vida. Esas fueron palabras que marcaron a Valentina como hierro condente, cuando encontró la carta de despedida de su adorada madre en el cofre de su abuela y la confrontó a los 12 años.
Su padre fue siempre una ausencia en su vida, que solo se dedicó en cuerpo y alma a su nueva familia y prácticamente olvidó a Valentina cuando esta se mudó a San Peterburgos. Ella nunca perdonó su ausencia, ni la muerte de su madre.
La relación entre Valentina, Laura y Lorena era un crisol donde se fundían la lealtad de la sangre, la complicidad del alma y la precisión de una sociedad empresarial perfectamente engrasada. No eran solo amigas ni meras socias; eran un triángulo de hierro forjado en la adversidad, donde cada una ocupaba un rol insustituible. Lorena, la gemela de fuego, era el motor incansable que impulsaba los proyectos de arquitectura más audaces junto a los colombianos Karla y Jon Jairon. Lorena era la voz autoritaria que negociaba con magnates y gobiernos, y el hombro duro donde las otras tres apoyaban sus miedos sin ser juzgadas.
Laura, su contraparte serena pero igualmente feroz, era el pegamento emocional del trío: su intuición para leer a las personas y su capacidad para suavizar las aristas de Lorena convertían cada decisión empresarial en un acto de equilibrio, mientras su ternura oculta las envolvía a todas en un manto de protección silenciosa. Valentina, la más indómita de las cuatros, era el espíritu libre que ninguna atadura lograba domar, pero que había encontrado en las gemelas un puerto seguro donde desplegar su genio creativo para consertar negocios y su lealtad feroz; era la estratega de la innovación, la que veía ángulos que nadie más percibía y la que, con su risa burlona y su cinismo elegante, les recordaba a sus amigas que la vida no era solo premios y protocolos, sino también pasión y riesgo.
Juntas habían sobrevivido a balaceras, quirófanos, traiciones, malas deciciones familiares y noches de insomnio en oficinas iluminadas por la luz azul de los planos; se llamaban a las tres de la mañana para compartir dudas existenciales o para celebrar un contrato firmado con champán robado de la nevera de Dimitri. En los negocios, eran imparables: Lorena lideraba, Laura mediaba y Valentina ejecutaba con una precisión que desarmaba a los competidores más avezados.
En la vida personal, eran el refugio que ninguna de las tres había tenido en su infancia: la hermana que escucha sin juzgar, la cómplice que guarda el secreto más oscuro y la guardiana que, sin dudarlo, empuñaría un arma o pagaría una fortuna para proteger a las otras dos. Su amistad era un pacto tácito, más fuerte que cualquier contrato notariado, y su sociedad empresarial, el reflejo perfecto de que el éxito verdadero no se mide en edificios ni premios, sino en la certeza de que siempre hay alguien dispuesto a sostenerte cuando el mundo se derrumba. Y ahora, con el embarazo de Valentina y la noticia de que Alexander el hermano sobreprotector y controlador de las gemelas, era el padre, ese vínculo se enfrentaba a su prueba más compleja: equilibrar la lealtad a su amiga con los lazos de sangre que las unían al hombre que podría romper el corazón de Valentina o, quizás, redimirlo.