🔞🔞En una ciudad donde las torres de cristal ocultan mafias, corrupción y cuerpos bajo neón, Cassian Cooling intenta vivir lejos de la violencia que marcó su juventud. Arquitecto prodigio de Central City, heredero de una fortuna y dueño de un talento capaz de construir maravillas, lleva años enterrando al monstruo que alguna vez aterrorizó las calles de Cuatro Leguas.
Cuando su mejor amigo queda atrapado en una deuda y la mujer de la que se enamora resulta herida, Cassian descubre que el pasado nunca desapareció. Solo esperó en la oscuridad el momento para volver.
Una guerra criminal comienza a devorar las dos ciudades más peligrosas, Cassian deberá decidir qué parte de sí sobrevivirá: el hombre que construye hospitales… o el que aprendió a destruir mafiosos.
Entre conspiración, mafias, tecnología, romance oscuro y una violencia tan brutal como adictiva, Cenizas y Cristal es una novela noir de ciencia ficción donde el amor puede salvar… o romper lo poco humano que queda dentro de t
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Cap. 5: Parte 4.
Siento como vuelve a nacer… La vieja violencia me sube lentamente por la espalda como fuego. Caliente. Familiar. Horrible. Entonces Lekan habla. Y rompe el momento.
—No le des el gusto, Cassian —ruge, llena de rabia—. Eso es exactamente lo que quiere.
La miro inmediatamente. Ella sostiene mi mirada incluso atada y rodeada de hombres armados.
Gastón suelta una pequeña risa.
—Eres muy inteligente, señorita… Ya veo por qué le gusta cogerte. Te gustan los tipos peligrosos y ricos, ¿no?
Lekan ignora completamente su comentario y sigue observándome directamente.
—Piensa, Cassian.
Piensa… Mierda… Hace años Walter me decía exactamente lo contrario. “Deja de pensar y rompe algo.” Pero Lekan… ella siempre me obliga a regresar. A controlar esa parte de mí que disfruta demasiado del caos para crear… Tomo aire lentamente. Después vuelvo a mirar a Gastón.
—Haré la transferencia.
Walter maldice inmediatamente.
—Mierda… No hagas eso, hermano… —dice, cerrando los ojos.
Lo ignoro… Gastón activa nuevamente el comunicador. Una interfaz bancaria holográfica aparece frente a mí. Introduzco lentamente el acceso biométrico usando el reconocimiento ocular y de voz. Cinco millones de créditos desaparecen de una de mis cuentas privadas. Después, los otros seis desde la cuenta temporal que Walter había preparado.
Once millones… Gastón observa la confirmación, y sonríe completamente satisfecho.
—Qué hermoso es tener amigos ricos —le dice—. Verdad… Walter.
Walter baja la cabeza frustrado. Porque él también ya entendió la verdad. Esto jamás acabará aquí. Gastón guarda lentamente el dispositivo en un maletín y entonces se vuelve hacia sus hombres.
—Suelten al rubio —les dice, alzando la barbilla con total desprecio—. Saquen a esa basura de aquí.
Walter levanta la vista inmediatamente.
—¿Qué? —pregunta, apretando los dientes con ira.
Dos hombres lo levantan brutalmente de la silla y comienzan a arrastrarlo hacia la salida. Walter forcejea.
—¡No pienso irme sin ustedes! —me grita.
—Cállate y camina —gruñe uno de los hombres, golpeándolo en la cara otra vez.
—¡Walter! —grito.
Él vuelve la cabeza hacia mí. Y por un instante volvemos a ser los mismos adolescentes de Cuatro Leguas, cubiertos de sangre entre callejones. Hermano contra hermano. Siempre juntos.
—Saca a Lekan de aquí —le digo.
Walter entiende inmediatamente. Sus ojos grises se endurecen. Asiente apenas. Después deja de resistirse.
Bien…
Gastón observa toda la escena divertido.
—Qué emotivo. El amor fraternal.
La puerta metálica se abre violentamente y Walter desaparece escoltado por varios hombres armados.
Ahora quedamos solo Lekan y yo. Y eso empeora todo. Gastón camina lentamente hacia ella. Demasiado cerca. Mi respiración cambia instantáneamente.
—Aléjate de ella.
Gastón sonríe sin girarse siquiera, solo la ve a ella.
—¿Sabes qué es lo más gracioso, Cassian? —susurra, despacio, sus dedos rozan apenas el respaldo metálico de la silla donde está atada Lekan—. Nunca entendí qué veían las mujeres en ti cuando éramos jóvenes.
Mis cadenas vuelven a tensarse violentamente.
—¡Gastón! —rujo—. Aléjate de ella.
Él finalmente gira el rostro hacia mí.
—Después te vi peleando… Ahí lo entendí… Porque cuando destruyes a alguien… sonríes como si fueras el hombre más feliz del mundo.
Silencio. El cuarto entero parece quedarse quieto. Siento como el cuerpo se me endurece lentamente. Gastón continúa observándome con esa sonrisa torcida. Lekan me mira inmediatamente… Odio que tenga que escuchar esto aquí. Así.
Gastón se acerca lentamente otra vez hasta quedar frente a mí.
—¿Sabes qué pensaba mi padre sobre ti, Cassian?
No respondo. Él ríe apenas.
—Que eras peor que nosotros… —dice sonriendo.
La frase cae pesada dentro del cuarto. Porque parte de mí siempre temió exactamente eso. Gastón se inclina apenas hacia adelante.
—Nosotros hacíamos dinero con la violencia. Tú la disfrutabas gratis, Desquiciado…
El silencio se siente como una herida abierta. Y entonces Lekan habla otra vez. Su voz sale tranquila. Firme.
—Y aun así tú sigues siendo el cobarde escondido detrás de hombres armados —le gruñe, llena de ira.
Todos giran hacia ella. Gastón incluso parece sorprendido. Lekan sostiene su mirada sin retroceder un centímetro.
—Porque alguien como Cassian pelea de frente —continúa—. Tú necesitas cadenas, publico y amenazas.
Mierda… Por un segundo literalmente olvido respirar. Gastón sonríe lentamente. Pero ya no parece divertido. Parece molesto. Muy molesto. Se acerca despacio hacia ella. Y entonces sucede algo extraño… Lekan le sonríe apenas.
—Ahora entiendo por qué te odiaba tanto, Cassian.
Silencio… Gastón se queda quieto. Ella continúa:
—Porque incluso cuando eran niños… él siempre fue mejor que tú. ¿Verdad?
Oh mierda…
Los hombres alrededor reaccionan inmediatamente tensándose. Incluso yo sé que acaba de cruzar una línea peligrosísima. Gastón la observa varios segundos. Después ríe. Pero esa risa ya no tiene humor.
—Definitivamente elegiste a la mujer correcta, Cassian.
Lekan sigue sosteniéndole la mirada. Sin miedo. Sin bajar la cabeza. Y en este momento, atada a una silla y rodeada de mafiosos armados… se ve más peligrosa que todos ellos juntos.
Gastón finalmente suspira y vuelve a girarse hacia mí.
—Tienes un mes, Desquiciado…
Su voz vuelve a sonar fría. Profesional.
—Diez millones más. O empezaré a enviar partes de ellos a tu apartamento en cajas de regalo.
Mis manos se cierran lentamente. Las cadenas crujen otra vez. Gastón sonríe satisfecho al verlo.
—Sabía que todavía seguías ahí dentro, Desquiciado de los Ojos Dorados.
Se aleja y camina a la salida metálica, se detiene nuevamente. Solo un segundo. La luz verde del pasillo recorta parcialmente su silueta mientras los hombres armados esperan detrás de él. Yo continúo colgado de las cadenas observándolo directamente. Mi respiración es pesada. Violenta. Y él lo disfruta… Claro que lo disfruta.
Gastón gira apenas el rostro hacia mí, antes de hablar por última vez.
—Ah… casi lo olvido —su sonrisa regresa lentamente, esa sonrisa arrogante que siempre quise arrancarle a golpes desde que éramos adolescentes—. Los diez millones no los entregarás aquí, en Central City…
Siento inmediatamente como el estómago se me endurece. Gastón se acomoda lentamente el cuello del traje negro.
—Vas a traerlos personalmente a Cuatro Leguas.
Silencio… Lekan también levanta la vista hacia él. Y por la expresión de Gastón, entiendo perfectamente lo que esto significa… No es un intercambio. Es una invitación… No… Una provocación.
Quiere hacerme regresar. A propósito. Porque sabe perfectamente que Cuatro Leguas todavía vive dentro de mí como una enfermedad vieja.
Gastón sonríe un poco más antes de voltearse.
—Será bueno tenerte en casa otra vez, Cassian… —las luces verdes parpadean sobre su rostro—. Espero que vuelvas completamente…
La puerta metálica finalmente se cierra detrás de él con un golpe seco. Y el silencio que queda después resulta mucho peor.
Lekan sigue atada frente a mí. Ninguno habla inmediatamente. Afuera puedo escuchar el sonido lejano de motores voladores alejándose desde el club. Los Gizeh se están marchando. Mi respiración todavía no logra estabilizarse completamente. Porque sigo viendo la cara de Gastón dentro de mi cabeza.
Pasan varios segundos. Tal vez minutos. No estoy seguro. Las luces defectuosas continúan zumbando sobre nuestras cabezas mientras el dolor comienza lentamente a instalarse en mis hombros por el peso de las cadenas.
Y peor aún… sigo sintiendo esa vieja parte de mí despertando cada vez que pienso en él.
Lekan rompe finalmente el silencio.
—¿Estás bien? —me pregunta, con un hilo en la voz.
La veo directamente a sus hermosos ojos verdes… Suelto una pequeña risa amarga. Las cadenas metálicas crujen apenas cuando intento acomodarme.
—Estoy colgado del techo como decoración industrial —le respondo—, así que depende de cómo definamos “bien”.
Ella sonríe apenas… Gracias a Santini por eso… Porque si estuviera asustada ahora mismo… probablemente terminaría rompiendo algo importante dentro de ella. Lekan me observa varios segundos en silencio antes de hablar otra vez.
—Tus ojos siguen brillando distinto —dice suavemente.
Mierda… Desvío la mirada hacia el suelo húmedo.
—No deberías mencionarlo…
—¿Por qué?
Tardo un momento en responder… Porque ni siquiera sé cómo explicarlo correctamente. Finalmente levanto otra vez la vista hacia ella.
—Porque significa que estoy perdiendo el control, Lekan… —respondo al fin.
Las luces verdes parpadean otra vez sobre el cuarto. Lekan permanece callada unos segundos. Después pregunta suavemente:
—¿Y qué pasa cuando lo pierdes completamente…?
Silencio… Largo. Pesado. La pregunta queda suspendida entre nosotros mientras escuchamos el lejano eco de música industrial proveniente del club. —¿Qué pasa?— Cuatro Leguas pasa… Sangre. Huesos rotos. Gente gritando mi nombre con miedo. Yo riéndome mientras golpeaba hombres contra el pavimento hasta que Walter me apartaba.
Mierda… Mi mente se fractura. Cierro los ojos un instante.
—No me gusta quién soy cuando eso ocurre… Solo eso.
Lekan baja apenas la mirada. Obviamente no me cree… Y cuando vuelve a hablar, su voz es más suave.
—Pero sigues intentando contenerlo… Eso es algo muy bueno, Cassian.
La observo directamente. Ella sostiene mi mirada incluso atada a la silla. Y entiendo algo peligroso: Lekan realmente cree en mí. Más de lo que yo mismo lo hago. Eso duele más de lo esperado.
El silencio regresa lentamente mientras el tiempo sigue avanzando. Empiezo a sentir las manos entumecidas por las cadenas. El dolor en los hombros empeora. Lekan también parece incómoda por las ataduras metálicas en sus muñecas.
Intento moverme otra vez. Inútil. Las cadenas están ancladas directamente al techo industrial. Profesional… Muy profesional. —Claro—. Los Gizeh llevan toda la vida haciendo esto.
Lekan observa alrededor lentamente. Salta sobre la silla, intentando girar mas la vista y ver todo el almacén.
—¿Crees que Walter vuelva? —murmura, con un doloroso suspiro—. Espero que al menos siga vivo…
Suelto aire por la nariz, acompañado de una risa llena de arrogancia y seguridad.
—Claro que sigue vivo, Lekan —respondo, intentando calmar su leve temblor—. Ya le caes bien, volverá por ti.
Ella frunce apenas el ceño.
—Eso no suena para nada tranquilizador, Cassian…
—Walter nunca hace nada tranquilizador, Lekan. Solo sigue intentando zafarte.
Aun así… confío en él más que en cualquier persona del mundo. Porque Cuatro Leguas nos convirtió en eso. Hermanos elegidos entre violencia y callejones. Entre cortes y balazos.
La luz principal del cuarto parpadea violentamente unos segundos. Después escuchamos algo… Pasos… Lentos. Irregulares. Lekan gira inmediatamente la cabeza hacia la puerta. Yo también. El mecanismo metálico se desbloquea con un chasquido y un chispazo electrónico.
Y finalmente la puerta se abre… Walter entra tambaleándose. Cubierto de sangre. Empapado por la lluvia. Respirando con dificultad. Parece que lo atropelló un maldito tren. Pero sigue vivo. Por supuesto que sigue vivo.
Walter observa el cuarto apenas un segundo antes de sonreír dolorosamente.
—Vaya… —suelta, entre una tos dolorosa—, ustedes sí saben convertir una cita romántica en una experiencia traumática.
El alivio me golpea tan fuerte que casi me enojo conmigo mismo. Ese humor de mierda… tan propio de él.
—Tardaste demasiado, idiota —le reclamo—. ¡Bájame de esta mierda!
Walter se ríe apenas, inmediatamente se toma las costillas con dolor.
—Sí… bueno… si te interesa… uno de esos bastardos me disparó —sonríe, mostrándome los dientes llenos de sangre.
Lekan se intenta incorporar bruscamente de la silla.
—¡¿Qué?! —grita, llena de preocupación real.
Walter levanta apenas el abrigo ensangrentado. Un disparo de pulso le quemó parte del costado izquierdo. No le atraviesa completamente el cuerpo, pero se ve horriblemente doloroso.
Mierda… Hermano…
—¿Por qué demonios sigues caminando? —gruño.
Walter sonríe cansadamente, mientras se acerca a una mesa llena de herramientas industriales.
—Porque soy increíblemente atractivo —suelta, entre una risa dolorosa—, y demasiado idiota para morir.
Encuentra finalmente una llave magnética, camina directamente a la silla y comienza a liberar las cadenas que sujetan a Lekan. Ella se levanta inmediatamente apenas queda libre.
—Walter, necesitas un hospital —le dice, sujetando su cuerpo herido.
—Necesito una botella de whisky y decisiones cuestionables, preciosa… El hospital puede esperar.
Yo resoplo apenas. Lekan corre inmediatamente hacia mí, mientras Walter camina al muro y libera mis cadenas del techo. Apenas mis brazos quedan libres, el dolor me explota violentamente en ambos hombros.
Caigo de rodillas al suelo metálico. —¡Mierda!— Los músculos me protestan instantáneamente después de tanto tiempo suspendido. El dolor es eléctrico y sordo, baja desde mi cuello por toda mi columna.
Lekan se arrodilla frente a mí inmediatamente. Sus manos recorren mis muñecas heridas por las cadenas, mientras revisa si tengo daños graves. El contacto calma algo dentro de mí al instante. Incluso ahora. Toma mi rostro, de una manera firme y gentil… Y me besa, despacio, calmada. Siento el temblor en sus labios y su respiración. Aun así, no deja que me de cuenta. Puedo sentir como me quiere calmar, sabe que, si la veo bien, yo estaré bien.
—Que lindos… —murmura Walter, cortando el momento—. Yo también quiero uno… Pero de Cassian.
Me aparto de su aliento. Giro la cabeza y lo veo… Walter se deja caer pesadamente contra la pared, respirando con dificultad, sujetando su costado. Aun así, intenta sonreír, viendo a Lekan a los ojos. El cuarto queda en silencio unos segundos. Solo nuestras respiraciones cansadas. Sangre cayendo al suelo. El zumbido eléctrico de las luces.
Finalmente hablo.
—¿Cómo entraste otra vez, hermano? —le pregunto, levantándome.
Camino a él mientras Lekan me ayuda. Walter escupe sangre hacia un rincón.
—Esperé a que despegaran… Los cabrones se largaron hace unos diez minutos en varios vehículos voladores.
Lekan me sigue, revisando mis heridas, sujetando mi mano derecha.
—¿No dejaron gente vigilando? —le pregunta.
Walter sonríe apenas. Esa sonrisa que conozco demasiado bien. La que no veía hace años.
—Sí dejaron… —le responde, su voz sale agria y fría.
Lo miro, y sonrío… Lekan me mira sin entender, y vuelve a ver a Walter. Él se encoge lentamente de hombros, sonriendo con maldad.
—Ya no están vigilando nada, preciosa…
Siento el cuerpo de Lekan tensarse apenas ve su expresión, traga saliva… Después… Silencio… Pesado y espeso, lleno del aroma metálico de la sangre… —Por supuesto—. Walter… sigue siendo Walter.
Camino lentamente mientras el dolor me atraviesa los hombros, siento en el rostro como aun sonrío un poco. Lekan permanece pegada a mí por si pierdo el equilibrio. El gesto me afecta más de lo que debería. Walter nos observa, ahora con una sonrisa cansada.
—Debo admitir algo…
Lo miramos. El rubio suspira mientras limpia la sangre de su boca.
—Creo que esta es oficialmente, la peor noche de nuestras vidas…
Suelto una pequeña risa. Y eso duele también. Porque probablemente… esto solo sea el comienzo… del final del tiempo que presta Cuatro Leguas.