Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Viaje 2
El carruaje avanzaba tranquilamente por uno de los caminos principales que conducían hacia la capital.
Después de su visita a la playa, Grace se sentía extrañamente en paz.
Había aceptado su futuro.
Había aceptado el templo.
Y por primera vez en mucho tiempo no sentía que estuviera luchando contra sí misma.
Por eso, cuando el carruaje se detuvo de golpe, toda aquella tranquilidad desapareció.
Grace levantó la vista inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
No hubo respuesta inmediata.
Escuchó voces afuera.
Caballos.
Pasos.
Y su corazón comenzó a acelerarse.
[¿Bandidos?]
Era una posibilidad.
Los caminos principales eran relativamente seguros.
Pero seguían existiendo delincuentes lo bastante desesperados como para atacar viajeros.
Grace se incorporó rápidamente.
Su magia de luz todavía era limitada, pero podía defenderse un poco si era necesario.
Entonces escuchó una voz.
Una voz familiar.
Demasiado familiar.
Grace se quedó inmóvil.
No.
No podía ser.
[Estoy imaginándolo.]
Porque aquella voz debería estar a cientos de kilómetros de distancia.
Pero volvió a escucharla.
Y esta vez no había duda.
Sus ojos se abrieron.
Se acercó rápidamente a la ventanilla.
Y cuando miró hacia afuera, por un instante creyó que estaba soñando.
—¿Qué...?
Allí estaba.
De pie en medio del camino.
Con una sonrisa absolutamente satisfecha.
Aaron Hoffman.
Grace se quedó mirándolo como si hubiera aparecido por arte de magia.
—No puede ser.
Aaron levantó una mano a modo de saludo.
Como si encontrarse en mitad de la nada fuera la cosa más normal del mundo.
Un momento después abrió la puerta del carruaje.
Y sin pedir permiso subió.
—Hola.
Grace continuó observándolo.
Todavía procesando la situación.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Aaron tomó asiento frente a ella.
—Esperándote.
—¿Qué?
—Esperándote.
—¿Aquí?
—Aquí.
Grace estaba convencida de que aquello no tenía sentido.
Ninguno.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Aaron hizo una mueca.
—Varias horas.
—¿Varias horas?
—Más de las que me gustaría admitir.
Grace abrió la boca.
La cerró.
Y volvió a abrirla.
—¿Por qué?
Aaron pareció sinceramente confundido.
—Porque venías por este camino.
—Eso no responde nada.
—Claro que responde.
—No.
—Bueno, responde parcialmente.
Grace terminó riéndose.
Porque era tan absurdo que resultaba imposible reaccionar de otra manera.
—Aaron, ¿cómo sabías dónde encontrarme?
Él sonrió.
Una sonrisa orgullosa.
Demasiado orgullosa.
—Investigué.
—Eso me preocupa.
—Pregunté discretamente.
—Eso me preocupa aún más.
—Pagué por información.
Grace se quedó mirándolo.
—¿Qué?
—No fue tan caro como esperaba.
Ella comenzó a reír nuevamente.
Aaron se apoyó contra el asiento.
—Descubrí tu ruta.
—¿Descubriste mi ruta?
—Correcto.
—Eso suena increíblemente sospechoso.
—Suena romántico.
—No.
—Un poco.
—No.
—Quizás bastante.
Grace negó con la cabeza.
No podía creerlo.
Simplemente no podía.
Mientras ella había aceptado tranquilamente que nunca volverían a verse, Aaron había decidido atravesar medio reino para interceptar su carruaje.
Era completamente irracional.
Y completamente propio de él.
—Estás loco.
Aaron sonrió.
—Me lo han dicho.
—Muchas veces, imagino.
—Con frecuencia.
Por un instante ambos guardaron silencio.
Y entonces la expresión divertida de Aaron se suavizó.
Solo un poco.
Lo suficiente para que ella comprendiera que había algo más detrás de todas aquellas bromas.
—Pensé que te habías ido.
Dijo él.
—Me fui.
—Lo sé.
—Y tú estabas muy lejos.
—También lo sé.
Grace observó sus ojos.
Y por primera vez desde que apareció en el camino, vio algo diferente.
Alivio.
Puro alivio.
Como si realmente hubiera temido llegar demasiado tarde.
Aaron tomó una de sus manos.
—Pero valió la pena.
Grace sintió que su corazón latía más rápido.
—¿Valió la pena?
—Cada minuto.
La respuesta llegó sin vacilar.
Sin bromas.
Sin exageraciones.
Solo sinceridad.
Y aquello la sorprendió más que cualquier otra cosa.
Aaron sonrió.
La misma sonrisa que ella había recordado tantas veces durante el viaje.
—Porque finalmente llegaste.
Grace bajó la mirada unos segundos.
Intentando ocultar la emoción que aquellas palabras le provocaban.
Porque había aceptado que aquella historia había terminado.
Se había despedido de ella mentalmente.
Había guardado el recuerdo en su corazón.
Y ahora él estaba allí.
En mitad del camino.
Sonriendo como si atravesar medio reino para verla fuera la decisión más razonable del mundo.
Por primera vez desde que salió de la mansión Gartner, Grace comenzó a preguntarse si realmente estaba preparada para dejar atrás todo aquello tan fácilmente como había creído.
Por un instante, ninguno de los dos dijo nada.
Aaron seguía sosteniendo su mano.
Grace todavía intentaba comprender cómo era posible que él estuviera allí.
En medio del camino.
Esperándola.
Después de recorrer medio reino.
Todo aquello era tan absurdo que parecía sacado de una novela romántica.
Y precisamente por eso resultaba tan peligroso.
Porque cuanto más lo miraba, más difícil le resultaba mantener la serenidad que había alcanzado en la playa.
—Sigues estando loco.
Murmuró ella.
—Eso ya quedó establecido.
—Varias veces.
—Y seguramente volverá a establecerse.
La sonrisa de Grace apareció de inmediato.
Aaron aprovechó aquella distracción para acercarse un poco más.
Y cuando sus miradas se encontraron, toda la tranquilidad que ella había construido durante el viaje comenzó a tambalearse.. y se besaron..
Porque era mucho más fácil recordar a Aaron que tenerlo delante.
Mucho más fácil aceptar una despedida cuando él estaba lejos.
Mucho más fácil resignarse al templo cuando no podía verlo sonreír de aquella manera.
—No deberías estar aquí.
Dijo ella suavemente.
—Y aun así aquí estoy.
—Eso no es una respuesta.
—Es una excelente respuesta.
Grace soltó una risa.
Y entonces Aaron se inclinó un poco más cerca.
Aquella vez ella no se apartó.
Ni siquiera lo intentó.
Porque una parte de ella había pensado demasiado en él durante aquellos días.
Y porque, para su desgracia, estaba feliz de verlo.
Muy feliz.
Aaron pareció darse cuenta.
Su expresión se volvió más cálida.
Más sincera.
Y la distancia entre ambos desapareció una vez más.. entre besos
Cuando finalmente se separaron, Grace negó con la cabeza.
—Esto complica todo.
—Lo sé.
—Muchísimo.
—También lo sé.
—¿Y no te preocupa?
Aaron reflexionó durante un segundo.
—Sí.
Grace arqueó una ceja.
Aquella respuesta la tomó por sorpresa.
—¿Sí?
—Claro.
—Pensé que dirías que no.
—Me preocupa bastante.
Ella parpadeó.
—Entonces eres más sensato de lo que aparentas.
—No exageremos.
Grace volvió a reír.
Entonces Aaron se acomodó en el asiento.
—Aún faltan dos días.
—Aaron.
—Dos días.
—Ya están recibiendo aspirantes.
—Lo sé.
—Entonces...
Aaron asintió.
—Lo investigué.
Grace ya ni siquiera se sorprendió.
Por supuesto que lo había investigado.
—¿Y?
—Se puede ingresar durante los tres días siguientes.
Ella lo observó.
—Eso sigue siendo una locura.
—Sin duda.
—Una completa locura.
—Absolutamente.
—Aaron...
Él levantó las manos.
—Nunca afirmé que fuera una buena idea.
Grace terminó riéndose otra vez.
Aquello era imposible.
Simplemente imposible.
Porque cada vez que intentaba hablar seriamente, él conseguía convertir la conversación en algo más ligero.
—¿Sabes qué es lo peor?
Preguntó ella.
—¿Qué?
—Que pareces orgulloso.
—Un poco.
—Increíble.
Aaron sonrió.
—Probablemente cuando mi hermana se entere me regañará.
—¿Tu hermana?
—Arely.
Grace recordaba vagamente aquel nombre.
La famosa Lady Hoffman.
Una mujer conocida por su inteligencia en los negocios..
—¿Y qué te dirá?
Aaron fingió pensarlo.
—Algo parecido a: "Aaron, deja de perseguir jóvenes nobles por todo el reino".
—Suena razonable.
—Muy razonable.
—¿Y le harás caso?
—Por supuesto que no.
Grace soltó una carcajada.
Aaron sonrió satisfecho.
—Después me dirá que estoy intentando secuestrar a una hermosa dama para impedir que entre al templo.
—Eso suena aún más razonable.
—Lo sé.
—Y bastante preocupante.
—También lo sé.
Los dos comenzaron a reír.
Y por un momento olvidaron completamente el tiempo.
El camino.
La capital.
El templo.
Todo.
Solo existían ellos dos dentro de aquel carruaje detenido en mitad de ninguna parte.
Y mientras las risas se apagaban poco a poco, Aaron observó a Grace con una expresión mucho más suave.
Menos juguetona.
Más sincera.
Como si detrás de todas las bromas existiera una verdad que todavía no estaba preparado para decir en voz alta.
Grace sintió que el corazón le latía con fuerza.
Porque por primera vez comprendió algo.
El problema no era Aaron.
Ni el templo.
Ni el destino.
El verdadero problema era que cada vez le resultaba más difícil imaginar una vida donde él no estuviera presente.
Mala actitud la de los padres