Claudia tiene 42 años, un matrimonio vacío y un bar de barrio que apenas sobrevive. El día que descubre que su marido la engaña, un joven se presenta por error a una entrevista de trabajo... para stripper, no para mozo. Lo que empieza como un malentendido incómodo termina convirtiéndose en la decisión que le cambia la vida: contratarlo para revivir su negocio.
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El mundo de Claudia se desmorona
—¿Sabés qué, Melina? —La voz de Claudia salió quebrada, pero con una furia que se abrió paso por encima del llanto—. Ya me sacaste al marido. ¿Ahora también querés a Eric?
El silencio que siguió duró apenas un segundo, pero se sintió eterno. Melina se quedó mirándola, con la boca entreabierta, como si le hubieran dado una cachetada.
—¿Eso pensás de mí? —dijo, por fin, con una voz que ya no tenía nada de la dureza de hacía un momento, sino algo mucho más herido—. ¿En serio pensás que yo ando atrás de todos los hombres que se te cruzan?
—No dije eso. Pero pareciera que vos me estás reclamando que yo estoy saliendo con Eric.
—Sí lo dijiste, Claudia. Lo acabás de decir. —Melina negó con la cabeza, dando un paso atrás, hacia la puerta del depósito—. Yo no elegí enamorarme de un tipo casado sin saber que era tu marido. Fue un error, uno horrible, y ya lo pagué bastante caro. No tenés derecho a meterme en la misma bolsa por esto.
—Melina, esperá...
—No. —Levantó una mano, cortando cualquier intento de disculpa—. Sabés qué, arreglate sola. Con el negocio, con esto, con lo que sea. Yo ya tuve bastante por un tiempo.
Se dio media vuelta y salió del depósito con paso firme, cruzando el salón sin mirar a nadie, hasta perderse detrás de la persiana que se cerró con el chirrido de siempre, esta vez con un golpe seco que sonó definitivamente distinto al de todas las otras veces.
Claudia se quedó parada en el medio del depósito, con las lágrimas todavía corriéndole por la cara, sintiendo que acababa de perder algo que ni siquiera había terminado de valorar del todo.
—No debiste decirle eso —dijo Eric, en voz baja, aunque sin ningún reproche real en el tono.
—Ya sé. —Claudia se limpió la cara con el dorso de la mano, sintiendo el peso entero del día cayéndole encima de golpe—. Ya sé que no debí.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que, del otro lado de la puerta entreabierta del depósito, alguien más había estado escuchando todo.
Luz se había quedado paralizada contra la pared del pasillo, con una bandeja vacía todavía en las manos, sin poder despegarse de ahí desde el momento en que había visto a Claudia arrastrar a Eric hasta el depósito.
Al principio se había acercado por simple curiosidad, la misma curiosidad de siempre que la hacía buscar cualquier excusa para estar cerca de él. Pero lo que había escuchado —el llanto de Claudia, la confesión a medias, el "ya me sacaste al marido"— la dejó con un nudo en el estómago que no esperaba sentir con esa intensidad.
'Están juntos', pensó, sintiendo que algo se le hundía por dentro, algo parecido a la decepción pero con un filo mucho más personal. 'Están juntos de verdad, y yo ahí, de tonta, pensando que alguna vez me iba a mirar'.
Se quedó un momento más ahí, escuchando el silencio que había quedado dentro del depósito, hasta que juntó el valor para alejarse antes de que alguno de los dos la descubriera espiando. Caminó hacia la cocina con la bandeja todavía en las manos, sintiendo que la noche le pesaba de una manera completamente distinta. 'Creo que no voy a volver a trabajar aca', pensó de repente, incómoda con todo lo que ocurría.
Claudia salió del depósito un rato después, con los ojos hinchados pero ya más calmada, encontrándose el bar prácticamente vacío: la última tanda de clientas ya se había ido, y solo quedaban ella, Eric, y Luz, que terminaba de limpiar la barra con una concentración exagerada, evitando cruzar miradas con ninguno de los dos.
Para su terror, la caja había sido manipulada, habían sacado la ganancia por los tragos y había muchas sillas alrededor desparramadas. Se notaba que Melina no había vigilado nada.
— Se llevaron la ganancia de las bebidas, carajo...
— Jefa yo no vi nada, sucede que ..
— Dejá, no es tu culpa. Andá a tu casa, Luz —le dijo Claudia, con la voz todavía cansada y totalmente frustrada —. Yo cierro.
—Bueno. Me voy de acá .... —Luz agarró su cartera de atrás de la barra, y antes de salir, se detuvo un segundo, mirando a Eric con una expresión que él, como siempre, no llegó a captar del todo—. Espero que estén bien, los dos.
— Sí, nos vemos mañana, espero tengamos mejor jornada— respondió Claudia.
— Adiós...
Salió del bar sin decir nada más, dejando atrás una sensación rara en el aire que ni Claudia ni Eric supieron nombrar, ocupados como estaban con su propio lío.
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Más tarde, esa misma noche, Eric y Claudia tomaron una ducha caliente juntos y luego se recostaron a ver una serie que tenían en común. Él la estaba mimando mucho ya que ella estaba muy tensa.
Las caricias y besos tiernos en la cabeza de Claudia se repetían cada pocos minutos. Estaba por ofrecerle besos más íntimos , si ella estaba de ánimo, pero de repente le llegó un WhatsApp, era de su representante.
📲Hola Eric, querido ¿cómo estás? Tengo excelentes noticias. Quedaste para la novela del stream. Para el papel principal. ¡Mañana te llamo para que arreglemos todo, felicitaciones!
Claudia lo vio leyendo un mensaje muy entusiasmado y supo de inmediato que eran buenas noticias, quizás demasiado buenas.
— ¿Quién era amor? — preguntó ella, mientras se acomodaba encima de él.
— Mi representante, Claudio. Al fin, me llamaron para un papel, y de actor principal. El dinero es bueno
— Ay que bueno Eric, tanto esfuerzo valió la pena.
— Si, estoy entusiasmado. Los estudios de grabación están en Rosario — dijo él con una sonrisa. Pero, Claudia empezó a sentirse cada vez peor.
— ¿En Rosario? ¿Tan lejos? Entonces ¿vas a viajar para los días de grabación?
— Me dijeron que se graba todos los días Clau. Ellos me dan un departamento y todas las comodidades
— Pero... entonces ¿Te vas a ir?
— Sí, tengo entendido que empiezo la proxima semana. Eso me dijeron en la entrevista.
El rostro de Claudia se ensombreció, mientras miraba el abdomen de su amante, apoyada en su pecho. Y de a poco, las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.