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EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Aventura / Traiciones y engaños
Popularitas:87
Nilai: 5
nombre de autor: Feng Liang

Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?

NovelToon tiene autorización de Feng Liang para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Quieren la espada y a mí, lejos.

—Detente —su voz resonó a mis espaldas.

Fría como siempre había sido al tratar con un enemigo.

—¿Por qué? —y antes de que pudiera darme la vuelta para verlo, la daga ya estaba en mi cuello otra vez.

—Anthony —Sophia alzó la mano para detenerlo.

—Es sospechosa —él la fulminó antes de que pudiera tocarle el hombro.

La chica se quedó con la mano en el aire por unos segundos. Luego la dejó caer a su costado.

—Entonces… ¿ya no soy amiga? —Sonreí con incredulidad. Sin moverme. Respirando lentamente.

—Nunca lo fuiste. Solo intentábamos mantenerte bajo vigilancia.

Y ahí estaba el Anthony de siempre. Indiferente. Desconfiado. Directo como una bala.

—Así que cuando dijiste que te gustaba, ¿era mentira? ¿Otra de tus tácticas? —me giré lentamente para mirarlo directo a los ojos. Quería verlo. Quería ver su rostro cuando me dijera la verdad.

Él parpadeó, pero no se movió. Ni un centímetro.

—¿Y qué si lo fue?

Solté una risa suave, casi burlesca.

—Cada día me sorprendes más —dije.

Quizás me había acostumbrado a su compañía. Por eso se sentía tan extraño volver a ser enemigos otra vez.

—Eres peligrosa —admitió. Le tembló la voz. Estaba segura de que él también dudaba. De mí. De él mismo o de lo que llamaban peligro.

—Con esa arma —finalmente lo dijo.

—¿Y qué quieren que haga? —Pregunté soltando un suspiro pesado. Ya sabía la respuesta.

—Entregarla —esta vez fue Sophia quien respondió.

—¿Entregarla? —repetí—. ¿Eso es lo que quieren?

—Sí —no había dudas en ella. Hablaba como una líder que sabe que lo que dice es correcto. Como una jueza dictando sentencia—. Es peligrosa para ti. Si pierdes el control… podrías lastimar a inocentes.

—¿Esa es la excusa que tienen para mantenerme bajo su control? —Los miré a los cuatro. Uno por uno.

Henry desvió la mirada. Él no era así. Nadie lo era. ¿Cómo es que cambiaron tanto? ¿En qué momento?

—Si entrego la espada, ¿cómo protegeré al pueblo si los demonios aparecen nuevamente? ¿Cómo voy a proteger a mi familia?

—Los cazadores se encargarán —Sophia me miró con esa seguridad suya. Absoluta.

—¿Y si no llegan a tiempo? —apreté los puños. Suavemente.

Ellos estaban decididos.

Esto no se trataba de una sola espada.

Se trataba de nuestra amistad. La unión que habíamos creado se estaba desvaneciendo poco a poco, como humo entre los dedos.

—Lo harán.

—Pero y si…

—Es su deber —ese tono directo otra vez. El que usaba cuando no aceptaba réplicas.

—Los cazadores estarán cerca. Y también nosotros —aseguró, sin dar lugar a dudas.

—Esto es lo mejor —William se acercó y me tocó el hombro. Como un hermano mayor convenciendo a su hermana menor de que estaba equivocada.

—Bien —acepté.

Sophia me miró con algo parecido al alivio. ¿William sonrió? ¿Era eso lo que realmente querían? ¿Mi sumisión?

La espada apareció como una sombra detrás de mí. Luego se posicionó al frente, flotando en el aire con esa energía carmesí que la rodeaba. Pulsaba. Como un corazón.

—¿Qué harán con ella? —Pregunté.

Sophia no esperó. Avanzó y creó una red espiritual alrededor de la espada.

El arma se resistió, forzando los hilos. Destelló energía un par de veces, furiosa, para finalmente apagarse.

Parecía ahora sin vida. Solo un pedazo de metal atrapado entre esos hilos.

Anthony sonrió. Por primera vez en toda la noche.

—Gracias por entender —dijo Sophia, tomando el arma que ahora parecía inofensiva entre sus manos.

Anthony bajó la daga y la guardó, como si ya no hubiera razón para estar alerta. Como si yo fuera inofensiva sin mi espada.

—Regresa a casa —pidió Henry. Su voz, suave. Culpable.

Sophia se dio la vuelta, preparándose para irse. Los demás hicieron lo mismo. Me dieron la espalda. Así de fácil.

Mis ojos traicioneros picaron.

Sabía lo que significaba.

Pero no. No iba a romperme ahí.

No frente a ellos.

“La unión hace la fuerza”, dijeron. Pero, ¿por qué ellos se alejaban?

Creí en la amistad por primera vez. Creí que esa conexión entre nosotros no se vería afectada por la distancia. Creí que podríamos seguir unidos después de todo.

Me equivoqué. Siempre me equivoco. ¿Por qué?

Aquella espada lo empezó todo.

Y ahora era la misma que terminaba con todo.

Vi sus rostros. No había esa expresión de alegría que creí ver hace meses. Solo indiferencia. Fría. Ajena.

Se estaban yendo y se llevaban la amistad que alguna vez nos unió.

—Sophia —su nombre salió más rápido de lo que pensé.

Ella se giró como si esperara esa palabra. Como si supiera que iba a rogar.

Apreté los puños con fuerza esta vez.

Las uñas se me clavaron en las palmas.

—Si… —silencio. Las palabras se atoraron en mi boca—. Si se llevan la espada… yo…

—Yo ya no podré protegerlos —mis ojos se volvieron borrosos, las lágrimas amenazaban con salir—. No podré… ayudarlos a matar demonios que no puedan derrotar…

Mi voz tembló en el último comentario. Patética. Lo odié.

—No será necesaria tu ayuda ahora —replicó ella, sin titubeos. Solo esa calma de quien ya no te necesita.

—Yo… —no pude seguir.

—Los cazadores serán suficientes —finalizó. Punto final.

Bajé la cabeza lentamente. Miré el suelo, observando mi sombra oscura bajo mis pies. Sola.

—Eso quiere decir que… nuestra amistad ¿acaba aquí? —salió casi en un murmullo.

La respuesta la sabía. Pero quería confirmarlo. Quería saber si para ellos ya todo había acabado o si había una manera de que nuestra amistad se salvara. Una grieta. Algo.

—Aquí acaba todo.

La respuesta fue un balde de agua fría cayendo sobre mi cabeza sin previo aviso.

El sabor a metal inundó mi boca. Sin darme cuenta había mordido mi mejilla con tanta fuerza que la hice sangrar.

¿Era justo que una amistad que parecía formidable fuera destruida por el peso de una responsabilidad? ¿Por miedo?

Asentí con lentitud.

Nadie dijo más.

Solo quedó el silencio y la luna como testigo de aquella sentencia.

—Que así sea entonces.

Una gran nube ocultó la luna, y el cielo rugió. Pareciendo entender mis palabras. Pareciendo estar de acuerdo.

—Si algo ocurre en el futuro, no tendrá nada que ver conmigo —respiré hondo—. Si el mundo colapsa otra vez, ustedes se harán cargo.

Un paso hacia atrás.

Ellos me miraron con confusión.

—Y esa espada es mía —extendí la mano hacia Sophia. El metal empezó a tomar su brillo otra vez, forzando y destruyendo esos hilos que la apresaban uno por uno. Despertando.

—¡Cristani, detente! —William intentó persuadir. No funcionó. Ya no.

—Me perteneció desde el momento en que salió de mi cuerpo —los miré con seriedad.

La fría brisa hizo flotar mi cabello. Y el de ellos.

—¡Cristani! —advirtió Sophia, tratando de mantener bajo control el arma. Pero ya era tarde.

—Gu Di Jian —la llamé.

Al mismo tiempo, Anthony corrió hacia mí a toda velocidad con esa daga. Esta vez sin dudar. Esta vez para eliminarme.

La espada respondió.

Destruyó la red espiritual en un estallido de luz carmesí. Y justo un segundo antes de que la daga de Anthony llegara a mi pecho, creó una barrera. La barrera hizo rebotar el metal al impactar con ella. Anthony salió volando y su daga hecha pedazos.

Mis ojos solo vagaron por el rostro de los chicos. Y por primera vez me miraron con algo nuevo.

¿Terror? Tal vez no sabían de lo que era capaz esa espada. Del poder que cargaba. Del poder que yo cargaba.

—¡Devuélvela! —gritó Anthony, levantándose, creando una espada de energía pura con las manos temblorosas.

—No vuelvan a Everfrost —mi voz no tembló—. Porque la próxima vez no será una simple advertencia.

Di un paso atrás y una gran barrera empezó a solidificarse alrededor de toda la pequeña ciudad, llegando hasta mis pies. Roja como la sangre. Imponente como una muralla.

El siguiente ataque de Anthony fue en vano.

La barrera detuvo el golpe y lo repelió con un zumbido que hizo temblar el suelo.

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