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¡No Soy Pobre, Cariño!

¡No Soy Pobre, Cariño!

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Juego de roles / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:27
Nilai: 5
nombre de autor: Leni Anita

Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.

Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.

Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.

Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.

Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.

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09

—Carmen, Marcia preparó la cena para todos. Ten la decencia de valorar su esfuerzo —le pidió don Alfonso a su esposa.

—¿A esto le llamas cena? Es pollo hervido y nada más —doña Carmen señaló la mesa con desdén.

—Tú fuiste la que hizo la compra hoy. ¿Por qué no compraste los condimentos? ¿Cómo esperabas que Marcia cocinara sin ellos? —don Alfonso encaró a su esposa.

—Es una esposa inútil. Pobre y encima no sirve para nada —Rodrigo intervino sin dirigirse a nadie más que a su padre.

A Marcia se le estrujó el corazón al escuchar a su marido. Había hecho tantos sacrificios durante ese tiempo... Para cubrir lo que faltaba del gasto diario usaba su propio dinero. Gracias a ella comían bien todos los días, y aun así la seguían llamando pobre e inútil.

* * *

Ese día Marcia no fue a la pastelería. Se dirigió a la casa de sus padres. Los extrañaba demasiado.

Cristina la recibió en cuanto llegó. Cristina era la empleada doméstica de la familia; llevaba años trabajando en la casa de los padres de Marcia.

—Señorita Marcia, pase, por favor —la saludó Cristina con amabilidad cuando Marcia cruzó el portón del jardín.

—¿Están mi mamá y mi papá, Cristina? —preguntó Marcia.

—Su mamá está adentro, señorita. Pero su papá salió hace un rato —respondió Cristina.

—Está bien. Voy a entrar —Marcia se despidió de Cristina y atravesó el umbral.

Recorrió la casa sin encontrar a su madre por ningún lado. Pero sabía exactamente dónde estaría. Se encaminó hacia ese lugar.

—¡Mamá! —exclamó al encontrar a la persona que buscaba.

—¡Marcia! ¿Qué haces aquí, hija? —Liliana dejó sobre la mesa lo que tenía en las manos.

—Vine a verte, mamá —Marcia se lanzó a los brazos de su madre y la abrazó con fuerza.

—¿Cómo estás, mi niña? —Liliana se separó del abrazo y enmarcó con ambas manos el rostro de su hija menor.

—Como puedes ver, estoy bien —respondió Marcia con una sonrisa.

—Qué bueno que viniste, hija. Hay algo importante que quiero hablar contigo —Liliana tomó a Marcia de la mano y la guió hasta una banca en la glorieta del jardín.

—¿Y papá, mamá? —preguntó Marcia, pues no lo había visto desde que llegó.

—Tu papá salió, hija. Fue a supervisar la plantación de té en la sierra —contestó Liliana.

Los padres de Marcia eran dueños de una extensa plantación de té en las montañas. Rodrigo y su familia, por supuesto, no sabían nada de eso. Para ellos, Marcia era hija de gente pobre. No tenían la menor idea de quién era en realidad.

—Ven, siéntate, hija —Liliana la tomó de la mano y la invitó a sentarse.

Madre e hija se acomodaron en la glorieta que daba al jardín lateral de la casa. Cristina apareció con bebidas y bocadillos para las dos.

—Perdóname, mamá —soltó Marcia de pronto.

—¿Qué pasa, hija? —preguntó Liliana con dulzura.

Liliana fingió no saber lo que ocurría. Gabriel ya le había contado todo. Pero ella quería escucharlo directamente de labios de su hija menor.

—Perdóname, mamá, porque antes yo pensé mal de ti. Ahora sé cómo es Rodrigo y cómo es su familia —dijo Marcia, y las lágrimas que llevaba conteniendo le rodaron por las mejillas sin que pudiera evitarlo.

—Ya, hija, no llores más. Todos estamos aquí y nunca te vamos a abandonar —Liliana le acarició la cabeza con ternura.

—Rodrigo y su familia solo valoran a la gente por lo que tiene. Y lo peor es que ahora él anda con una compañera del trabajo —Marcia decidió que ya no le ocultaría nada a su madre.

—¿Y qué quieres hacer? ¿Piensas seguir aguantando allá? —le preguntó Liliana.

—Quiero reunir más pruebas de la infidelidad, mamá. Cuando las tenga todas, voy a demandar el divorcio. Le voy a demostrar a Rodrigo quién soy en realidad y voy a hacer que él y toda su familia se arrepientan —declaró Marcia con la mirada encendida.

—Muy bien, hija. No puedes seguir dejando que te pisoteen y hagan contigo lo que les da la gana —Liliana le apretó las manos para darle ánimo.

—El mes que viene es la fiesta de compromiso de Gabriel y Valentina, mamá. Voy a aparecer ahí y los voy a dejar a todos con la boca abierta. Voy a poner en evidencia a Rodrigo y a su amante delante de todo el mundo —le confió Marcia a su madre.

—Me parece una idea excelente, hija. Gabriel y Valentina van a invitar a todos sus empleados a la fiesta de compromiso. Que Rodrigo y su amante pasen la vergüenza de sus vidas. Que todos los presentes se enteren de que tú eres su esposa —Liliana respaldó el plan sin vacilar.

—Sí, mamá. En la oficina, Rodrigo le dice a todo el mundo que es soltero y que va a casarse con Pamela. Voy a hacer que los señalen y los repudien todos —Marcia tenía la determinación grabada en el rostro.

Marcia miró el reloj en su muñeca: faltaba poco para las cinco de la tarde. Se despidió de su madre.

—Mamá, me voy. Uno de estos días vengo otra vez —dijo Marcia al levantarse.

—Sí, hija. Cuídate mucho allá. Y avísanos a mí o a cualquiera de la familia si necesitas algo —le recordó Liliana.

—Sí, mamá. Hasta pronto —Marcia le besó la mano a su madre.

—Que te vaya bien, hija —respondió Liliana.

Liliana acompañó a su hija hasta el auto. Marcia había traído su propio carro ese día; no usó al chofer porque este había ido a llevar a su padre a la sierra para inspeccionar la plantación de té.

Marcia guardó el auto primero en su propia casa y luego tomó un mototaxi hasta la casa de sus suegros. Como ya era tarde, prefirió el mototaxi para llegar más rápido.

Llegó a la puerta y notó que el carro de Rodrigo ya estaba estacionado en la entrada.

Qué raro que Rodrigo ya esté aquí. Siempre llega de noche, pensó extrañada.

Vio la puerta entreabierta y, junto a ella, un par de zapatos de mujer. Marcia frunció el ceño, intrigada. ¿Quién sería la visita?

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