Sofía siempre ha obedecido a sus padres por miedo a decepcionarlos. Su vida cambia cuando su padre y el mejor amigo de este,, deciden obligarlos a casarse para unir a sus familias y sus empresas.
Adrián, el heredero de una de las empresas más poderosas de Rusia, tampoco desea ese matrimonio. Obligados a compartir una vida que ninguno eligió, ambos descubrirán que el destino puede cambiarlo todo.
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capitulo 5
Adrián
Cuando pasamos al comedor, como era de esperarse, Sofía se sentó a mi lado.
La cena transcurrió entre las risas de mi padre y los padres de Sofía. Parecían muy felices con aquella reunión, como si el futuro de ambos ya estuviera decidido y nuestras opiniones no importaran.
Cuando la conversación llegó al tema del matrimonio, todo mi cuerpo se tensó.
De reojo noté que Sofía también estaba nerviosa.
—Saben por qué están aquí, ¿verdad? —preguntó mi padre con tono serio, mirándonos a los dos.
Ninguno respondió.
—Dentro de dos semanas se casarán. Entre más rápido se unan nuestras familias y nos den un heredero, mejor —dijo el padre de Sofía con total tranquilidad.
Sofía dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Padre... madre... No voy a casarme con él. No lo quiero y ni siquiera lo conozco.
Su padre golpeó la mesa con fuerza.
—¡No te estoy pidiendo permiso! Desde el momento en que naciste bajo mi apellido, tu destino ya estaba escrito. Te casarás con él, quieras o no.
Sofía guardó silencio. No volvió a pronunciar una sola palabra, aunque era evidente que estaba conteniendo el enojo.
Mi padre tomó la palabra.
Metió la mano en el bolsillo de su saco y sacó una pequeña caja de terciopelo negro.
La dejó frente a mí.
—Hijo, quiero que le entregues este anillo.
Abrí la caja lentamente.
Dentro había un elegante anillo de diamantes.
—Este fue el anillo con el que le pedí matrimonio a tu madre. Lo llevó puesto el día en que nos comprometimos y, desde entonces, ha permanecido en nuestra familia.
Por un instante, el comedor quedó en silencio.
—Desde que tu madre murió lo he guardado esperando el momento indicado. Ahora quiero que sea Sofía quien lo lleve en su mano. Espero que lo cuides y lo valores tanto como yo cuidé y amé a tu madre.
Observé el anillo durante unos segundos antes de cerrar la caja.
La tomé entre mis manos.
Justo cuando iba a levantarme para entregárselo, Sofía se puso de pie.
—Con permiso.
Sin esperar respuesta, salió del comedor.
—¡Sofía, vuelve inmediatamente! —gritó su padre, completamente furioso.
Me levanté de la silla.
—Déjeme hablar con ella. Tal vez pueda tranquilizarla.
El padre de Sofía respiró hondo y finalmente asintió.
Salí del comedor.
—La señorita Sofía fue a su habitación, señor —me informó una de las sirvientas.
Le agradecí y subí las escaleras.
La encontré sentada sobre la cama, mirando por la ventana.
—Sé que no quieres casarte... y yo tampoco.
Mi voz hizo que diera un pequeño salto del susto.
Se giró para mirarme, pero no dijo nada.
Me acerqué unos pasos.
—Nuestros padres creen que esto es lo mejor. Piensan que, si Volkov Corporation e Imperium Montenegro se unen, crearán el imperio empresarial más poderoso del país.
Sofía soltó una risa sin humor.
—Qué conveniente. Decidieron nuestro futuro sin preguntarnos.
Asentí.
—Por eso quiero proponerte un trato.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué clase de trato?
—Nos casaremos porque no tenemos otra opción. Pero eso no significa que debamos comportarnos como un matrimonio de verdad.
Guardé silencio unos segundos antes de continuar.
—Dormiremos en habitaciones separadas. No nos enamoraremos y respetaremos el espacio del otro.
Sofía cruzó los brazos.
—¿Y cómo piensas evitar que nuestros padres sospechen? Lo primero que van a querer son nietos.
La miré fijamente.
—Ya encontraremos la manera de manejar esa situación.
Ella bajó la mirada durante unos segundos.
—Solo hay una cosa que tengo clara...
Volvió a mirarme.
Nos toca fingir muy bien acepto. Pero sabes que debemos comportarnos como esposos y tenemos que anunciar el matrimonio
—lo sé toma ponte el anillo y bajemos