Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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Lo reconocí de inmediato
Le ordené al taxista que se detuviera. El taxista se detuvo a una distancia prudente. La lluvia golpeaba con fuerza el techo del auto.
Abrí la puerta antes de que el conductor me lo impidiera.
El aire frío me envolvió al instante.
La tormenta me empapo por completo en cuestión de segundos. El asfalto estaba resbaladizo, pero avance con cuidado hacia el automóvil accidentado.
Una luz intermitente iluminaba brevemente el interior del auto destrozado dejaba ver fragmentos de una escena aterradora.
Me acerqué al lado del conductor.
Y entonces lo vi.
Un hombre atrapado tras el volante. Inconsciente. Sangré mezclándose con la lluvia en su frente. El airbag desplegado frente a él.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
Había algo en su rostro, incluso cubierto por las sombras y heridas, que me resultaba familiar. No podía ubicar su rostro.
Me acerqué.
--¡Señor! Golpeé suavemente el vidrio lateral --. ¿Puede oírme?
No obtuve ninguna respuesta.
El conductor del taxi se aproximó detrás de mí, visiblemente nervioso.
--Debemos llamar a emergencias.
--Llama ahora --Ordenó Lucia sin apartar la mirada del hombre herido.
Vi que el vidrio del lado del conductor estaba fracturado, busque una piedra entre la grava suelta al borde de la carretera, y después golpeé el cristal, en segundos el cristal cedió.
Introduje mi mano con cuidado, para intentar desbloquear la puerta desde adentro. El mecanismo estaba deformado por el impacto, pero tras varios intentos logré abrirla con un chirrido metálico. Sin darme cuenta me había hecho una cortada en mi muñeca, no le tome ni la menor importancia.
El interior del vehículo olía a gasolina y metal caliente.
--Respire... Por favor, respire... -- murmuré casi sin darme cuenta, me incliné hacía él.
Coloque dos de mis dedos en su cuello.
Pulso.
Débil, pero presente.
Sentí un alivio inmediato.
La lluvia seguía cayendo sobre ambos mientras trataba de evaluar la situación. La puerta apenas se podía abrir por completo debido a la deformación del chasis. No podía moverlo bruscamente; he visto suficientes campañas de seguridad vial, para saber que un mal movimiento incorrecto podía empeorar sus lecciones.
--Las ambulancias vienen en camino --grito el conductor detrás de mí.
Yo solo asentí sin parar la vista del hombre que hasta el momento me seguía siendo conocido.
Su rostro estaba pálido, tal vez por la perdida de sangre. Tenía una presencia imponente incluso inconsciente: mandíbula firme, cejas marcadas, un aire de fortaleza que contrastaba con la vulnerabilidad del momento.
Justo en ese momento, un relámpago iluminó la escena durante un segundo, revelando con claridad. Fue entonces que pude ver su rostro con claridad.
Por un momento me congelé. "Él" era Guillermo Lombardi.
Sentí una extraña sensación recorrerme todo el cuerpo.
Lo único que supe en aquel momento, que no podía abandonarlo.
--No se duerma --Le susurré inclinándome un poco más hacia él-- . Escúcheme... quédese conmigo.
Quizás él en esos momentos no podía escucharme.
Pero yo seguía hablándole.
Tome su mano.
Estaba fría. La sostuve con firmeza, como si yo pudiera anclarlo a la vida.
Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos, un sonido agudo que atravesaba la tormenta.
El tiempo pareció expandirse y contraerse al mismo tiempo.
No me moví.
No me aparté.
Guillermo emitió un leve gemido.
Sus párpados temblaron apenas.
Yo me incliné más mi rostro hacia él.
--Eso es... --susurre-- . No sé rinda.
Las luces azules y rojas de ambulancias iluminaron finalmente la curva. Los paramédicos descendieron con rapidez, evaluando la escena con eficiencia entrenada.
--Señorita, necesitamos espacio.
Yo solté su mano lentamente.
Retrocedí apenas lo necesario, observando como los paramédicos trabajaban con precisión para estabilizarlo cortaron parte del metal que impedía su extracción, colocaron un collarín cervical.
Cuando finalmente lo sacaron del vehículo y lo colocaron en la camilla, cuando su rostro quedó brevemente iluminado, pude comprobar que efectivamente era Guillermo Lombardi.
Yo mantuve la respiración no podía creer, que sostuve la mano del hombre más poderoso de la ciudad. Cuántas mujeres desearían haber estado en mi lugar.
Uno de los paramédicos se me acercó.
--¿Es usted familiar?
Yo solo negué con la cabeza.
--No... Solo pasábamos por aquí.
--Hizo lo correcto al detenerse.
Mire por última vez el automóvil destrozado antes de comenzar a caminar hacia donde estaba el taxi esperándome, la lluvia había disminuido, era hora de seguir mi camino.
Mis manos aún temblaban.
Vi que el conductor me observo por el retrovisor.
--No todos se habrían detenido.
Mire por la ventanilla mientras el taxi avanzaba, deslizándose hacia la mansión Montemayor. La lluvia había disminuido cuando finalmente el taxi cruzo la avenida principal que conducía hacia la mansión Montemayor. En Mónaco.
El suelo seguía cubierto de una neblina espesa.
Observe a través de la ventanilla el portón de hierro forjado que se habría lentamente ante el vehículo.
Y mientras, Lucia. Llega a la mansión Montemayor, por otro lado, la llegada de Guillermo Lombardi, al hospital donde fue llevado. Hasta el momento nadie parecía saber quien era hasta que revisaron sus documentos de identificación.
La noticia se esparció como pólvora por todo el hospital, desde médicos enfermeras, cuando la noticia llegó a la mansión Lombardi, su padre se encontraba en su despacho revisando algunos documentos. Que realmente no estaba leyendo.
Cuando su teléfono privado sonó, levanto la vista. Era el de emergencias, un número que solo en caso de emergencias podían llamarle.
Levanto la bocina.
Al otro lado, la voz fue firme precisa.
--El señor, Guillermo Lombardi. Tuvo un accidente, está grave.
El señor Mateo Lombardi se quedó en silencio solo escuchando, tratando de entender que todo fuera una equivocación, pero no lo era.
--¿Cómo se encuentra?
--Grave.
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓