Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos
NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 18 El hombre detrás del nombre
El silencio después de las palabras de Jared no duró.
No en el bosque.
Allí el silencio era un lujo imposible.
Las luces seguían avanzando entre los árboles como ojos vivos, buscando, cerrando el cerco, acercándose con una paciencia calculada.
Ana Laura sintió que el aire se volvía más pesado.
Jared estaba a su lado, pero ya no parecía completamente presente.
Había algo en su mirada que había cambiado.
Algo que antes estaba escondido… ahora comenzaba a romperse.
—Jared… —susurró ella.
Él no respondió.
Solo observaba el bosque.
Como si estuviera escuchando algo que ella no podía oír.
Ana dio un paso hacia él.
—Me debes una respuesta.
Jared apretó la mandíbula.
—No aquí.
—Siempre dices lo mismo.
Silencio.
Una rama se quebró cerca.
Ambos se congelaron.
Las luces se detuvieron por un instante.
Luego siguieron.
Más cerca.
Jared tomó el brazo de Ana.
—Ahora.
Empezaron a moverse otra vez.
Pero ya no era una huida normal.
Era algo más desesperado.
El terreno comenzó a volverse más rocoso.
Menos árboles.
Más piedra.
Eso era malo.
Menos cobertura.
Más visibilidad.
Ana lo sabía.
Y Jared también.
—No vamos a llegar —dijo ella, respirando con dificultad.
—Sí vamos a llegar.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Jared no respondió.
Pero aceleró el paso.
Ana lo siguió, aunque sus piernas ya temblaban.
—¡Jared!
Él se detuvo de golpe.
Se giró.
—Escúchame.
Su voz era diferente ahora.
Más grave.
Más real.
—Si cruzas esa línea —señaló hacia el frente— te vas a salvar por unos minutos.
Ana frunció el ceño.
—¿Y después?
Jared no respondió.
El silencio fue la respuesta.
Ana sintió un frío en el pecho.
—No…
—Ana.
—No.
Ella negó con la cabeza.
—No vuelvas a hacerlo.
—¿Hacer qué?
—Decidir por mí.
Jared la miró fijamente.
Y esta vez no hubo suavidad.
Solo verdad.
—Esto no es una decisión.
Pausa.
—Es supervivencia.
El viento sopló entre ellos.
Las luces detrás se acercaban más.
Ana sintió lágrimas de frustración en los ojos.
—No quiero que te quedes atrás.
Jared bajó la mirada un segundo.
—No tienes opción.
—¡Sí la tengo!
—No esta vez.
Silencio.
Jared se acercó.
Esta vez despacio.
Como si cada paso le costara.
—Escúchame bien —dijo en voz baja—. No soy quien crees que soy.
Ana lo miró.
—Eso ya lo dijiste.
—No, no lo dije completo.
El corazón de Ana se aceleró.
—Entonces dilo ahora.
Jared respiró hondo.
Y por primera vez, parecía realmente vulnerable.
—Mi nombre no es solo Jared Salvatore.
Ana sintió un escalofrío.
—¿Qué?
Él la miró directamente.
—Pertenezco a una familia que no desapareció.
Pausa.
—La hicieron desaparecer.
El aire se volvió helado.
Ana dio un paso atrás.
—No entiendo…
Jared continuó.
—Los Montenegro no solo destruyeron una familia.
Silencio.
—Destruyeron varias.
Ana sintió que el mundo se inclinaba otra vez.
—¿Qué estás diciendo?
Jared apretó los puños.
—Que el hombre que tú llamas tu enemigo… y el hombre que tú crees que es tu padre… están conectados a algo mucho más antiguo.
Ana lo miró con horror creciente.
—Esto no tiene sentido…
—Sí lo tiene.
La voz de Jared se quebró ligeramente.
—Y yo crecí dentro de ese vacío.
Silencio.
Las luces se acercaban más.
Más cerca.
—Mi tío no era solo un trabajador —continuó Jared—. Era el único que intentó romper el sistema desde dentro.
Ana sintió un nudo en el estómago.
—¿Sistema?
Jared asintió.
—Un acuerdo.
—¿Qué acuerdo?
Jared dudó.
Y cuando habló, su voz fue apenas un susurro.
—Personas compradas. Identidades movidas. Niños desaparecidos.
Ana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—No…
—Sí.
—¡No!
Jared la sostuvo con la mirada.
—Ana, tú eres parte de eso.
El mundo se detuvo.
Por un segundo.
Luego dos.
Ana negó lentamente.
—No…
Pero su voz ya no tenía fuerza.
—No…
Jared dio un paso hacia ella.
—Te separaron porque eras una pieza valiosa dentro del sistema.
Ana sintió que las piernas le fallaban.
—Basta…
—Y porque alguien decidió que no debías crecer donde te correspondía.
Ana se llevó las manos a la cabeza.
—¡Basta!
Las luces se acercaron más.
Ya casi los alcanzaban.
Pero Ana ya no lo veía.
Solo escuchaba su propia respiración.
Rota.
Irregular.
Jared la tomó de los hombros.
—Mírame.
Ana no quería.
—¡Mírame!
Ella lo hizo.
Y lo que vio no era un enemigo.
Era alguien destruido.
—No te estoy diciendo esto para destruirte —dijo él—. Te lo estoy diciendo porque no tienes tiempo.
Silencio.
—Si cruzas esa línea ahora, desapareces otra vez.
Ana sintió una lágrima caer.
—¿Y tú?
Jared apretó los labios.
—Yo ya estoy desaparecido desde hace mucho.
El silencio fue absoluto.
Las luces se detuvieron a pocos metros.
Voces.
—¡Están aquí!
—¡No se muevan!
Jared soltó el brazo de Ana lentamente.
—Corre.
Ana lo miró.
—No.
—Ana…
—No voy a dejarte.
Jared sonrió apenas.
Triste.
Casi imperceptible.
—No estás entendiendo.
Pausa.
—Nunca fue una opción quedarte conmigo.
Silencio.
Las voces se acercaban.
Jared dio un paso atrás.
Ana lo miró con desesperación.
—¡Jared!
Él la observó por última vez.
Y en esa mirada había algo que no había estado antes.
No era mentira.
No era estrategia.
Era despedida.
—Encuentra la verdad —dijo.
Y luego empujó a Ana hacia la oscuridad del bosque.
—¡CORRE!
Ana cayó hacia adelante.
Y cuando levantó la vista…
Jared ya estaba caminando hacia las luces.
Solo.
Entregándose.
Y en ese instante, Ana entendió que la historia que había comenzado como una búsqueda…
acababa de convertirse en una guerra.