Cinco años habían transcurrido desde que el Imperio dejó atrás la guerra que amenazó con consumirlo.
Las cicatrices seguían ahí, aunque ocultas bajo el esplendor de una nueva era.
Las ciudades prosperaban, las rutas comerciales se habían extendido hasta reinos que antes eran enemigos y el pueblo vivía una estabilidad que muchos creían imposible.
Pero la paz no eliminaba las ambiciones.
Solo les daba tiempo para crecer.
NovelToon tiene autorización de sterlina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Las sombras vuelven a moverse.
El despacho imperial permanecía en silencio.
Sobre la amplia mesa de roble descansaban decenas de informes abiertos. Algunos procedían de las provincias del Imperio; otros, de reinos vecinos.
Todos coincidían en lo mismo.
Desapariciones.
Aldeas abandonadas.
Caravanas que jamás llegaron a su destino.
Nobles que se desvanecían sin dejar rastro.
El emperador recorrió lentamente cada documento antes de alzar la mirada.
—¿Cuántos informes llevamos este mes?
Un ministro respondió con voz grave.
—Treinta y siete, Su Majestad.
El ambiente se volvió aún más tenso.
En ese momento, las puertas se abrieron.
Entraron Dominic, Edward, Sacha y Serafis.
La emperatriz y Simone también tomaron asiento.
Se trataba de una reunión privada.
Solo estaban presentes quienes conocían la existencia de los Heraldos.
Serafis colocó un gran mapa sobre la mesa.
Estaba cubierto por decenas de pequeños marcadores rojos.
—Hace cinco años creímos que los ataques habían cesado.
Nos equivocamos.
Nunca desaparecieron.
Solo aprendieron a ocultarse.
Todos observaron el mapa.
Sacha fue la primera en hablar.
—No están atacando un solo reino.
Serafis asintió.
—Exactamente.
Cada desaparición ocurre en un lugar distinto.
Cada ataque parece independiente.
Pero, al observarlos en conjunto...
Forman una única trayectoria.
Edward frunció el ceño.
—Como si estuvieran recorriendo todo el continente.
—Eso mismo.
Dominic cruzó los brazos.
—¿Buscando qué?
Serafis guardó silencio durante unos segundos.
—Alimentándose.
La palabra cayó sobre la sala como una piedra.
Simone bajó la mirada.
—¿Siguen... consumiendo personas?
—Sí.
Necesitan absorber energía vital para sostener el poder que han despertado.
El emperador apretó los puños.
—Malditos...
Sacha continuó observando el mapa.
Había algo que no terminaba de convencerla.
Se acercó unos pasos.
Recorrió cada punto con la vista.
Entonces señaló el centro del mapa.
—Aquí.
Todos dirigieron la mirada hacia donde apuntaba.
—¿Qué ocurre? —preguntó Dominic.
—No han atacado esta región.
Serafis comprendió de inmediato.
Era una zona inmensa.
Demasiado grande para haber pasado desapercibida.
—La evitaron deliberadamente...
murmuró.
Sacha siguió reflexionando.
—No están cazando al azar.
Están siguiendo un patrón.
Y también están evitando determinados lugares.
Como si...
Se detuvo.
Una sensación recorrió todo su cuerpo.
Era débil.
Muy débil.
Pero la reconocería en cualquier lugar.
Apretó lentamente la mano contra su pecho.
Dominic fue el primero en notarlo.
—¿Sacha?
Ella levantó la cabeza.
Su rostro había perdido el color.
—Lo sentí.
Toda la sala quedó inmóvil.
Serafis dio un paso hacia ella.
—¿Qué sentiste?
—Magia.
No...
No era magia.
Era...
Cerró los ojos durante unos segundos.
Aquella energía era antigua.
Oscura.
Pesada.
La misma que había sentido cinco años atrás durante la batalla final.
Abrió los ojos lentamente.
—Uno de ellos estuvo en nuestro Imperio.
Dominic llevó una mano al mango de su espada.
—¿Estás segura?
Ella asintió sin dudar.
—Muy cerca.
Demasiado cerca.
El silencio se volvió absoluto.
Nadie necesitó formular más preguntas.
Si Sacha había podido percibir aquella presencia...
Significaba que los Heraldos ya no observaban desde lejos.
Habían cruzado las fronteras imperiales.
Y eso solo podía significar una cosa.
La guerra había comenzado mucho antes de que ellos se dieran cuenta.
Al concluir la reunión, Serafis permaneció solo frente al mapa.
Observó cada uno de los puntos marcados.
Luego tomó una pluma y escribió una única orden.
"Convocar una reunión extraordinaria del Templo."
Era el momento de advertir a todos los reinos.
El continente entero debía conocer la verdad.
Porque, si seguían luchando por separado...
Los Heraldos vencerían antes de que alguien comprendiera cuál era su verdadero objetivo.