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El Precio De Mi Inocencia: La Mujer Del Capo

El Precio De Mi Inocencia: La Mujer Del Capo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Mafia / Completas
Popularitas:496.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

​Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
​Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
​Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
​¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ironía del destino

El trayecto de regreso en el taxi fue un borrón de luces de neón y ruidos sordos. Ana apoyaba la frente contra el cristal frío de la ventanilla, sintiendo que el rastro de los dedos de Matteo en su mejilla todavía quemaba, como una marca de hierro invisible. A su lado, sus amigas intentaban procesar lo ocurrido. Elena no paraba de temblar, mientras que Jessica permanecía en un silencio sepulcral, con la mirada perdida en las sombras de la ciudad, rumiando un resentimiento que Ana, en su estado de shock, no alcanzaba a percibir.

—Ese hombre... —susurró Elena, rompiendo el silencio—. Ana, ¿quién demonios era? Parecía el dueño del mundo.

—No lo sé —respondió Ana con un hilo de voz—. Y no quiero saberlo. Mañana esto será solo una mala anécdota. Mañana volveré a mis planos, a mi café y a Miguel.

Se convencía a sí misma de que la normalidad era un escudo impenetrable. Al llegar a su calle, la familiar hilera de casas modestas con fachadas que necesitaban una mano de pintura le devolvió una falsa sensación de seguridad. Pagó el taxi y se despidió de sus amigas con un abrazo rápido, deseando desesperadamente refugiarse en los brazos de Miguel y olvidar el perfume amaderado de Matteo que parecía haberse quedado pegado a su piel.

Sin embargo, al acercarse a su porche, la seguridad se hizo añicos. La luz de la sala estaba encendida, pero no era la luz cálida de una noche de estudio. Era una claridad frenética. La puerta principal estaba entornada.

Al entrar, el corazón le dio un vuelco. Su madre, Teresa, estaba sentada en el sofá, con el rostro desencajado y las manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos. Miguel estaba a su lado, hablando por teléfono con una expresión de gravedad que Ana nunca le había visto.

—¿Mamá? ¿Miguel? ¿Qué pasó? —el grito de Ana rasgó el aire denso de la sala.

Miguel colgó el teléfono y se levantó de un salto para sostenerla. Sus ojos color miel, que siempre eran su remanso de paz, estaban nublados por la angustia.

—Ana, amor... es tu padre. Hubo un accidente en la fábrica textil del sector norte.

El mundo de Ana se tambaleó. Lorenzo, su padre, siempre había sido el roble de la familia. Un hombre de pocas palabras pero de un sacrificio infinito.

—¿La fábrica textil? Pero... papá no tenía turno hoy —balbuceó Ana, sintiendo que el oxígeno le faltaba—. Él dijo que descansaría.

Teresa rompió en llanto, un sonido quebrado que atravesó el alma de su hija.

—Fue a cubrir a un amigo, Ana. A Julián. Julián está enfermo y necesitaba el dinero para sus medicinas, y tu padre... —se interrumpió por un sollozo—. Tu padre quería ganar un extra para ayudarte con los gastos del grado. Se registró con el nombre de Julián para que no hubiera problemas con la nómina.

Ana sintió un frío glacial recorrerle la espina dorsal. Sabía lo que eso significaba. En las fábricas de esa zona de la ciudad, las normas de seguridad eran un mito y los contratos "de palabra" eran la norma. Si Lorenzo estaba allí bajo un nombre falso, técnicamente no existía para la empresa.

—Está en el hospital general —dijo Miguel, guiándola hacia la salida—. Tenemos que irnos ya.

El viaje al hospital fue un martirio de semáforos en rojo y oraciones mudas. Al llegar, la realidad los golpeó con el olor a antiséptico y el caos de las emergencias nocturnas. Un médico cansado los recibió en el pasillo.

—¿Familiares de... Julián Méndez? —preguntó el doctor, consultando una tabla.

—Es mi esposo, pero su nombre real es Lorenzo —corrigió Teresa desesperadamente—. Por favor, dígame cómo está.

El médico suspiró, una señal que nunca presagia nada bueno.

—Hubo una falla en una de las calderas de vapor. La explosión lo alcanzó de lleno. Tiene quemaduras de segundo y tercer grado en el torso y una fractura de cráneo por la caída. Está estable, pero necesita una cirugía reconstructiva inmediata y meses de cuidados intensivos.

Ana sintió que las piernas le fallaban. Miguel la sostuvo con fuerza.

—Haremos lo que sea necesario, doctor. Use lo que tenga que usar —dijo Miguel con determinación.

El médico negó con la cabeza lentamente.

—Ese es el problema. El hospital no tiene los insumos para una cirugía de esa complejidad. Necesitamos trasladarlo a una clínica privada, y los costos de la unidad de cuidados intensivos allí son... exorbitantes. La empresa para la que trabajaba envió a un representante hace una hora.

—¡Eso es bueno! —exclamó Teresa con una chispa de esperanza—. Ellos se harán cargo.

—No lo harán —sentenció el médico con amargura—. Como el trabajador registrado era el señor Méndez, y quien sufrió el accidente fue su esposo, la empresa alega suplantación de identidad y fraude. Dicen que el seguro no cubre a alguien que no figura en la nómina. Han retirado cualquier oferta de ayuda.

Ana sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Todo el esfuerzo, los años de estudio, los ahorros para el apartamento con Miguel... todo se desvanecía ante la imagen de su padre luchando por su vida en una camilla de pasillo.

—¿Qué empresa es? —preguntó Ana, con una voz que no reconoció como suya. Su mente, entrenada en la lógica de la ingeniería, buscaba un responsable, un punto de apoyo—. Tiene que haber un dueño, alguien con quien hablar.

Miguel bajó la mirada, apretando los puños.

—Pregunté lo mismo en la recepción. Es parte del conglomerado textil del norte. Dicen que el dueño es un tal Moretti.

El nombre golpeó a Ana como un impacto físico. Moretti. El hombre de los ojos letales. El hombre que la había rodeado de guardaespaldas mientras ella hablaba de su felicidad con Miguel. El hombre que le había dicho: "Tarde o temprano, serás tú quien me busque".

La ironía era tan cruel que estuvo a punto de reír de pura histeria. El mismo hombre que le había prometido destruir su "mañana" acababa de hacerlo, sin siquiera saber que el obrero herido en su fábrica era el padre de su "elegida".

Pasaron las horas en la sala de espera. Miguel intentaba consolarla, haciendo cuentas mentales de lo que podrían reunir vendiendo su pequeño coche y usando los ahorros de la boda. Pero ambos sabían que no sería ni la décima parte de lo necesario.

Ana observaba a Miguel. Su novio, el hombre que amaba, estaba dispuesto a darlo todo por ella. Pero su "todo" no era suficiente contra el imperio de un mafioso. La brecha entre su mundo de sueños sencillos y el mundo de poder de Matteo Moretti era un abismo infranqueable.

Miró a sus padres. Su madre rezaba un rosario desgastado, con los ojos hinchados de tanto llorar. Su padre estaba detrás de esas puertas dobles, debatiéndose entre la vida y la muerte por haber querido ganar unos billetes extra para su título de ingeniera.

Un pensamiento oscuro y necesario empezó a formarse en su mente. Matteo no la había dejado ir por bondad; la había dejado ir porque sabía que la vida la pondría de rodillas ante él. Y la vida acababa de cumplir su parte del trato.

—Voy a tomar un poco de aire —le dijo a Miguel, dándole un beso casto en la mejilla que supo a despedida, aunque él no lo supiera.

Salió al estacionamiento del hospital. El aire de la madrugada era frío. Sacó su teléfono y buscó en el registro de llamadas. Tenía un mensaje de un número desconocido que le había llegado justo al salir de la discoteca, uno que no se había atrevido a abrir.

"Cuando la realidad de tu mundo pequeño se rompa, estaré esperando. No tardes demasiado, Ana. El tiempo es un lujo que tu familia no tiene."

Ana cerró los ojos, dejando que una sola lágrima rodara por su mejilla. El destino la había acorralado. Por su padre, por su futuro, por la supervivencia de su hogar, tendría que cruzar la línea que juró nunca tocar.

Guardó el teléfono, se limpió la cara y, con el corazón convertido en piedra, supo que el próximo hombre al que miraría a los ojos no sería Miguel, sino el monstruo que sostenía la vida de su padre en sus manos.

Miró el anillo de promesa que Miguel le había dado meses atrás. Era sencillo, honesto, puro. Pero el hospital no aceptaba promesas, solo aceptaba oro y poder. Ana comprendió que para salvar la vida de su padre, tendría que entregar lo único que le pertenecía por completo: su futuro, su paz y esa inocencia que Matteo Moretti ya había tasado en su mente.

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Edith Zenteno
que paso se supone que al otro día del compromiso Miguel les hizo llegar un diario con fotos de ella y Matteo y cuando fue a verlos ahí la hecharon y ahora recién despertó Lorenzo y recién la hechan ?? creo que la escritora no sabe lo que escribe ho hay más de una escribiendo sin leer lo anterior
Edith Zenteno
esta un poco fome y sin detalles si hacen el amor es como un tramite además aparentemente como no dicen nada no se están cuidando, puede salir embarazada 🤔
Edith Zenteno
y la mamá?
consuelo Rojas bernal
excelente me pareció esta historia y que no sé extendió tanto ... 👏🏻❤️
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
felicitaciones me gusto
sarais del valle perez medina
Eres un idiota.... te veré caer Miguel
Libian Ruiz
Me encanta simplemente hermosa Historia eso es lo que me gusta que sea unas mujeres que no se dejan de nadie ❤️👏👏👏👏👏🥰
JZulay
Miguel te estás metiendo en problemas...🙊
vas hacer que te maten y te tiren en una sanja 🤷🏼
JZulay
miserable 😤 patán...
JZulay
sacrificios !!! 🤦🏼
Sara Ximena
fascinante /Ok/
Mildred Álvarez
ese desgraciado le tendió una trampa.
Mildred Álvarez
muy intrigante
Mildred Álvarez
yo creo que el novio el tal Miguel debe estar engañandola con alguna de las amigas.
montserrat ceron
que buena historia, gracias
Luz Adriana Fandiño
ya quiero a Matteo
Luz Adriana Fandiño
según entiendo Ana también es de una familia pudiente.... este conflicto está bueno
Solisbella ortuño
huy me encantó !
JANET GARZÓN
entonces la familia de Mateo mató a los padres de Ana solo que el no sabe que ella es la heredera Castellanos eso lo sabe Miguel por eso se quería casar con ella
Blalis Pincón
y quien escribió eso si ya el padre estaba muerto
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