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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:204
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Larss y lo que no expresa

El camino hacia el siguiente aliado —una mujer que, según los rumores, dirigía uno de los clubes de motociclistas más temidos de la región— los llevó a través de un paso montañoso que ninguno de los seis conocía bien. Larss había insistido en esa ruta precisamente por eso: menos transitada significaba menos ojos de la guardia real, aunque también significaba menos certeza sobre qué otros peligros podían encontrarse.

Los cinco hombres que le quedaban a Larss caminaban en formación cerrada, sin necesitar que nadie les diera la orden — un hábito que, entendió Blanck observándolos, se había convertido en instinto de supervivencia después de tantos meses siendo cazados.

—Habla poco —comentó Isolde, caminando junto a Kate, ambas observando a Larss unos pasos adelante, dando instrucciones breves y precisas a sus hombres—. Desde que salimos, apenas ha dicho lo necesario.

—Algunas personas cargan mejor el peso en silencio que en palabras —respondió Kate, sin apartar la vista de él—. No significa que no sientan nada. Solo que decidieron, en algún momento, que sentir en voz alta no les servía de nada.

—¿Hablas por experiencia?

Kate no respondió de inmediato, y esa fue, de alguna forma, toda la respuesta que Isolde necesitaba.

El ataque llegó sin aviso, al caer la tarde, cuando el grupo cruzaba un desfiladero estrecho que no dejaba mucho espacio para maniobrar. No fue la guardia real — fue algo peor, una banda de mercenarios que operaba en la zona, atraídos probablemente por el rumor de que un fugitivo con recompensa viajaba por esos caminos.

Salieron de entre las rocas por ambos lados, más de veinte hombres armados, cortando cualquier posibilidad de retirada ordenada.

—¡Formación! —gritó Larss, y sus cinco hombres respondieron de inmediato, cerrando filas con una precisión que solo meses de entrenamiento compartido podían producir.

Blanck se lanzó al frente, el fuego envolviendo sus puños, derribando a los primeros atacantes con una facilidad que dejaba claro por qué era considerado uno de los siete más poderosos del mundo. Kate se movía entre los mercenarios con su lanza, cada golpe calculado, sin ningún movimiento desperdiciado. Isolde, con su brazo mecánico ya completamente adaptado, sorprendía a cada enemigo que subestimaba su apariencia frágil con una fuerza que ya no tenía nada de frágil.

Fue Larss quien recibió el golpe que nadie esperaba.

Un mercenario, desesperado, logró clavarle una espada directo en el costado, un golpe que en cualquier hombre normal habría sido mortal en cuestión de segundos. Larss cayó de rodillas, la sangre escapando entre sus dedos mientras trataba de contener la herida.

—¡Larss! —Uno de sus hombres corrió hacia él, el pánico rompiendo por primera vez la disciplina de todo el grupo.

—Alto. —La voz de Larss, aunque debilitada, mantenía la misma autoridad de siempre—. Contengan la línea. No se detengan por mí.

Blanck, a mitad de un combate propio, sintió el pecho apretarse ante la escena — pero antes de que pudiera moverse hacia él, algo empezó a cambiar.

Larss se mantuvo de rodillas, la respiración pesada, contando en silencio algo que solo él parecía entender. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco segundos exactos desde el golpe.

Y entonces, ante los ojos de todos, la herida empezó a cerrarse.

No fue instantáneo — fue un proceso visible, casi doloroso de observar, la carne recomponiéndose con una velocidad que ningún ser humano común debería poseer. Cuando terminó, Larss se levantó, más lento de lo normal, pero de pie.

—¿Qué... —Isolde no pudo terminar la pregunta, la sorpresa cortándole las palabras.

—Explicaciones después. —Larss ya volvía a moverse hacia la batalla, su voz cargada ahora de algo más frío, más contenido, como si la herida hubiera despertado una parte de él que prefería mantener dormida—. Ahora terminemos esto.

La segunda mitad del combate fue distinta. Larss peleaba con una intensidad que no había mostrado antes, cada golpe más certero, más despiadado que el anterior — no descontrolado, pero sí con un filo que ninguno de sus hombres parecía sorprendido de ver, como si ya conocieran esta versión de su líder de encuentros anteriores.

Cuando el último mercenario cayó, el desfiladero quedó en silencio, solo interrumpido por la respiración agitada de todos los presentes.

Esa noche, mientras el grupo acampaba lejos ya del desfiladero, Kate encontró a Larss sentado solo, apartado del resto, revisando el estado de su propia herida —ya completamente cerrada, sin dejar más que una cicatriz fresca— con una calma que contrastaba con lo que Kate había presenciado horas antes.

—¿Puedo sentarme?

Larss la miró un momento, evaluándola de la misma forma metódica con la que parecía evaluar todo, antes de asentir sin decir nada.

—Nunca había visto algo así —dijo Kate, sentándose a una distancia respetuosa—. Curarte de una herida mortal en segundos.

—Es parte de lo que soy. Algo que descubrí hace años, de la peor forma posible. —Larss no ofreció más detalles de inmediato, y Kate no insistió—. No me gusta que la gente lo sepa. Cambia cómo te ven. Empiezan a tratarte como un arma, en vez de como una persona.

—Lo entiendo mejor de lo que crees. —Kate observó sus propias manos, curtidas por años de reconstruir lo que la guerra destruía—. La gente de mi pueblo me mira distinto desde que empecé a pelear en serio. Como si dejara de ser Kate para convertirme en "la guerrera". Es agotador, que te reduzcan a una sola cosa.

Larss la miró entonces, algo parecido al reconocimiento genuino cruzando su expresión — la primera vez, desde que se conocieron, que parecía verla realmente en vez de solo evaluarla como una pieza más de una alianza necesaria.

—¿Cómo lo manejas? Lo de que te reduzcan.

—No lo manejo del todo. Solo decido, cada día, que la gente que de verdad me importa siga viéndome completa, aunque el resto del mundo no se moleste en hacerlo. —Miró hacia donde Blanck e Isolde conversaban en voz baja junto al fuego principal—. Y me aseguro de devolverles el mismo favor.

Larss se quedó en silencio un largo momento, procesando algo que parecía costarle más esfuerzo del que cualquier batalla le había costado en todo el día.

—Tuve una esposa. Hace años. —Las palabras salieron despacio, como algo que llevaba mucho tiempo sin decir en voz alta—. Murió antes de que yo entendiera del todo lo que esta habilidad me quitaba, además de lo que me daba. Cuanto más peligrosa era la herida, más fuerte volvía yo. Pero también, cada vez, algo en mí se quedaba un poco más lejos de sentir las cosas como las sentía antes. Como si mi cuerpo hubiera decidido que sobrevivir importaba más que seguir siendo blando.

—¿Y crees que eso es un problema?

—Creo que algún día, alguien va a necesitar que sea blando con ellos. Y no sé si todavía sé cómo hacerlo. —Su voz se volvió casi inaudible—. Empiezo a temer que perdí esa parte de mí en algún punto del camino, sin darme cuenta de cuándo pasó exactamente.

Kate lo observó, sin ofrecer ninguna respuesta fácil, porque no la tenía.

—Entonces aprende de nuevo. —Fue todo lo que dijo, con la misma firmeza práctica con la que decía casi todo—. No es tarde para nadie que todavía se preocupa lo suficiente para preguntárselo.

Larss no respondió a eso. Pero cuando Kate se levantó para volver al fuego principal, él se quedó mirando las llamas un rato más, las palabras de ella dándole vueltas de una forma que no esperaba que ninguna conversación le diera esa noche.

A la mañana siguiente, mientras el grupo se preparaba para retomar el camino, Isolde se acercó a Larss con una curiosidad que no había podido sostener callada toda la noche.

—Gracias. Por ayer.

—No hice nada distinto a lo que haría por cualquiera del grupo.

—Lo sé. —Isolde sonrió, algo cálido en el gesto—. Por eso te lo agradezco.

Larss la miró un momento, algo parecido a la incomodidad cruzando su rostro ante un gesto tan directo de calidez — como si no supiera del todo qué hacer con ella.

—De nada —dijo, finalmente, la respuesta torpe pero genuina.

Fue un intercambio pequeño, casi insignificante frente a todo lo que se avecinaba. Pero Blanck, observando desde la distancia, sintió que algo importante acababa de pasar — el primer indicio real de que Larss, bajo toda esa disciplina fría, todavía guardaba algo capaz de responder al calor de otra persona, aunque le costara encontrar las palabras correctas para demostrarlo.

No tenía forma de saber, ni él ni Larss, que aquella misma torpeza —ese instinto de contener el cariño en vez de mostrarlo abiertamente— sería, siglos después, la misma herida que Larss terminaría infligiendo, sin quererlo, a una hija que solo necesitaría de él exactamente lo que en ese momento parecía tan difícil de dar.

Continuará...

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