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Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amor prohibido / Ella Mayor Que Él
Popularitas:24.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Renata creyó que el peor error de su vida había sido amar a un hombre que jamás la quiso.

Durante tres años fue la esposa perfecta de Rodrigo, soportando humillaciones y sacrificios con la esperanza de que algún día él la mirara con amor. Pero la noche de su tercer aniversario descubre la verdad más cruel: su esposo la engaña con Daniela, su propia hermana, la mujer que desde niña le arrebató todo lo que alguna vez quiso.

Decidida a recuperar su dignidad, Renata pide el divorcio y jura no volver a depender de ningún hombre. Sin embargo, cuando cree haber perdido a la única familia que le quedaba, alguien inesperado comienza a sostenerla en silencio.

Adrián siempre estuvo ahí.

Quince años menor que ella. Hermano de su mejor amiga. El hombre al que jamás debería mirar.

Lo que Renata ignora es que Adrián lleva años enamorado de ella, observándola desde la distancia, esperando el día en que pudiera demostrarle que el amor no duele, no humilla y mucho menos traiciona.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Rodrigo estrujó la tarjeta en el puño hasta convertirla en una bola de cartón, y todavía la tenía apretada cuando Daniela entró a su oficina sin tocar.

—¿Y esas flores? —Daniela vio el arreglo de rosas blancas sobre el escritorio, devuelto, con el lazo todavía puesto—. ¿Para quién eran?

—Para nadie. —Rodrigo tiró la bola de cartón a la papelera—. Un cliente.

—Ajá. —Daniela se acercó despacio, sacó la tarjeta arrugada de la papelera antes de que él pudiera impedirlo, la desdobló y la leyó. La cara se le fue endureciendo línea por línea—. Un cliente. Rosas blancas y una nota para "conversar como adultos". ¿Desde cuándo le mandas flores a los clientes, Rodrigo?

—Daniela, no empieces.

—¿Que no empiece? —La voz le subió—. Se las mandaste a ella. A mi hermana. Le estás rogando.

—No le estoy rogando nada. —Rodrigo se levantó, cansado—. Es estrategia. Necesito que ese divorcio se detenga porque tu papá congeló la fusión hasta que las cosas se calmen. Es negocio, Daniela. Puro negocio, ya te lo expliqué.

—Negocio. —Daniela dejó caer la tarjeta—. Todo es negocio contigo cuando se trata de ella, y todo es amor cuando se trata de defenderla. Media hora almorzando con mi papá para hablar de Renata, papeles para no divorciarte de Renata, rosas blancas para Renata. ¿Y yo qué soy? ¿El entretenimiento mientras esperas que la señora vuelva?

—No hagas una escena.

Y ahí, Rodrigo cometió el error de darle la espalda para servirse un trago, y Daniela, que llevaba treinta años perfeccionando el arte de no ser ignorada, supo exactamente qué hacer.

Se llevó la mano al pecho.

Primero fue un gesto pequeño, casi imperceptible, mientras dejaba escapar un jadeo corto. Después el jadeo se volvió más hondo, más difícil, y Daniela dio un paso atrás tambaleándose, buscando el respaldo de la silla con la mano libre.

—Rodrigo. —La voz le salió entrecortada—. Rodrigo, no… no puedo respirar bien.

Él se giró con el vaso en la mano y la vio doblada, pálida, apretándose el pecho, y el fastidio se le convirtió en algo parecido al pánico.

—Daniela.

—El corazón. —Ella se dejó caer sobre la silla, con los ojos entrecerrados, la respiración silbante—. Ya sabes que… que no puedo con las emociones fuertes. El médico dijo… dijo que un disgusto muy grande podía… —Se le apagó la voz, la cabeza le cayó hacia un lado.

Rodrigo soltó el vaso y llegó a ella en dos zancadas, arrodillándose, tomándole la cara.

—Daniela, mírame. Mírame. ¿Llamo a un médico? ¿Dónde tienes las pastillas?

—No… —Ella entreabrió los ojos, débil, y le apretó la mano contra su pecho—. No es tan grave si me calmo. Solo… solo necesito saber que no me estás dejando por ella. Que no fui una idiota por creerte. Dímelo y se me pasa.

Y ahí, con la mano de él sobre su pecho sintiéndole el corazón que ella hacía latir a propósito rápido y desordenado, conteniendo la respiración lo justo para ponerse pálida, Daniela lo miró con los ojos húmedos y esperó.

Rodrigo tragó saliva.

—No te estoy dejando por ella. —Las palabras le salieron por reflejo, por miedo, por el peso muerto de esa cabeza contra su hombro—. Cálmate. Respira. No pasa nada.

—¿Me lo juras?

—Te lo juro. Respira.

Daniela dejó salir el aire despacio, dejó que el color le volviera poco a poco a la cara, permitió que el "susto" se disolviera con una lentitud calculada, y se acomodó contra el pecho de Rodrigo con una sonrisa que él, desde ese ángulo, no alcanzó a ver.

—Perdón. —Susurró ella—. Es que te quiero tanto que me hace daño. Literalmente.

Rodrigo la sostuvo en silencio, con la mandíbula apretada, sintiéndose usado y sin poder probarlo, porque la duda —¿y si de verdad le da algo, y si de verdad tiene el corazón malo?— era exactamente la cadena con la que Daniela lo tenía amarrado desde hacía meses.

Pero esa noche, ya solo en su casa, con el silencio de una mansión sin nadie que le confirmara las cenas ni le planchara las camisas, Rodrigo hizo cuentas.

Sin Renata, la fusión se caía. Sin Renata, Armando lo trataba como a un extraño. Sin Renata, su vida entera se desarmaba pieza por pieza. Y Daniela, la niña por la que había arriesgado todo, no le abría una sola puerta, no le servía para un solo negocio, no era más que un peso muerto que fingía infartos cada vez que él miraba hacia otro lado.

Se había equivocado. Esa era la verdad que llevaba semanas sin querer mirar de frente. Había cambiado a la esposa útil por la amante inútil, y ahora las dos se le escapaban de las manos, cada una a su manera.

Al día siguiente, Daniela llegó a la oficina con un vestido nuevo y una sonrisa, dispuesta a cobrar la reconciliación de la víspera, y encontró a Rodrigo de espaldas, mirando por la ventana, sin voltearse a saludarla.

—Traje almuerzo para los dos. —Daniela dejó la bolsa sobre el escritorio—. Pensé que después de anoche podíamos—

—Fue un error.

Daniela se detuvo con la bolsa a medio abrir.

—¿Qué?

—Lo nuestro. —Rodrigo se giró, y en su cara no había rastro del hombre asustado de la víspera; había el cálculo frío del que ya hizo sus cuentas—. Fue un error, Daniela. Desde el principio. Me dejé llevar, arruiné mi matrimonio, arruiné la fusión con tu papá, y todo por algo que… —hizo un gesto vago con la mano— …que no llevaba a ningún lado. Tú y yo no llevamos a ningún lado.

—No puedes hablar en serio. —Daniela sintió que el suelo se le movía—. Anoche me juraste—

—Anoche pensé que te estaba dando un infarto. —La miró a los ojos—. Y hoy amanecí dándome cuenta de que llevas meses fingiéndolos. No soy idiota, Daniela. El corazón se te acelera muy convenientemente cada vez que necesitas algo.

Daniela se quedó blanca de verdad esta vez, sin fingir nada, con la bolsa del almuerzo temblándole en las manos.

—Así que era eso. —La voz le salió baja, ronca—. Todo este tiempo. Yo dejándolo todo por ti, peleándome con mi familia, exponiéndome delante de todo el mundo, ¿y para ti no fui más que la excusa para escaparte de tu matrimonio aburrido?

—Daniela, no lo pongas así—

—¿Y ahora qué? —Dejó caer la bolsa sobre el escritorio de golpe—. Ahora que te aburriste de mí, ¿vuelves con Renata, le mandas tus rosas, y los dos fingen delante de todos que son la pareja perfecta? ¿Y yo me quedo aquí, sola, haciendo el ridículo, mientras ustedes dos me miran desde arriba con lástima?

—Baja la voz.

—¡No me da la gana bajar la voz! —Daniela cruzó la oficina y se plantó frente a él, y ya no había una sola lágrima, ya no temblaba, ya no era la niña frágil del corazón malo; le brillaban los ojos de pura rabia—. Escúchame bien, Rodrigo. Estás loco si crees que me voy a quedar sentada viendo cómo vuelves con ella. Loco. Yo no soy Renata. A mí no me tiras a un lado y me recoges cuando te conviene. A mí no me humillas y esperas que sonría y aguante.

—Nadie te está humillando.

—Me acabas de botar como a un perro. —Se le quebró la voz un segundo, y enseguida la endureció—. Pero óyeme esto: si crees que voy a dejar que tú y mi hermana sean felices mientras yo lloro en un rincón, no me conoces. Primero la mato. Antes de verla ganar, de verla con su matrimonio perfecto o con quien sea que ande revolcándose ahora, prefiero verla en un cajón.

Rodrigo se quedó frío.

—Daniela, no digas estupideces.

—No es una estupidez. —Ella agarró su cartera, y en la puerta se giró una última vez, con una calma que daba más miedo que sus gritos—. Toda la vida ha tenido lo que yo quiero sin siquiera pelearlo. El trabajo, el respeto, ahora hasta a ti, que eras lo único que era mío. Se acabó. No puedes jugar conmigo y después botarme como si no valiera nada, Rodrigo. Nadie puede. Y ella menos que nadie.

Salió dando un portazo, y Rodrigo se quedó solo en la oficina, con el almuerzo enfriándose sobre el escritorio y un frío incómodo en la nuca, porque por primera vez en meses no supo distinguir cuánto de lo que Daniela acababa de decir era teatro, y cuánto iba en serio.

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Hannah@#
Hay no a esta que le importa, no q su mejor amiga, pueden ser felices todos juntos. O es la hermana tóxica loca 😒😒🙄
Hannah@#
No hay nada AÚN 🤣🤣🤣🤣 Después no se 🤔🤣🤣🤣🤣
Elisabeth Mateus
totalmente de acuerdo es una pendeja
Mercedes Jimenez
que te pasa piensa en el bebé 😡
Sakura
lo voy a dejar y me disculpa la autora pero Renata eres pendeja o te haces estas embarazada por diós 😡 ya no estás sola tenías que decirle a alguien
Monikita🌹🇻🇪🌹: Jajajajaja Autora lo único ue te respalda es que Adrian siempre párese en sus momentos más feos🤭🤣🤭🤣🙏🤣 espero a ver con que nos sorprendes y que sea rápido. 🌹💝🌹
total 3 replies
Betty Saavedra Alvarado
Renata vas a pisar el palito vas a exponerte tu vida correra peligro
Betty Saavedra Alvarado
Renata pusiste tu vida en peligro junto con la de bb no pensaste que podía ser una trampa ahora Adrián y Ximena a buscarte para que te encuentren
keila arias
No entiendo porque sigue siendo tan estúpida come moco
Maria Gonzalez Gonzalez
ay y de seguro la mensa va a ir tal cual 😡😡😡🤔 que cliché más barato 🤔
Mercedes Jimenez: sierto se pasá de mensa 🤨
total 1 replies
mariela
Muy buen plan con una estrategia perfecta que los exponga en esa gala para ver hasta donde llega Cárdenas con su poder ese engendro del mal hasta cuando se van a salir con la suya después de haber asesinado a Elena.
mariela
Por fin Ximena lo pensó y leyó la carta fue hablar con Renata como la amiga y hermana que siempre fueron ahora a tratar de corregir el error de haber alejado a Adrián y Ximena no sabe que está embarazada y va a ser tía.
Yuse Rivera
Wuao...que capitulo!!!
quedé sorprendida por toda la redacción
Mi imaginación, recreo toda la escena 👏👏👏
Felicidades autora ☺️🎆
Maria Gonzalez Gonzalez
ay autora a veces a las protagonistas las pones bien mesas y bien idiotas y necias 😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Renata tan dañada estás que crees que no mereces ser feliz con un hombre que te ama independientemente de la edad 🤔😭😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
Rodrigo ni para dar hijos fue bueno, jajajaja jajajaja
Maria Gonzalez Gonzalez
santa cachucha ya está un bebé a bordo 🤔
Rocio Gil
por fin de aviso renata
Sakura
muy bien que salga toda la verdad
Sakura
que bueno que se reconciliaron
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida,le miente a Adrián qué la apoya y la ama uno lleva hace frente a los asquerosos que la humillan y le destrozan con mentiras
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