Laura lo tenía todo: un esposo millonario, una carrera exitosa, y el amor de sus hijos. Pero el pasado no perdona. Y el suyo está a punto de volver para cobrarse el precio.
Un viaje soñado a Colombia se convierte en la peor de las pesadillas. Los Zetas los secuestran. Andrés, su hijo de cuatro años, es arrancado de sus brazos. Y Valeria, la ex esposa de Alfred, ha vuelto de la cárcel con una sola misión: hacerle pagar cada minuto que pasó encerrada.
En medio de la selva, sin armas, sin aliados y sin esperanza, Laura deberá tomar el mando. No es una heroína. Nunca quiso serlo. Pero cuando se trata de proteger a los suyos, no hay línea que no esté dispuesta a cruzar.
"El precio de tu amor 2: El regreso" — una novela de acción, romance y supervivencia. La espera terminó. La venganza comenzó.
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Capítulo 17: El Reencuentro.
CAPÍTULO 17: "El Reencuentro"
El puesto fronterizo era un edificio pequeño, de paredes blancas y techo de zinc. Adentro, olía a café y a desinfectante. Laura se sentó en una silla de plástico, con Andrés dormido en su regazo. Que ya no podía llorar, porque las lágrimas se le habían secado en la selva.
Alfred estaba a su lado, con la cabeza gacha, mientras Sofía le acariciaba el pelo a su hermano. Patricia y Roberto dormían en una esquina. Daniela hablaba con un oficial.
—Señora McCormick —dijo un policía, acercándose—. Tenemos comunicación con Estados Unidos.
Laura levantó la vista.
— ¿Mi suegra?
—Sí. Está al teléfono.
Laura tomó el auricular con manos temblorosas.
— ¿Margaret?
— ¡Laura! ¡Gracias a Dios! ¿Estás bien? Dime Sofía. ¿Y Alfred? ¿Andrés?
— ¿Están heridos?
—Nada grave.
— ¿Dónde están?
—En la frontera de Colombia.
—Ya sé. Estoy coordinando el rescate. Un avión sale en unas horas.
—Gracias.
—No me agradezcas. Cuida a mi hijo y a mis nietos.
—Lo haré.
Colgaron. Laura sintió un peso menos sobre los hombros. Una hora después, el oficial les ofreció usar un teléfono satelital.
—Pueden llamar a sus familias —dijo.
Laura tomó el teléfono. Marcó el número de su casa. La casa que había construido con Alfred. La casa donde estaba Andrea su madre.
— ¿Diga? —la voz de Andrea se escuchó al otro lado.
—Soy yo, mami.
— ¡Laura ¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Alfred y los niños están contigo?
—Estamos bien, y en unas horas vamos a volver.
— ¿Cuándo?
—Pronto.
— ¿Y Andrés cómo sigue?
—Está durmiendo. Está bien. Sofía te manda un beso
—Dale un beso de mi parte también. Y cuídense que ya me tenían preocupada.
—No te preocupes, que ya lo más malo pasó.
—Bien, a penas llegues al aeropuerto me timbras.
—Tranquila mami, que te contacto enseguida.
—Voy a esperar tu llamada. Un beso.
—Otro para ti también. Te quiero mami.
Laura colgó. Las lágrimas por fin, rodaron por sus mejillas. Alfred la abrazó.
—Vamos a volver —dijo.
—De eso puedes estar segura.
—Hubo un momento en que lo dudé, pero aquí estamos.
—Yo siempre supe que íbamos a salir vivos de ese infierno.
En el campamento, Valeria recibió la noticia con furia.
— ¿Llegaron a la frontera? —preguntó, con los dientes apretados.
—Sí —respondió Iván—. La policía los tiene bajo su protección.
— ¿Y ustedes no hicieron nada?
—No pudimos. Cruzaron el río antes que llegáramos.
— ¿Y qué vas a hacer ahora?
—Esperar.
— ¿Esperar a qué?
—A que salgan.
— ¿Y si los escoltan hasta Estados Unidos?
—Entonces los seguimos.
Valeria lo miró con desprecio.
—Eres un incompetente.
—Y tú una loca.
—Soy una loca, pero estoy viva, y tratando de recuperar a mi hija.
—No quisiste obligarla a qué viniera contigo, y este es el resultado.
—No quise forzar las cosas. Recuerda que Alfred mi exmarido y la Víbora de Laura llevaron a Sofía a una visita en la prisión, y la pusieron en mi contra.
—Hubiera sido peor si llegamos a echarle mano a esos malditos, y traíamos a tu hija Sofía en contra de su voluntad.
Iván salió de la cabaña y Valeria se quedó sola. Entonces juró que no iba a rendirse. No después de todo lo que había invertido. Laura McCormick se la iba a pagar.
En el puesto fronterizo Laura y el resto del grupo estaban felices, y ansiosos por el regreso inminente. Varios segundos de conversación con Margaret y luego con Andrea, fueron suficientes para levantar el ánimo de los niños y recuperar la inocencia y la paz que siempre los rodea.
Laura por su parte, nunca perdió la fe en Laura en que su familia se iba a salvar, y eso le dio fuerzas para seguir. Para no derrumbarse. Para seguir adelante y enfrentar todas las encerronas y las trampas que Valeria y los asesinos que la rodean, intenten ponerle en el futuro.