En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 21: Preparativos y el brillo de las altas montañas
Capítulo 21: Preparativos y el brillo de las altas montañas
El viernes por la noche, el apartamento de Oleg estaba sumido en un silencio inusual. A solo veinticuatro horas de la cita, el omeguita se encontraba de pie frente al espejo de su vestidor, sosteniendo tres percheros diferentes. Sus orejas blancas y moteadas se movían de un lado a otro con evidente indecisión, y su larga y pesada cola invernal daba latigazos suaves contra el suelo, delatando el hermoso caos que trained dentro de su pecho.
La universidad ya era un asunto del pasado gracias a sus excelentes calificaciones y al permiso especial por su pasantía; ahora, toda su energía mental estaba concentrada en esa cena de sábado con su imponente jefe.
—No es una cena de negocios, Oleg... concéntrate —se susurró a sí mismo en un hilo de voz, sintiendo el calor subir a sus mejillas en un vivo color carmín.
Terminó decidiéndose por un atuendo que equilibraba a la perfección la elegancia y su necesidad de frío: un suéter de cachemira fina en un tono gris tormenta, un pantalón sastre oscuro que entallaba su esbelta figura y un abrigo largo de lana premium color marfil. Al ponérselo, sus dedos comenzaron a amasar el borde de las mangas de forma inconsciente por los puros nervios, y sus pequeños colmillos superiores mordieron su labio inferior. Se veía pulcro, aristocrático y sumamente hermoso; una joya de las montañas lista para ser descubierta.
El sábado por la noche llegó con un cielo despejado pero un viento gélido que soplaba desde la bahía. Exactamente a las ocho en punto, el rugido sordo y familiar del sedán negro de alta gama resonó en la entrada del complejo residencial de cristal blanco.
Oleg bajó en el elevador con el corazón latiéndole a mil por hora. Al cruzar las puertas automáticas del vestíbulo, vio a Wú Zhìyuān apoyado sutilmente contra el lateral de su vehículo.
El omeguita se detuvo en seco un segundo, y sus orejas dieron un brinco de pura admiración. Si en la oficina el alfa ya era imponente, esta noche rozaba lo irreal. La pantera negra vestía una camisa de seda negra semiabierta en el cuello, un abrigo largo de paño oscuro que acentuaba su ancha espalda y sus hombros dominantes. Sus orejas negras felinas estaban erguidas y atentas, y sus impenetrables ojos amarillos dorados se fijaron en Oleg en cuanto este apareció en la acera.
Zhìyuān recorrió la figura del omega con una fijeza peligrosa y posesiva. En ese instante, el aroma a café amargo y madera oscura del alfa se volvió sumamente espeso y magnético, inundando el aire libre y envolviendo a Oleg de inmediato.
—Buenas noches, Oleg —dijo Zhìyuān, su voz profunda y grave resonando más aterciopelada que de costumbre. Caminó hacia el lado del copiloto para abrirle la puerta con un gesto caballeroso—. Te ves... excepcional.
—Bu-Buenas noches, señor Wú... Gracias. Usted también se ve muy bien —tartamudeó Oleg con timidez, bajando las orejas y ocultando la mitad de su rostro en el cuello de su abrigo mientras subía al auto.
Su gruesa cola se acomodó rápidamente en su regazo, y Oleg la abrazó contra su pecho, buscando un anclaje para calmar el dulce ajetreo de sus latidos. El interior del vehículo ya estaba impregnado con las feromonas de cortejo de la pantera, una marca invisible que hizo que el leopardo de las nieves se relajara por completo en el asiento de cuero.
El trayecto hacia el sector alto del Distrito Norte fue un despliegue de sutiles intenciones. Zhìyuān conducía con calma, pero sus ojos dorados se desviaban constantemente hacia el omega a través del retrovisor. Al cabo de unos minutos, el alfa dominante extendió su mano derecha sobre la consola central, dejándola a solo unos milímetros de los dedos de Oleg.
Oleg, al notar la cercanía, ladeó sus orejas con una intensa y hermosa timidez. Con un movimiento pausado, deslizó su mano texturizada y rozó la palma del alfa. Zhìyuān no dudó: volteó su mano y entrelazó sus dedos con los del omega en un agarre firme, cálido y sumamente protector.
Un ronroneo sumamente bajo, dulce y vibrante escapó del pecho de Oleg en un sutil prusten de absoluta felicidad. En ese auto en movimiento, rodeados por el frío de la noche y con sus manos unidas, Oleg se dio cuenta de que los rumores de la empresa ya no importaban en lo absoluto. Aceptaba con el corazón abierto que esa imponente pantera negra no solo era su jefe o su vecino, sino el alfa dominante al que su propio instinto y su corazón ya habían elegido pertenecer por completo.