Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16
Kamali apretó mi mano.
Por un instante pensé que estaba furioso.
Tal vez había dicho algo que lo había molestado.
Incluso pensé que podría matarme.
Pero ocurrió todo lo contrario.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Mi esposa legítima... —dijo.
Me quedé mirándolo.
Kamali se arrodilló frente a mí.
—Mi princesa consorte, jamás te fallaré.
Su mirada se volvió completamente seria.
—Y si algún día lo hago, córtame la cabeza.
Me quedé completamente sorprendida.
Aquella era, probablemente, la manera más extraña de declararle su amor a alguien.
Pero viniendo de Kamali...
Tenía sentido.
Le sonreí.
—Vamos, esposo. Debo servir el té a mis nuevos padres.
Kamali se levantó.
—Vamos.
Gael, por otra parte, parecía estar desesperándose.
—¡No, Aine!
Intentó acercarse y sujetarme del brazo.
Pero los guardias reales se interpusieron inmediatamente.
—¡Suéltenme! —protestó.
el quería llegar a mi desesperado, Pensaba que iba a cambiar de opinión porque lo amaba demasiado
—Tu tienes que ser mi concubina— grito desesperado luchando con todas sus fuerzas para llegar a mi mientras yo solo lo observo
Kamali se giró.
—¿Concubina?
Su expresión se volvió oscura.
—¿Cómo te atreves a decirle semejante ofensa a mi princesa?
Antes de que Gael pudiera reaccionar, Kamali le dio una patada en el pecho.
Gael cayó al suelo.
—¡Kamali! —lo llamé.
Él seguía furioso.
Me acerqué y tomé nuevamente su mano.
—Vamos.
Kamali me miró.
—No pierdas energía con él. No se lo merece.
Su expresión se suavizó ligeramente.
—Como quieras, esposa.
Y nos alejamos juntos.
Detrás de nosotros, Gael permaneció en el suelo, completamente derrotado.
Por primera vez, entendió que Aine ya no iba a volver con él.
—¿Te sientes mejor? —me preguntó Kamali.
Asentí lentamente.
Antes de que pudiera decir algo más, me tomó entre sus brazos y comenzó a llevarme hacia la entrada
—Príncipe, es de día y no es correcto —dije, sonrojada.
Kamali me miró como si no entendiera cuál era el problema.
—¿Por qué no? Eres mi esposa.
No supe qué responderle.
Después de todo lo que había ocurrido, todavía me resultaba extraño escucharlo decir aquello con tanta naturalidad.
Cuando llegamos al salón de la emperatriz, me bajó finalmente de sus brazos.
Fui a servir el té junto a él.
Al entrar, la emperatriz levantó la mirada.
Sus ojos se abrieron de par en par al verme.
Todo era una enorme sorpresa, me había casado con el principe Kamali y había sobrevivido a la noche de bodas
—¿Aine?
Ella estaba feliz y sorprendida, realmente todos los estaban
—¿Cómo es esto posible, querida? —preguntó finalmente.
Me senté frente a ella y le expliqué todo lo que había ocurrido.
Le conté cómo mi familia había intentado entregarme a Kamali en contra de mi voluntad, cómo me habían drogado y cómo me habían llevado hasta el palacio sin que pudiera decidir nada.
La emperatriz escuchó en silencio.
Su expresión se volvió cada vez más seria.
Cuando terminé, dejó la taza sobre la mesa.
—Entonces no fue tu elección.
Negué con la cabeza.
—No, majestad.
La emperatriz suspiró.
—Siendo así, podemos disolver este matrimonio si eso es lo que deseas.
Apenas pronunció aquellas palabras, sentí cómo Kamali se tensaba a mi lado.
Por primera vez desde que lo conocía, pude verlo verdaderamente nervioso.
—No, madre.
Su voz sonó firme, pero debajo de ella había algo diferente.
Miedo.
Kamali se puso de pie y me tomó de la mano.
—Se lo imploro. Quiero que ella sea mi esposa legítima.
La emperatriz se quedó inmóvil.
Miró a su hijo.
Luego miró nuestras manos entrelazadas.
Era la primera vez que veía a Kamali sentir afecto por alguien.
El príncipe que hacía temblar a todos.
El hombre al que incluso el emperador temía.
Ahora estaba frente a ella, preocupado por la posibilidad de perder a una mujer.
Y esa mujer era yo.
Además, yo no era una desconocida para la emperatriz.
Había sido una persona de su confianza desde que era niña.
Era la hija de su mejor amiga.
La mujer cuya madre había sido una de las personas más importantes de su vida.
La emperatriz me observó durante unos segundos.
Después volvió a mirar a Kamali.
—¿Estás seguro de lo que estás pidiendo?
Kamali apretó mi mano.
—Sí.
No dudó ni un segundo.
—Quiero que Aine sea mi esposa legítima.
Ella miró a su hijo lo conocía bien
—Entiendo —dijo la emperatriz—. Pero quiero saber qué piensa ella y qué es lo que desea.
Kamali giró la cabeza hacia mí de inmediato.
Por primera vez, pude ver miedo en sus ojos.
Tenía miedo de que yo decidiera marcharme.
De que pidiera que disolvieran nuestro matrimonio.
Me acerqué a la emperatriz y me arrodillé frente a ella.
—Emperatriz...
Ella me miró con atención.
—No elegí este matrimonio —dije—. Me engañaron y me obligaron a casarme en el lugar de otra persona.
Bajé la mirada durante unos segundos.
—Pero ahora sé que el príncipe no me hará daño. Y ya no tengo nada que temer.
Miré a Kamali.
Él seguía observándome con tensión, esperando mi respuesta.
—Fui traicionada por mi propia familia y me hicieron casarme contra mi voluntad... pero ahora quiero tomar mi propia decisión.
Respiré profundamente.
—Acepto este matrimonio.
Kamali se quedó completamente inmóvil.
—¿De verdad? —preguntó.
Asentí.
—Sí.
Su expresión cambió por completo.
—¡Aine!
Antes de que pudiera reaccionar, Kamali me levantó entre sus brazos y comenzó a dar vueltas conmigo.
—¡Basta! —exclamé entre risas—. ¡La emperatriz nos está mirando!
Pero a él no parecía importarle absolutamente nada.
—¡Que mire!
Me dio otra vuelta.
—¡Que todos miren!
—¡Kamali!— dije avergonzada
Él finalmente se detuvo, pero siguió sosteniéndome entre sus brazos.
Su sonrisa era tan grande que parecía otra persona.
—Mi esposa —dijo feliz.
Me sonrojé.
—Sí, ya lo sé.
—Mi hermosa esposa.
—Kamali...
—Mi esposa legítima.
La emperatriz observaba la escena con una sonrisa.
Era difícil creer que aquel hombre fuera el mismo príncipe al que todos temían.
Su hijo estaba completamente feliz.
—Miren nada más —dijo ella, soltando una pequeña carcajada—. Está tan feliz que ya no le importa nada.
Kamali ni siquiera intentó negarlo.
Solo me abrazó con más fuerza.
—No me importa —respondió tranquilamente—. Mientras ella esté a mi lado, pueden mirar todo lo que quieran.
La emperatriz se rio nuevamente.
Y yo escondí el rostro contra el pecho de Kamali, completamente avergonzada.
Por primera vez, aquel matrimonio que había comenzado como una tragedia comenzaba a sentirse como una decisión que realmente me pertenecía.