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Renací para dejar de perseguirte

Renací para dejar de perseguirte

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Autosuperación / Amor eterno / Amante arrepentido / Multi-reencarnación / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: mejiku

Durante seis años, Renata amó en silencio a Dante Alcázar, el magnate más frío y codiciado de la ciudad… y durante seis años él la trató como a un mueble caro dentro de su mansión. La noche de su aniversario, Renata muere salvándolo de un auto que se lanzó contra él. Su último pensamiento es una promesa: "En otra vida, me apartaré para que seas feliz".

Entonces abre los ojos. Tiene veintidós años otra vez. Faltan seis años para esa boda que la destruyó, y el destino acaba de regalarle algo que casi nadie recibe: una segunda oportunidad.

Esta vez, Renata no piensa perseguir a nadie. Va a dejar que Dante se quede con su amor de juventud. Va a salvar a las dos amigas que el futuro condenó a la tragedia. Va a levantar su propio imperio con secretos que solo ella conoce. Y va a cobrarles, una a una, cada humillación a la familia que la vendió como moneda de cambio.

Hay un solo problema en su plan perfecto: el hombre de hielo que la ignoró en su primera vida ahora no puede apartar los ojos de ella. Cuanto más se aleja Renata, más la persigue Dante… como si él también recordara algo que jamás debería recordar.

¿Y si la segunda oportunidad no era para huir del amor, sino para hacerlo bien?

NovelToon tiene autorización de mejiku para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Al llegar a su cuarto silencioso, Renata se sentó al borde de la cama. El dolor en la espalda por el golpe del tablón de la noche anterior seguía presente, pero tenía la mente mucho más puesta en su futuro financiero. Abrió la laptop y de inmediato revisó los movimientos del mercado.

Por sus recuerdos de la vida anterior, Renata sabía con exactitud que esa misma semana habría una acción del sector tecnológico cuyo valor estallaría hasta quintuplicarse en poco tiempo por los rumores de una gran adquisición. Con plena confianza, decidió colocar unos 30.000 dólares en esa acción. Tras completar la compra, cerró la laptop con un suspiro de alivio. Despacio, recostó el cuerpo cansado y al fin se quedó dormida, tratando de darle descanso al cuerpo y al corazón, exprimidos hasta la última gota.

Mientras tanto, en ese mismo momento, la atmósfera dentro del despacho de la lujosa mansión de los Alcázar se sentía sofocante. Dante estaba plantado frente a un imponente escritorio de teca, cara a cara con su abuela, doña Amalia Alcázar, una anciana de gran autoridad que llevaba las riendas de las normas y tradiciones de todo el clan.

—Termina tu relación con Bianca, Dante. Aléjate de esa modelo ahora mismo —dijo la abuela Amalia con una voz serena pero cargada de un peso absoluto—. Bianca no es la chica adecuada para ser tu compañera de vida, y mucho menos para encabezar a la familia Alcázar en el futuro. Lo de la plaza central anoche demostró de sobra que solo trae problemas y peligro por su propia imprudencia.

El rostro de Dante se endureció al instante. Apretó la mandíbula, conteniendo la rabia que de pronto le abrasaba el pecho.

—Abuela, lo de anoche fue pura desgracia. Bianca fue la víctima. ¿Por qué siempre busca un resquicio para culparla y rechazarla? —protestó Dante, alzando la voz, reprimiendo el arrebato de ira.

La abuela Amalia contempló a su nieto con una mirada fría, sin el menor destello.

—Nuestra familia necesita una mujer elegante, de peso, capaz de cuidar su propio honor y su seguridad, no una mujer egoísta aficionada a andar callejeando en lugares públicos sin medir las consecuencias hasta ponerte a ti en aprietos. Mi decisión está tomada, Dante. Déjala.

—¡Jamás voy a dejar a Bianca, abuela! —estalló Dante al fin, perdiendo el control. La respiración le subía y le bajaba, agitada. Sin esperar más respuesta de su abuela, giró sobre sus talones, furioso, y salió a zancadas del despacho dando un portazo tan violento que el eco de su enfado envolvió todo el corredor de la mansión.

A la mañana siguiente, en el campus, la luz del sol bañaba con calidez el pasillo del edificio de la facultad. Renata caminaba hacia su aula cuando, de pronto, un grito agudo pronunció su nombre.

—¡Rena!

Romina, su amiga del alma, corría a toda prisa desde lejos, con la cara enrojecida y los ojos anegados. En cuanto llegó frente a Renata, la abrazó con tanta fuerza que a esta se le escapó un gesto de dolor por el hombro.

—¡Rena, por Dios! ¡Ya no sé ni qué decirte! —se le desbordó el llanto a Romina, aunque era un llanto de felicidad desbordante. Deshizo el abrazo y le sujetó ambos hombros con las manos temblorosas.

Renata sonrió con dulzura.

—Oye, ¿por qué lloras? ¿Qué pasa, Romina?

—Las deudas de mi familia, Rena... ¡Las deudas de mis padres, acumuladas durante años, quedaron todas saldadas hoy! —exclamó Romina en un susurro cargado de emoción—. Todo gracias a las acciones que me recomendaste la semana pasada. Me atreví a usar los ahorros de emergencia para comprarlas, ¡y su valor se disparó tan alto que se multiplicó muchísimas veces! Esta mañana papá lo liquidó y pagó todo lo que le quedaba al usurero.

Romina se enjugó de nuevo las lágrimas que se le escapaban y miró a Renata como si tuviera delante a un ángel salvador.

—Mi familia de verdad se liberó de esas deudas que nos volvían locos cada noche, Rena. Eres increíble, ¿cómo pudiste saber que esa acción iba a subir tanto? Muchísimas gracias. Salvaste el futuro de mi familia.

Al oír aquello, Renata sintió una calidez inmensa recorrerle el corazón. Cambiar el destino aciago de las personas que la querían de verdad valía más que cualquier otra cosa.

—Solo por casualidad analicé bien el mercado, Romina. Me alegro muchísimo de oírlo. Ahora tú y tu familia pueden dormir tranquilos, sin angustiarse más —respondió Renata con sinceridad, tomando de la mano a su amiga para entrar juntas al aula.

El ambiente de la cafetería del campus aquel mediodía era bullicioso y estaba repleto de estudiantes que se desahogaban tras una jornada cargada de clases. En una mesa de rincón, algo más tranquila, Renata estaba sentada con sus dos amigas del alma, Romina y una tercera compañera, disfrutando del almuerzo. Romina aún sonreía de oreja a oreja cada tanto, aliviada y feliz por el peso financiero que se le acababa de quitar de encima tras la ganancia de la inversión del día anterior.

Renata comía con calma, saboreando estos momentos sencillos que nunca había podido disfrutar en su vida anterior, siempre encerrada en la tristeza dentro de la lujosa mansión de Dante.

Pero la calma en aquel rincón no duró mucho. Un alboroto repentino estalló en la zona central de la cafetería, cerca del puesto de bebidas. Unos chillidos estridentes y unas voces cada vez más altas atrajeron la atención de casi todos los estudiantes.

—¿Qué quieres decir, eh? ¡Me sacaste a propósito de la lista de representantes para el concurso de moda del campus! —gritó Bianca, con el rostro encendido de rabia.

Frente a Bianca, una estudiante de gafas gruesas se mantenía altiva, con los brazos cruzados sobre el pecho. Era la jefa del comité de selección interna y, a la vez, una rival académica que desde hacía tiempo competía ferozmente con Bianca en diversos certámenes del campus.

—¿Sacarte? Por favor, Bianca, no te des tantos aires —replicó la muchacha con un tono despectivo que taladraba los oídos—. Esta selección se basa puramente en las notas y la disciplina. Tú faltas seguido a clase por tus sesiones de fotos allá afuera. ¿No es normal, entonces, que te baje el puntaje y que te reemplace alguien más competente? ¡No mezcles esto con asuntos personales!

—¡Pero tengo una dispensa oficial del decanato! Me estás buscando fallas a propósito porque temes que te haga sombra en la final, ¿verdad? —le espetó Bianca, sin dejarse ganar, avanzando un paso para acorralar a la muchacha.

Al oír el escándalo, Romina le dio un codazo a Renata en el brazo.

—Rena, mira. Ahí está Bianca encarándose con la del comité del concurso. Increíble, qué dramática a estas horas.

Renata apenas echó un vistazo fugaz al foco del alboroto y volvió a bajar la vista a su plato. Su rostro era impasible, sin el menor interés.

—No es asunto nuestro, Romina. Déjalas —respondió escueta. En su interior ya estaba firmemente decidida a no volver a meterse en ningún torbellino de drama relacionado con Bianca ni con el círculo de Dante. Su asunto de salvar la vida de aquella chica la noche anterior estaba zanjado, y no pensaba complicarse todavía más su nuevo destino.

Tras terminar lo que tenía en el plato, Renata se puso de pie.

—Voy a recoger una sopa de pollo caliente al puesto del fondo para llevármela al cuarto —se despidió de sus dos amigas.

Renata rodeó la cafetería hacia el puesto de comida caldosa. Unos minutos después volvía por el corredor central de la cafetería con un grueso tazón de melamina lleno hasta el borde de sopa de pollo, recién sacado de una gran olla hirviendo. El caldo transparente aún borboteaba en pequeñas burbujas, con un vapor espeso que subía recto hacia arriba, esparciendo un aroma intensísimo. Renata avanzaba con muchísimo cuidado, sujetando el borde del tazón con ambas manos, asegurándose de que aquel caldo ardiente no se derramara.

Por desgracia, el camino hacia su mesa la obligaba a pasar justo por el punto donde Bianca y la otra muchacha seguían discutiendo con fiereza. La cosa, por lo visto, se había caldeado aún más y estaba fuera de control.

—¡De verdad que te estás pasando! —gritó la rival de Bianca, que parecía haber perdido ya la paciencia de tanto que Bianca la señalaba.

Con la rabia a flor de piel, la muchacha lanzó el brazo y empujó con fuerza el hombro de Bianca. Bianca, que llevaba tacones altos, perdió el equilibrio de golpe. Su cuerpo se tambaleó bruscamente hacia atrás y chocó contra otra estudiante, lo que provocó un efecto dominó de empujones en medio de la multitud apretujada.

Justo en ese instante, Renata pasaba precisamente junto a la fila de estudiantes que miraban el espectáculo. Alguien, empujado por el empellón de la rival de Bianca, retrocedió de forma brusca sin mirar y embistió con fuerza el costado derecho de Renata.

¡Pam!

—¡Aaah! —chilló Renata por reflejo.

Aquel impacto repentino y violento derribó la defensa de sus manos. El tazón de melamina se ladeó al instante. En una fracción de segundo, el caldo, aún en su punto de hervor máximo, se desbordó y le empapó de lleno la muñeca y el dorso de la mano izquierda.

Chsss.

Un calor abrasador, como si le incendiara la piel, la recorrió al instante. La piel blanca y tersa de Renata se volvió de golpe de un rojo inflamado por el zarpazo de aquel caldo ardiente. El tazón de melamina cayó al suelo de cemento de la cafetería con un ruido estridente que rompió la tensión de la discusión.

¡Plas!

Renata cayó de rodillas al suelo, sujetándose la muñeca izquierda, que le temblaba con violencia. El escozor era una tortura, como si le arrancaran la piel a la fuerza. Las lágrimas le brotaron por reflejo, conteniendo el dolor que la golpeaba sin tregua desde lo ocurrido la noche anterior en la plaza.

—¡Rena! —Romina y su amiga, al ver lo que pasaba, gritaron histéricas y corrieron desde la mesa del rincón, abriéndose paso entre la multitud para auxiliar a Renata, que estaba en el suelo mojado, doblada de dolor.

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Miroslava Soto Vigil
hay no reverenda estupides para q volvió en el tiempo si va hacer la misma babosada
Kawtar Chilah
excelente y emotiva novela. Gracias escritora, espero leer más obras tuyas.
Kawtar Chilah
una novela muy hermosa. Felicidades 👏
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