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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: "Es solo calentura" (Los chistes de la Bratva)

El piso superior del hotel más exclusivo de la ciudad estaba reservado en su totalidad para la comitiva del Grupo Volkov. En la suite presidencial, el aire olía a whisky caro, cuero y humo de habano. La luz de la tarde entraba filtrada por los grandes ventanales, recortando la silueta masiva de Dante Volkov, quien permanecía de pie frente al cristal con un vaso de cristal tallado en la mano derecha.

Dante llevaba la camisa negra desabrochada en los dos primeros botones, las mangas enrolladas en los antebrazos dejando al descubierto la densidad de sus tatuajes, y una expresión que daba miedo. Tenía la mandíbula apretada y la mirada fija en los rascacielos de la ciudad, pero en su mente solo se proyectaba una imagen: los labios rojos, hinchados y temblorosos de Valeria Rossi tras el beso en su despacho.

En el centro de la sala, reclinado en un sillón de terciopelo oscuro con las piernas extendidas sobre la mesa de centro, Nicolás Vane sostenía un puro encendido entre los dedos. A su lado, Damián Meddis revisaba su tableta táctil, aunque la postura rígida de su cuerpo delataba que su atención estaba puesta enteramente en el jefe.

Nicolás soltó una bocanada espesa de humo y rompió el silencio con una risita sarcástica que resonó en el techo alto de la suite.

—Che, Damián... —dijo Nicolás, mirando de reojo la espalda ancha de Dante—. Decime si no está hermoso el paisaje. Digo, el jefe lleva cuarenta minutos mirando por la ventana como si fuera un poeta renacentista. Si no lo conociera, diría que está componiendo una canción de amor para la princesita Rossi.

Damián levantó la vista de la pantalla, acomodándose los lentes con la parsimonia de siempre, y soltó un bufido divertido.

—Un poeta bastante agresivo —comentó Damián con tono seco—. Teniendo en cuenta que le arrancó un anillo de compromiso del dedo y lo tiró al vacío en pleno horario de oficina. Eso en el manual de protocolo de la Bratva cuenta como poema lírico, me imagino.

Dante no se movió. Solo apretó el vaso de cristal con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—Cierren el pico los dos si no quieren que los mande de vuelta a Moscú en el primer avión de carga —retumbó la voz rasposa y profunda de Dante, retumbando en las paredes.

—¡Uhh, qué carácter! —se burló Nicolás, poniéndose de pie con la copa de whisky en la mano y caminando con soltura hacia la barra para servirse un trago más—. Mirá cómo se pone. La vena del cuello se le va a reventar en cualquier momento. Damián, llamá al médico de la familia, parece que al jefe le dio un ataque de romanticismo agudo.

Nicolás se acomodó al lado de Dante, apoyando el codo en el marco del ventanal, mirándolo de costado con una mueca de pura malicia.

—A ver, hermano, hablemos en serio un segundo —dijo Nicolás, perdiendo un poco la sorna pero manteniendo esa sonrisa picante que lo caracterizaba—. Vos sabés cuál es la regla de oro de la Bratva. Y sabés cuál fue tu maldita regla desde que tenés uso de razón en esta vida: Dante Volkov jamás repite mujer. Una noche, una revolcada salvaje en el club o donde sea, te sacás las ganas, les dejás un sobre o te tomás el palo, y chau. Nunca más en la vida les volvés a ver la cara. Es tu credo, ¿o me equivoco?

Damián dejó la tableta sobre la mesa y se puso de pie, sumándose a la conversación con la serenidad de quien conoce a Dante desde que eran unos críos en el invierno ruso.

—Nicolás tiene razón, Dante —intervino Damián, cruzándose de brazos—. Es tu código. Jamás volvés a buscar a una chica. Y mucho menos te ponés a mover influencias, a comprar acciones de logística naval y a meterte en la junta directiva de Rossi Corp solo para acorralar a una heredera estadounidense que te cruzaste de casualidad a oscuras en un VIP.

Dante giró la cabeza muy despacio. Sus ojos azules claros, fríos como la escarcha y cargados de un peligro animal, se clavaron en sus dos hombres de confianza.

—Valeria no es cualquier mujer—soltó Dante con un gruñido bajo, ronco, que salió desde lo más profundo de su pecho.

—¡Ajaaa! —gritó Nicolás dando una palmada en el aire, matándose de la risa—. ¡Ahí está! ¡Lo admitió! "Valeria no es cualquier mujer". ¡Escuchaste eso, Damián! ¡Se nos enamoró el oso ruso! ¡Cayó rendido a los pies de la gringa!

—No me rompan las pelotas —siseó Dante, dando un paso amenazante hacia Nicolás, con la vena de la sien marcándosela de forma violenta—. No estoy enamorado de nadie. No me vengan con estupideces sentimentales de mierda. Lo que pasa con la Rossi es un tema físico, ¿entienden? Es calentura acumulada. La loca esa me desafía, se me planta, me mira con esos ojos y me dan ganas de romperle la pose de ejecutiva intocable hasta que no pueda decir su propio nombre. Nada más.

—Sí, claro, solo calentura —se mofó Nicolás, dándole un sorbo a su whisky sin achicarse frente a la figura imponente de su jefe—. Por eso le tiraste el anillo del novio a la mierda. Por eso trataste a la prima como a una trapo de piso en el ascensor. Por eso aceptaste ir a comer con el viejo Carlos hoy al mediodía, cuando sabés perfectamente que odiás los almuerzos de negocios y preferís pegarte un tiro antes que hacer diplomacia corporativa. Dale, Volkov, contate otro chiste que este estuvo buenísimo.

—Dante —habló Damián, tomando un tono más analítico y serio—, ella es una Rossi. Nació y se crio en Estados Unidos, tiene toda la escuela de negocios norteamericana, es una heredera con una familia poderosa detrás y un novio de sociedad que encaja perfecto en su mundo ordenado. No es una de las chicas del club que podés manejar con un par de billetes o una amenaza. Se te metió bajo la piel, hermano. Y si no te ponés firme con vos mismo, te va a arrastrar.

Dante apuró el whisky de un solo trago, sintiendo el ardor del alcohol bajándole por la garganta, aunque nada de eso lograba aplacar el fuego que le quemaba las entrañas desde que había probado la boca de Valeria.

—A mí no me arrastra nadie —sentenció Dante, dejando el vaso de cristal sobre la mesa con un golpe seco que casi lo rompe—. Valeria Rossi va a ser mía. Voy a hacer que mande al imbécil del novio a la mierda, voy a hacer que se olvide de su vida perfecta en Estados Unidos y voy a hacer que me pida a gritos que no la suelte. Y cuando me canse de ella, me voy a ir. Así que déjense de joder con el cuentito del enamoramiento.

Nicolás Vane miró a Damián por encima del hombro. Damián devolvió la mirada con una ligera inclinación de cabeza y una sonrisa llena de complicidad contenida.

Los dos sabían perfectamente que la reacción furiosa de Dante, la violencia de sus palabras y la negación rotunda eran la prueba más contundente de todas. La heredera estadounidense no era un capricho pasajero ni un polvo de una sola noche. Se le había metido en la sangre como un veneno negro, lento e incurable, del que el gran Dante Volkov jamás iba a poder escapar.

—Bueno, si es solo calentura... —suspiró Nicolás con una falsa resignación, acomodándose el saco del traje para salir de la suite—, preparate, jefe. Porque en menos de una hora tenemos el almuerzo con Don Carlos. Y la gringa hermosa va a estar sentada justo enfrente tuyo. Vamos a ver cuánto te dura la teoría de la "calentura" sin saltarle al cuello a la vista de todo el mundo.

Dante no respondió. Caminó hacia el vestidor para cambiarse la camisa, apretando los puños, sintiendo que el pulso le retumbaba en las sienes. Sabía que Nicolás se reía a sus espaldas, pero no le importaba. Lo único que le importaba era que en cuestión de minutos volvería a tener a Valeria a tiro de piedra, y esta vez no pensaba darle un solo segundo de tregua.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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