Aurelia creía haber dejado atrás los secretos de su pasado.
Hasta que vuelve a encontrarse con Franco.
Lo que nace entre ellos los lleva a descubrir documentos ocultos, acusaciones manipuladas y una verdad que alguien lleva años intentando enterrar.
Una nueva pista los obliga a regresar al lugar donde todo comenzó.
Y allí comprenden que nada era como les contaron.
Ahora Aurelia y Franco deberán descubrir quién manipuló los acontecimientos que cambiaron sus vidas y cuánto están dispuestos a arriesgar para conocer la verdad.
Porque amar puede ser una elección.
Perdonar, otra.
Pero descubrir la verdad...
puede tener un precio demasiado alto.
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Capítulo 18 — La decisión de Aurelia
Aurelia decidió que todavía no presentaría una denuncia interna definitiva contra Ana. Necesitaba separar tres cosas: lo que Ana había hecho, lo que alguien había hecho a través de ella y aquello que aún no podían demostrar.
Para Aurelia, esto también significaba cerrar una etapa: ya no se trataba simplemente de demostrar que las acusaciones contra ella eran falsas. La investigación debía determinar qué había hecho Ana, qué había ocurrido a través de ella y qué parte pertenecía a una estructura anterior. Esa separación evitaría que el nombre de Aurelia siguiera funcionando como el centro de una historia que era mucho más amplia.
Walter fue el primero en entenderlo.
—Quieres mantenerla cerca de la investigación.
—Quiero observar qué ocurre después de su confesión.
Xavier dudó.
—Eso puede ser peligroso.
—Lo sé.
Víctor la miró con desconfianza.
—¿Qué esperas conseguir?
Aurelia respondió:
—La verdad completa, no una victoria.
Franco se acercó.
—Entonces debemos establecer límites.
—Ya los tengo.
—Quiero que los tengamos ambos.
Aurelia lo observó.
—¿Qué propones?
—Ninguno habla a solas con Ana sobre la investigación. Todo encuentro importante queda registrado. Y cualquier nueva prueba se comparte con el resto.
Aurelia asintió.
—Acepto.
—¿Y si quieres salir de esto?
Ella lo miró fijamente.
—Entonces me iré porque yo lo decida, no porque alguien consiga echarme.
Franco sonrió.
—Esa era la respuesta que esperaba.
Los cuatro también aceptaron participar bajo las mismas reglas. No tenían que elegir entre Ana y Aurelia. Solo debían dejar de tomar decisiones basadas en miedo.
Esa noche, Ana hizo exactamente lo que Aurelia había previsto.
Envió mensajes separados a Víctor, Walter, Andrew y Xavier. A cada uno le contó una versión diferente de lo que había ocurrido.
Walter guardó la conversación.
Andrew comparó el relato con los registros.
Xavier lo puso junto a los mensajes antiguos.
Víctor, por primera vez, no respondió de inmediato.
Cuando llegó a su casa, abrió todas las conversaciones y descubrió que algunas versiones no podían ser verdaderas al mismo tiempo.
Llamó a Aurelia.
—Creo que entendí lo que estabas intentando hacer.
—¿Qué cosa?
—No querías que la atacáramos. Querías que dejáramos de reaccionar.
Aurelia guardó silencio unos segundos.
—Sí.
Víctor respiró hondo.
—No sé si estoy preparado para todo lo que voy a descubrir.
Aurelia estableció un plan para observar las siguientes decisiones de Ana sin convertir a los demás en espías.
—No quiero que nadie la siga —dijo.
Walter asintió.
—Solo documentaremos aquello que llegue a nosotros de manera legítima.
Franco añadió:
—Y si aparece una amenaza directa, actuamos.
Aurelia lo miró.
—Sin decidir por mí.
—Sin decidir por ti.
Esa tarde, cada uno recibió un mensaje diferente de Ana.
Walter recibió una petición sobre un documento.
Andrew recibió una disculpa.
Xavier recibió una explicación sobre los mensajes.
Víctor recibió una llamada.
Cuando se reunieron, compararon las conversaciones.
No coincidían completamente.
Víctor frunció el ceño.
—No entiendo por qué nos contó cosas diferentes.
Aurelia respondió:
—Porque quizá está intentando controlar el daño. O quizá está asustada y habla de forma distinta con cada uno. Aún no sabemos cuál de las dos cosas es cierta.
Franco la miró.
—Por eso querías observar.
—Sí.
—Y si intenta dividirlos otra vez?
—Entonces podremos reconocer el patrón antes de reaccionar.
Los cuatro aceptaron la regla de no responder inmediatamente a mensajes que involucraran acusaciones.
Víctor fue el primero en aplicarla.
Ana le escribió: «Necesito que me creas».
Él respondió: «Necesito entenderte primero».
Aurelia supo que algo había cambiado.
La observación de las comunicaciones reveló que Ana había enviado mensajes diferentes a los cuatro amigos, pero no necesariamente con la intención de dividirlos.
Aurelia fue cuidadosa.
—Eso puede ser miedo, manipulación o ambas cosas.
Walter preguntó:
—¿Y cómo lo sabremos?
—Por lo que haga después, no por lo que imaginemos ahora.
Franco estuvo de acuerdo.
La regla evitó una nueva escalada y permitió que la investigación siguiera sin convertir a Ana en un objeto de vigilancia.
La tarde terminó con una reunión breve entre Aurelia, Franco, Walter, Andrew, Xavier y Víctor.
—No quiero que nadie convierta este plan en una vigilancia constante —dijo Aurelia.
Víctor preguntó:
—¿Entonces qué hacemos si Ana intenta volver a dividirnos?
—Lo hablamos entre todos.
Andrew sonrió.
—Eso parece sorprendentemente sencillo.
—No será sencillo —respondió Aurelia—. Solo será más sano que reaccionar por separado.
Todos aceptaron.
Por primera vez, la estrategia de Aurelia no dependía de controlar a Ana, sino de impedir que el grupo fuera controlado por cualquier versión sin comprobar.
Franco acompañó a Aurelia hasta la salida.
—No quiero que sientas que tienes que llevar esto conmigo solo porque estamos juntos en la investigación.
Aurelia respondió:
—No lo siento así.
—¿Segura?
—Sí. Lo que necesito es que podamos decirnos cuando alguno está equivocado.
Franco sonrió.
—Eso será más difícil que cualquier investigación.
Aurelia rió.
—Pero más importante.
—Nadie lo está.
Aquella llamada no reparó la relación entre ellos, pero comenzó a cambiar la manera en que Víctor escuchaba.
La decisión de Aurelia provocó una conversación más profunda con Franco. Se reunieron en una sala pequeña, lejos del resto del equipo, y revisaron el plan de vigilancia.
—Si Ana sospecha que estamos esperando una reacción, puede cambiar de estrategia —dijo él.
—Por eso no voy a enfrentarla.
—¿Y si te provoca?
—Entonces recordaré por qué estamos haciendo esto.
Franco la observó.
—Has cambiado desde que llegaste.
Aurelia sonrió.
—Tú también.
—¿Para bien?
—Para más honesto.
Él se acercó y le dio un beso breve, sin convertir el momento en una interrupción del trabajo. Aurelia apoyó la frente contra la suya.
—Esto va a ser complicado.
—Sí.
—Pero no quiero que volvamos atrás.
—Yo tampoco.
Después regresaron al expediente. Descubrieron que Ana había recibido información sobre los horarios de Franco antes de varios incidentes. No era suficiente para señalar al intermediario, pero demostraba que alguien tenía acceso a datos que no deberían haber salido de FranLia.
Walter recibió la instrucción de revisar los permisos internos. Andrew y Xavier comenzaron a reconstruir conversaciones antiguas. Víctor, aunque todavía defendía a Ana emocionalmente, aceptó no compartir con ella ninguna información sobre la investigación.
Era un pequeño cambio, pero por primera vez los cuatro estaban actuando sin esperar una orden de Ana.
Más tarde, cuando el resto ya se había marchado, Aurelia encontró a Franco en la sala de reuniones vacía. Él había dejado dos vasos de agua sobre la mesa.
—Necesitas descansar —dijo.
—Tú también.
Se separaron enseguida, sonriendo por la necesidad de volver a esconderse.
Ella levantó la mirada y lo besó. Fue un momento breve y cálido antes de que ambos escucharan el ascensor detenerse en otro piso.
—A veces siento que todo el mundo espera que sea fuerte todo el tiempo —admitió.
—Conmigo no tienes que hacerlo.
Franco se acercó y la abrazó. Aurelia cerró los ojos y permaneció allí unos segundos, dejando que el cansancio cediera.