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El Secreto Del Faro De Las Sombras

El Secreto Del Faro De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:301
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Nadie debía entrar al Faro de las Sombras.
Elena lo hizo.
Allí encontró a Dante, el último guardián… y descubrió que su llegada estaba relacionada con un secreto que llevaba treinta años oculto.
- Una leyenda.
- Dos familias enfrentadas.
-Un amor que podría cambiarlo todo.
Pero… ¿por qué el faro parecía estar esperándola?

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Capítulo 16: La prueba en lo alto

Subieron la escalera de piedra en espiral, paso a paso, sin soltarse las manos. La luz dorada que los envolvía se hacía más intensa cuanto más alto llegaban, calentando el aire frío de la torre y marcando su camino con un brillo suave pero firme. Detrás de ellos, los pasos pesados y los gritos de los hombres de Rodrigo resonaban cada vez más cerca, mezclados con el rugido del viento que golpeaba las paredes exteriores como si el propio mar quisiera participar en la lucha.

—Van por el mismo camino —dijo Dante, subiendo siempre delante de ella pero sin separarse nunca—. Creen que basta con llegar a la cima, tocar la estructura y apagar la luz para quedarse con todo el poder. No saben que la torre no es solo piedra y forma: es un reflejo de lo que sostiene el equilibrio. Si no hay unión verdadera, nadie puede dominar nada aquí… y mucho menos destruirlo.

Al llegar a la plataforma superior, salieron al aire libre bajo un cielo oscuro salpicado de nubes rápidas y estrellas que brillaban con fuerza inusual. La luz central giraba potente y constante, barriendo la costa entera, pero a su alrededor se veía ya el movimiento de los primeros atacantes que salían a la plataforma inferior, trepando por las escaleras auxiliares, empujándose unos a otros, guiados por la rabia y la codicia.

Rodrigo apareció poco después en la entrada principal, respirando con dificultad pero con la mirada encendida de furia absoluta. Se detuvo al verlos de pie junto al corazón de la luz, protegidos por esa barrera luminosa que no se rompía por más que la golpearan abajo. Alzó la voz para que todos lo escucharan, mezclando amenazas y promesas para confundir a quienes lo seguían:

—¡Miradlos! —gritó señalando hacia ellos con el brazo extendido—. ¡Dos jóvenes que se creen dueños de un secreto que no comprenden! ¡Usan trucos y apariencias para asustaros, pero no tienen el derecho ni la fuerza real! ¡Si rompemos esa luz, recuperaremos lo que nos fue arrebatado hace siglos! ¡Riqueza, poder y dominio sobre toda esta costa serán nuestros!

Algunos hombres dudaron, otros avanzaron con las armas en alto, pero nadie lograba acercarse más de unos metros: una corriente invisible los empujaba hacia atrás, fuerte y segura. Entonces Elena dio un paso adelante, sintiendo cómo la energía antigua respondía a su presencia, recorriéndola desde los pies hasta la punta de los dedos. Levantó la voz, clara y firme, que se elevó por encima del viento y los gritos:

—¡Escuchadme bien! —dijo mirando a todos los que estaban allí arriba—. La fuerza que aquí se guarda no es un tesoro que se toma ni se vende. Es una responsabilidad que se acepta con humildad, cuidado y entrega. Si alguien intenta usarla para dominar o enriquecerse… no le dará poder: se volverá contra él mismo, y arrastrará consigo todo lo que toque. ¡Las mareas se saldrán de su cauce, la tierra se abrirá y el equilibrio roto no se podrá restaurar jamás!

—¡Mentiras! —bramó Rodrigo, sacando una antorcha encendida y lanzándola hacia la estructura central de la luz—. ¡Palabras para asustar a niños! ¡Yo sé la verdad! ¡Mi familia fue la primera en custodiar este lugar! ¡Nosotros sabemos cómo funciona!

La antorcha voló por el aire, pero antes de tocar la piedra, la barrera luminosa la detuvo y la devolvió hacia atrás, apagando su fuego en un instante, como si nunca hubiera existido. Al ver esto, muchos de los hombres que acompañaban a Rodrigo empezaron a retroceder, mirando con asombro y miedo. Habían venido buscando ganancias fáciles, no para enfrentarse a algo que no podían explicar ni combatir.

Rodrigo vio cómo perdía el control de su gente y su rabia creció hasta cegarlo por completo. Se quitó la capa, desenvainó su espada larga y afilada, y avanzó él mismo, sin importarle la barrera, con los ojos fijos en Dante:

—Tú… siempre tú —le dijo con voz áspera y llena de rencor—. Tu padre me quitó todo lo que tenía, me encerró en la sombra, me hizo vivir como un extraño en mi propia tierra… y ahora tú vives aquí, protegido, amado, dueño de todo… mientras yo paso mi vida persiguiendo lo que es mío.

Dante dio un paso al frente, dejando a Elena un poco detrás pero manteniendo su mano siempre cerca, lista para actuar junto a él:

—Mi padre hizo lo que debía hacer: proteger lo que estaba en peligro. Tu familia perdió el derecho a cuidar este lugar porque lo usaron para beneficio propio, sin importarles el daño que causaban. Tú no luchas por justicia, Rodrigo: luchas por venganza y ambición. Y eso… nunca te dará lo que buscas.

—¡No me des lecciones! —gritó él y lanzó el primer golpe, fuerte y rápido, chocando contra la barrera que vibró con fuerza pero no se rompió—. ¡Yo sé cada paso, cada rincón, cada secreto de esta costa! ¡He esperado treinta años este momento! ¡Conozco cada fallo, cada debilidad… y la vuestra es que confiáis demasiado en lo que sentís!

En ese instante, Elena comprendió de golpe: él no solo quería destruir el faro. Quería separarlos. Sabía que su fuerza venía de estar unidos, y buscaría cualquier forma de ponerlos en duda, de hacerles creer que podían fallar, que el vínculo no era tan fuerte como creían.

—¡Dante, cuidado! —gritó ella al ver cómo Rodrigo cambiaba de táctica, dejaba de atacar la barrera y empezaba a lanzar palabras cargadas de veneno, dirigidas a ellos dos—. ¡No dejes que entre en tu mente!

—¿Crees de verdad que ella está aquí por ti? —decía Rodrigo señalando a Elena con una sonrisa maliciosa mientras seguía golpeando la luz—. ¡Ella es una Varela! Su familia siempre usó a los Montalvo como escudo y como herramienta! ¡Su abuela se fue dejando a tu padre destrozado! ¿Crees que esta se quedó por amor? ¡Está aquí solo para tomar lo que le corresponde y luego irse igual que la otra! ¡Eres solo el guardián, el sostén… nunca el igual!

Dante se tensó al escuchar esas palabras, y por un segundo, la luz alrededor de ellos parpadeó, debilitándose levemente. Esa era la herida más antigua: la soledad que siempre había llevado, el miedo profundo a ser usado, a ser dejado atrás, a no ser suficiente. Rodrigo conocía ese punto débil y lo golpeaba una y otra vez, con precisión cruel.

—¡No es verdad! —dijo Elena con fuerza, apretando su mano con toda su alma, mirándolo directamente a los ojos para que él solo escuchara su voz—. ¡Escúchame bien, Dante! Yo no estoy aquí por un deber, ni por una herencia, ni por cumplir un trato. Estoy aquí porque te elegí a ti. Porque tú eres mi refugio, mi igual, mi compañero en todo. Beatriz no se fue para herir: se fue esperando que llegara el momento en que alguien pudiera unir todo lo que estaba roto… y esa persona somos nosotros. ¡No dejes que el rencor de otro destruya lo que hemos construido con el corazón!

Esas palabras, cargadas de verdad y amor sincero, atravesaron el ruido y la duda. Dante levantó la cabeza, encontró la mirada de ella y vio en ella todo lo que necesitaba ver: confianza absoluta, lealtad sin condiciones, el reflejo de lo que ambos sentían y habían sellado con su unión. La inseguridad se desvaneció como niebla ante el sol, y en su lugar creció una determinación tan grande que la luz dorada se disparó hacia arriba con fuerza renovada, brillando con tanta intensidad que obligó a todos los presentes a cubrirse los ojos.

—¡Tú no sabes nada de nosotros! —respondió Dante con voz potente, tranquila y segura—. Lo que nos une no se puede romper con palabras, ni con amenazas, ni con tiempo. Es más fuerte que cualquier historia antigua, más fuerte que cualquier odio que guardes.

Rodrigo, cegado por el brillo y desesperado al ver que su ataque más peligroso había fallado, lanzó un último golpe desesperado contra la barrera, pero esta vez la luz no solo lo detuvo: lo empujó hacia atrás con fuerza inmensa, haciéndolo tropezar hasta el borde mismo de la plataforma, al borde del acantilado, donde el mar rugía profundo y oscuro muchos metros más abajo.

Sus hombres, al verlo caer y sin nadie que los guiara, soltaron las armas y se arrodillaron o huyeron despavoridos, entendiendo por fin que no luchaban contra dos personas, sino contra una fuerza que no podían vencer.

Dante dio un paso hacia el borde, pero no para atacar, sino para hablar una última vez:

—Todavía puedes elegir —le dijo a Rodrigo, que se aferraba con una mano a la barandilla de piedra, pálido y temblando—. Puedes dejar de perseguir lo que no te pertenece y empezar a ayudar a proteger lo que es de todos. El equilibrio también te incluye a ti. Nadie te ha prohibido formar parte de esto… pero no podrás hacerlo imponiendo tu voluntad.

Rodrigo lo miró con ojos llenos de rabia, vergüenza y derrota, pero no respondió. Solo se arrastró despacio hacia atrás, se puso de pie y, sin decir una sola palabra, bajó la escalera seguido de los pocos que aún se atrevían a ir con él. Se marchaba vencido, pero no vencido por la fuerza bruta: vencido por la verdad que no quería aceptar.

Cuando el ruido de los pasos desapareció por completo, el silencio volvió a la cima de la torre, solo roto por el viento suave y el sonido rítmico de las olas golpeando la costa. La luz seguía girando, firme y clara, iluminando cada rincón oscuro, cada sendero, cada casa del pueblo que ahora miraba hacia arriba con asombro y esperanza.

Dante se giró hacia Elena, la tomó entre sus brazos y la atrajo hacia sí, con una ternura y una gratitud que no necesitaban palabras.

—Tú me salvaste —le dijo bajito, apoyando su frente contra la de ella—. No solo de ellos… sino de mí mismo, de mis propios miedos y dudas.

—Nos salvamos juntos —respondió ella acariciando su mejilla—. Así funciona esto: nunca más uno solo. Siempre los dos.

Miraron juntos hacia el horizonte, donde el cielo empezaba a teñirse de tonos claros, anunciando que el amanecer estaba cerca. Habían ganado la primera gran batalla, habían descubierto que su unión era la verdadera clave, habían enfrentado al enemigo y sobrevivido… pero sabían que esto no era el final. Rodrigo no se rendiría tan fácil, quedaban preguntas sin respuesta, historias incompletas y secretos que aún no habían salido a la luz. Y sobre todo: ahora que la luz brillaba con toda su fuerza, llamaba la atención de mucho más que solo su enemigo cercano.

Pero mientras estuvieran juntos, sosteniéndose y confiando el uno en el otro, sabían que ningún desafío sería demasiado grande.

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Eliana Angulo
El consejo de Elena cambia todo el tono.. no es una invasión, es una petición sabia decisión
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Me alegra que lo notes.Elena es la voz de la sensatez en medio de la tensión. Gracias por acompañar la historia 🙏
total 1 replies
Eliana Angulo
el secreto más grande no estaba escondido… estaba en ellos mismos. Qué revelación tan perfecta, nadie puede quitarles lo que llevan dentro… esa fuerza es invencible.
Eliana Angulo
siempre ahí, siempre callada… hasta que todo encaja de golpe, siempre el más cercano traiciona 😡
Eliana Angulo
Lo que esperaban que se rompiera… salió más fuerte que nunca🤭 llegaron tarde, pensaron ganar fácil… y se encontraron con algo imparable. 👏
Eliana Angulo
no están solos… siempre hay ojos y oídos escondidos. Qué tensión, me pongo tensa solo de leer y por fin se abren hay peligro acechandolos
Eliana Angulo
Cada vez que ella indaga, él se cierra… pero también se rompe un poquito más por dentro.
Eliana Angulo
Lo que se hereda no siempre se elige… pero sí se puede decidir cómo llevarlo.
Eliana Angulo
Se cierra, se protege… pero ella ya le está tocando la fibra sensible🔥
Eliana Angulo
Pasos, ruidos, puertas… pero nadie aparece, yo hace rato me hubiera ido
Eliana Angulo
Sabe cosas, calla más… y advierte por lealtad.
Eliana Angulo
Es solo el principio… y ya se siente que nada volverá a ser igual. Valiente y decidida
Eliana Angulo
En su mirada hay pena… es prisionero también él..todo es mucho más grande de lo que parece
Eliana Angulo
Valentía y miedo al mismo tiempo… buena forma de empezar el cuestro de ambos protagonistas 🫶
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: La valentía no significa no tener miedo… sino avanzar a pesar de él.. Gracias por verlo así
total 1 replies
Eliana Angulo
Nadie sale bien de ahí… qué se esconde de verdad en esa mansión
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Esa mansión guarda secretos oscuros… Nadie sale igual de ahí ... te invito a que sigas leyendo para descubrirlo 😉
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