Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Continuación.
Dominic liberó sus senos, llenando su boca con uno de ellos, mientras la llenaba completamente moviéndose como si quisiese hacerle pagar con cada furioso embate que ella recibió con pleno placer.
— este €ño delicioso es solo mío. - su piel se erizó al sentirlo salir y entrar con fuerza, sus paredes punzaban, haciendo que sus ojos liberaran una lágrima que Dominic detuvo con su mejilla uniendo sus labios.
Salió por completo. Con su mano sostuvo la poll4 que volvió a presionar en su entrada, dándole un poco de presión que tenía en ese sitio.
— ¿Quieres que entre aquí, preciosa? - ella exhaló dejando hacer lo que quisiera. Sin arrepentirse de lo que el habla con ese vocabulario sucio que en lugar de negarse la exitaba más.
La prisiono de un solo embate hasta que no quedó ni un solo centímetro afuera. Vivían enterró las uñas en su espalda. La piel empezó arder. Pero él parecía no tener control en cada embate
Las estocadas fueron más furiosas. Su nombre salió en susurros y más embestidas, solo llevaron el pulso de Vivían como un motor sin control que recibió las estocadas salvajes del mafioso.
— Eso es. - Tan hambriento de ti como me gustas. - mordió su cuello. - te quiero así de ansiosa por mi polla4 como ahora. Le mordió uno de sus lóbulos. Mientras los movimientos no sesaron, hasta que su mundo se oscureció al recibir la embestida que les desbordó el placer, en descargas feroces que les movieron la existencia misma
Aún así Dominic la obligó a resistir más embates que solo intensificaron el éxtasis hasta convertirlo en un estado que solo alguien como él podía lograrlo.
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El sol golpeó el rostro de Vivían, abrió los ojos todo dolía, recordando el salvajismo con que la tomó. Pero no se arrepentía el tenía esa fuerza que a ella le hacía delirar de deseos, estaba loca o que le pasaba.
Se levantó y estiró su cuerpo se miró al espejo asombradose de lo que veía, todo su cuello parecía un mapa. Pero al cerrar los ojos se produjeron los recuerdos que la hicieron tocar la cama.
Sus bragas y sostén casi rotos en el suelo y él…él estaba desnudo, no alguien desconocido Dominic su esposo. Suspiró recordando lo sucedido, jamás lo había visto tan enojado. Se metió a la ducha, pero en medio de tal sintió las manos de Dominic.
La besó distinto a la noche anterior. Con un beso suave, parecía lleno de culpa.
— ¿Te lastimé? - preguntó un tanto preocupado.
Ella negó. Pero los brazos la aprecionaron más.
Dominic no sabía porque había llegado a ese punto, perdiendo el control de esa manera. Pero tan sólo de pensar que Stefan le tocara la piel de tan sólo un dedo lo hacía arder en furia, y esa mirada que fue lo que lo hizo perder todo control deseaba arrancarle los ojos libidinosos de las cuencas.
Estaba celoso, eso era lo que estaba sintiendo, nunca había experimentado esa sensación que le aprisionó el pecho en ese momento.
Y sintió rabia el no haber podido desquitarse con Stefan, lo hubiera molido a golpes.
MANSIÓN RUSSELL.
Juliana había logrado convencer a su padre de invitar a Stefan a una cena en su domicilio, organizó un pequeño banquete, solamente para Stefan y su asesor y su guardaespaldas. Su padre también estaba presente.
Cuándo Stefan le dieron la invitación…sonrió, él ya había pensado en hacerle una visita, había mandado a su asesor a investigar la dirección de Alonso su padre. Era lo que pensaba, la mujer estaba herida por no haber conseguido estar al lado de Dominic ese era un buen momento, para acercarse a la mujer.
— Bienvenido señor Fischers. - los recibió Alonso, convencido de que podía hacer negocios con él.
Pues fue la recomendación que le había propuesto su hija. Porque Stefan ya estaba pensando hacer inversiones en algunas empresas y tener un pretexto para quedarse por un tiempo más, y viajar si era necesario con frecuencia.
Hans, su asesor creyó en la razón, era una manera de trabajar desde Alemania con mejores condiciones pues ellos tenían sus negocios allá. América no le agradaba para vivir.
La cena fue amena, todo estaba perfecto hasta que Juliana tocó el tema.
— Señorita Russell, podríamos hablar en privado? - Alonso se sorprendió tanto como Hans, no porque no pudieran tener una relación, ambos eran jóvenes, y Juliana era hermosa. Pero no era una mujer para esposa era el pensamiento de Stefan.
El mafioso no había podido sacar de su pensamiento a la joven esposa de Dominic era una mujer preciosa, perfecta, con esa figura glacial que tenía y lo había dejado alucinado.
Hans se desencajó cuando la propia Juliana tocaba el tema.
— Dominic era para mí, pero esa mujer apareció y sin el mayor esfuerzo se casó con él.
— De qué se trata esto. - preguntó aún sin entender el asesor.
Pero Alonso entendía cuando lo mencionó. Esto no iba a salir nada bien.
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