Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansión Bruyne 1
Cuando llegaron a la mansión Bruyne, Megara descubrió que Thomas había cumplido su promesa.
Todo estaba preparado.
En una pequeña sala había una chimenea encendida que calentaba agradablemente el ambiente.
La mesa estaba lista.
Había comida caliente.
Pan recién preparado.
Carne.
Verduras.
Sopas.
Y, para sorpresa de Megara...
Pasteles.
Sus ojos se iluminaron inmediatamente.
—Pasteles...
Thomas sonrió al verla.
—Pensé que le gustaría.
Megara se acercó a la mesa.
—Muchísimo.
Se sentó.
—Gracias.
Thomas tomó asiento frente a ella.
—Es lo menos que podía hacer después de un día tan largo.
Megara tomó un poco de comida.
Probó el primer bocado.
Cerró los ojos.
[Esto es delicioso].
Thomas sonrió al verla disfrutar.
—¿Está bueno?
Megara asintió rápidamente.
—Mucho.
Continuaron comiendo.
Durante la cena hablaron principalmente de los niños.
Megara le contó cuáles habían presentado los síntomas más graves.
Qué pociones habían funcionado mejor.
Qué ingredientes parecían tener mejores resultados.
Qué casos necesitaban mayor observación.
Thomas escuchaba con atención.
—Ese pequeño de la mañana parecía estar mucho mejor después de la poción.
Megara sonrió.
—Sí.
—Cuando salió de la cabaña estaba sonriendo.
—Eso me alegró.
Thomas la miró.
—Se notó.
Megara tomó un poco de pastel.
—Me gusta cuando las pociones funcionan.
Thomas sonrió.
—No parece que sea solamente por las pociones.
Megara levantó la mirada.
—¿Qué quiere decir?
—Que te gusta ayudar.
Megara se quedó pensando.
—Supongo.
Tomó otro bocado.
—En mi trabajo anterior...
Se detuvo.
Recordó que no podía hablar de su vida anterior.
—Bueno...
Corrigió rápidamente.
—Siempre me ha gustado resolver problemas.
Thomas sonrió.
—Y estas personas son un problema que quieres resolver.
Megara asintió.
—Exactamente.
Thomas se quedó mirándola.
Por un instante imaginó algo.
Una vida.
Una vida sencilla.
Llegar juntos después de trabajar.
Ayudar a otras personas durante el día.
Volver a casa.
Cenar juntos.
Hablar.
Reír.
Y compartir pequeñas cosas.
La imagen apareció en su mente con tanta naturalidad que incluso él mismo se sorprendió.
[Sería una vida perfecta].
Thomas bajó la mirada hacia su plato.
No dijo nada.
Megara continuó comiendo tranquilamente.
Después de un momento, ella habló.
—Mañana tendré que preparar más pociones.
Thomas levantó la mirada.
—¿Más?
—Sí.
Megara tomó su cuaderno.
—Ahora que tengo los datos iniciales, necesito analizar los resultados.
—¿Y eso cuánto tiempo tomará?
—No lo sé. Quizás varias horas.
—¿Puedo ayudar?
Megara levantó la mirada.
—¿Usted?
—Sí.
—¿Sabe de pociones?
Thomas negó con la cabeza.
—No.
—¿De hierbas?
—Tampoco.
Megara lo miró con seriedad.
—Entonces no puede ayudarme.
Thomas sonrió.
—Puedo comprar las hierbas.
Megara parpadeó.
—¿Qué?
—Si me haces una lista, puedo conseguirlas.
—¿Sabe dónde encontrarlas?
—No necesariamente.
—Entonces...
—Pero tengo dinero.
Megara se quedó en silencio.
Thomas continuó..
—Puedo comprar las mejores.
Ella comenzó a sonreír.
—Eso sí puede ayudar.
—Entonces, ¿aceptas?
Megara asintió.
—Acepto.
Tomó su cuaderno.
—Necesitaré varias cosas.
Thomas se acomodó en su asiento.
—Dime.
Megara comenzó a revisar sus anotaciones.
—Primero necesitaré raíz de...
Thomas escuchó atentamente.
Megara continuó.
—También necesito hojas de...
Anotó mentalmente cada una.
—Y algunos cristales de mana de baja pureza.
Thomas asintió.
—Bien.
—Además...
Megara revisó otra página.
—Necesito flores de...
Thomas hizo una pequeña pausa.
—¿Cuántas?
Megara pensó.
—Unas treinta.
Thomas asintió.
—Las conseguiré.
Megara levantó la mirada.
—¿No es demasiado?
—No.
—Son bastantes.
—No importa.
Megara sonrió.
—Gracias.
Thomas le devolvió la sonrisa.
—Será un placer.
Megara continuó leyendo su lista.
Thomas escuchaba.
En realidad...
Sabía perfectamente que aquella tarea podía hacerla cualquiera.
Una doncella.
Un guardia.
Un comerciante.
Incluso podía enviar a varias personas para conseguir todo mucho más rápido.
Pero no quería.
Quería estar allí.
Con ella.
Quería escucharla hablar de sus investigaciones.
Quería verla emocionarse cuando encontraba un resultado.
Quería descubrir cómo funcionaba su mente.
Así que tomó su cuaderno y comenzó a escribir.
—Raíz de...
Megara dictó.
—Raíz de lunaria.
Thomas anotó.
—Hojas de salvia azul.
Escribió.
—Cristales de mana.
Continuó.
Megara miró la lista.
—También necesitaré flores de luna.
Thomas levantó la mirada.
—¿Esas son difíciles de conseguir?
—Un poco.
—Entonces las conseguiré.
Megara sonrió.
—Está bien.
Continuaron durante varios minutos.
Hasta que Megara se dio cuenta de algo.
—Conde.
—¿Sí?
—¿Está escribiendo todo?
—Sí.
—¿No tiene a alguien que pueda hacerlo?
Thomas hizo una pausa.
—Sí.
Megara inclinó la cabeza.
—Entonces...
Thomas sonrió.
—Pero prefiero hacerlo yo.
Megara lo observó durante unos segundos.
No encontró nada extraño en aquella respuesta.
Simplemente sonrió.
—Está bien.
Y volvió a dictarle.
Thomas continuó escribiendo.
Porque aunque aquella lista podía hacerla cualquiera...
Él había descubierto que había algo mucho más importante que conseguir las mejores hierbas.
Era tener una excusa para permanecer a su lado.
Y Megara, completamente ajena a sus intenciones, seguía pensando en una sola cosa.
[La fórmula].
[La investigación].
[Y ese ingrediente...].
Mientras Thomas pensaba en algo completamente diferente.
[Quizás realmente podría acostumbrarme a esto].
La cena continuó entre conversaciones, anotaciones y pequeñas risas.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Thomas sintió que una noche normal podía ser algo extraordinariamente especial.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖