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Soy La Presa De Tres Alfas

Soy La Presa De Tres Alfas

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»

El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.

Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.

Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.

La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.

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CAPÍTULO 22: EN LAS ENTRAÑAS DE LA MONTAÑA

EN LAS ENTRAÑAS DE LA MONTAÑA

Las gigantescas compuertas de titanio de cien metros de alto se abrieron con un gemido metálico y sordo que hizo retumbar las paredes de la cordillera.

La nave blindada atravesó el umbral de Vulcano, adentrándose en una caverna colosal e iluminada apenas por el resplandor anaranjado y ominoso de los ríos de lava subterráneos que corrían por las grietas de la roca. El calor en el exterior del fuselaje era sofocante, y el aire que ingresaba filtrado a través de los conductos de ventilación olía intensamente a azufre, aceite quemado y metal incandescente. Aterrizamos en una plataforma de carga secundaria del nivel inferior, una zona industrial cubierta por densas nubes de vapor que emergían de las tuberías de refrigeración.

Al apagarse los rotores principales con un silbido paulatino, el Sujeto Uno se acercó a la escotilla mientras ajustaba las correas de un chaleco táctico que Kaelen le había entregado minutos antes.

—A partir de este punto, los escáneres de la guardia buscan registros numéricos y firmas térmicas —dijo el muchacho, contemplando sus propias manos por un segundo antes de alzar la mirada hacia mí—. Si voy a pelear a tu lado en este lugar, Lian... no quiero volver a escuchar el número Uno en mi vida.

Me acerqué a él a paso firme y le coloqué una mano firme pero cálida sobre el hombro.

—¿Cómo quieres llamarte a partir de hoy? —le pregunté con voz pausada.

El joven miró a través del grueso ventanal de la nave hacia el fuego perpetuo de la montaña, respiró hondo y cuadró los hombros.

—Ren —respondió con una firmeza recién descubierta que hizo vibrar su propia voz—. Llámenme Ren.

—Bienvenido al equipo, Ren —sonrió Eren desde el fondo del compartimento, cargando un cartucho de plasma de alto calibre en su fusil con un chasquido seco y metálico que resonó en todo el recinto.

Salimos de la nave manteniendo una formación de cobertura cerrada y sin fisuras. Kaelen tomó la delantera, aprovechando su vasta experiencia militar y su conocimiento sobre las patrullas del alto mando para anticipar cada ángulo ciego; Eren cubría el flanco derecho, preparado para responder a cualquier enfrentamiento cuerpo a cuerpo con una ferocidad contenida; Valen operaba su terminal portátil para interceptar las frecuencias de los sensores de movimiento; y Ren nos guiaba con precisión a través del intrincado laberinto de pasillos de servicio y túneles de mantenimiento que conducían directamente hacia el núcleo subterráneo.

Avanzamos en un silencio absoluto, coordinando cada paso como si fuéramos los engranajes de una sola máquina biológica y táctica. La conexión neurológica entre los tres Alfas y yo se sentía más viva e intensa que nunca: ya no necesitábamos cruzarnos palabras ni dar órdenes en voz alta; bastaba una leve inclinación de la cabeza o un ajuste en la respiración para coordinar el avance en cada esquina y en cada sombra.

Descendimos finalmente por un elevador industrial de rejilla pesada hasta llegar al Nivel -5, el sector más profundo, protegido y helado de toda la fortaleza de Vulcano.

Al abrirse las pesadas puertas de hierro, la temperatura del ambiente descendió de forma drástica, pasando del calor sofocante de la lava al frío sepulcral de un congelador médico. Frente a nosotros se desplegó en toda su aterradora magnitud el Salón de la Criogénesis.

La escala del lugar era sencillamente desgarradora. Se trataba de una nave abismal de techo alto, sostenida por masivas columnas de hormigón armado y acero, donde se alineaban miles de cápsulas verticales de vidrio reforzado iluminadas por un brillo cian y helado. En el interior de cada uno de esos tubos, sumergidos en un denso fluido nutritivo y con collares de contención de última generación soldados a sus cuellos, yacían decenas de Omegas en estado de estasis biológica.

—Dios mío... —susurró Valen en un aliento helado, acercándose con cautela a uno de los cristales cubiertos por una fina capa de escarcha—. Vance no estaba exagerando en lo más mínimo. Tienen a toda una generación en congelación para sintetizar la red del ejército biológico.

Me acerqué a la terminal central de control ubicada en medio del salón, deslizando con rapidez los dedos sobre la pantalla holográfica para acceder a las líneas de código primarias.

—Tengo que iniciar la secuencia de descongelación de emergencia y anular los collares de contención desde el núcleo —dije, tecleando rápidamente la secuencia de comandos que Valen me dictaba al oído—. Si liberamos la red desde este punto, los sistemas de seguridad se caerán en cadena en toda la montaña.

De pronto, un zumbido agudo y ensordecedor recorrió las tuberías de alta presión del techo.

Las luces de color cian del salón se apagaron bruscamente, siendo reemplazadas al instante por un parpadeo rojo de emergencia rítmico, sangriento y violento. Un chasquido pesado y telúrico retumbó en los accesos principales: gigantescas compuertas blindadas cayeron de golpe sobre todas las salidas, sellando el perímetro por completo y dejándonos atrapados en el centro de la sala.

—¡Es una contención de zona automatizada! —advirtió Kaelen en voz alta, desenfundando su arma pesada y posicionándose justo delante de mí, mientras Eren cubría con el cuerpo el costado izquierdo de la consola central.

Desde el balcón superior de observación que rodeaba todo el perímetro del salón criogénico, el sonido seco de botas pesadas resonó sobre las rejillas de metal.

Un escuadrón de soldados fuertemente armados con armaduras mecanizadas pesadas desplegó escudos de energía de tono azulado, abriendo paso a una figura imponente que avanzaba con paso pausado. Llevaba un uniforme militar negro decorado con insignias de oro pulido, una capa táctica de fibra densa y una cicatriz profunda y rugosa que le cruzaba la cara desde la sien hasta la mandíbula.

Se trataba del General Korvak, el comandante supremo de la fortaleza de Vulcano.

—El famoso Sujeto Cero... —resonó la voz de Korvak a través del sistema de altavoces de la sala, con un tono profundo, rasposo y cargado de una autoridad fría como la piedra—. Y el grupo de traidores que dejó un rastro de destrucción en Arcadia y Neópolis.

—Se terminó, Korvak —sentencié con firmeza, alzando la vista hacia el balcón superior sin retroceder un solo milímetro y manteniendo la postura recta—. Abre las salidas de inmediato y desconecta las líneas de estasis de los tubos.

El General Korvak dejó escapar una carcajada seca, áspera y desprovista de cualquier rasgo de humor, que retumbó en las paredes de hormigón.

—¿De verdad creíste que entraste a esta fortaleza por tu propia astucia, Lian? —preguntó Korvak, apoyando ambas manos enguantadas sobre la barandilla de acero del balcón—. La nave de Vance estaba marcada con un rastreador cuántico desde el momento exacto en que despegó de Neópolis. Sabía perfectamente que venías hacia acá. Dejé que cruzaras las Puertas de Hierro sin oposición porque traer al Sujeto Cero directamente a mi mesa de disección me ahorra meses enteros de búsqueda y rastreo en el exterior.

Korvak alzó la mano derecha con parsimonia y presionó una secuencia de comandos en la interfaz digital de su muñequera táctica.

—Activen el protocolo de purga bio-eléctrica en las cápsulas de estasis —ordenó Korvak dirigiéndose a sus operadores, esbozando una sonrisa fría y carente de piedad—. Si no te rindes en exactamente diez segundos y te colocas el collar de contención voluntariamente, Lian, sobrecargaré el flujo de alto voltaje de los tubos y verás a cada uno de tus semejantes morir electrocutados y congelados ante tus propios ojos.

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Victor Cueto
excelente trama, sigueee
Victor Cueto
me encanta
BL Autor 🌈
(Sujeto Cero)
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."
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