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EL GLACIAR Y LA SALSA

EL GLACIAR Y LA SALSA

Status: Terminada
Genre:Comedia / Mujer poderosa / Romance de oficina / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA OPERACIÓN FÉNIX

​Las cenizas del Glaciar aún estaban calientes, pero de ellas, Ariadna Riquelme estaba decidida a hacer nacer no solo un fénix, sino una tormenta de pasión y arrepentimiento que arrastraría a Jonh de vuelta a su vida. La carta de renuncia, un simple papel sobre su escritorio, había sido el detonante de una transformación radical. Ya no era la CEO de acero, ni la mujer rota por la culpa. Ahora era una estratega enamorada, dispuesta a usar todas sus armas —las empresariales y las más íntimas— para recuperar al amor de su vida.

​Ariadna, con la ayuda de una cómplice entusiasta, Daniela Padrón, puso en marcha la "Operación Fénix". El primer paso era la presentación. Necesitaba una armadura que no fuera de hielo, sino de pura elegancia y sensualidad, una armadura que le dijera a Jonh, sin palabras, lo que él se había perdido.

​Después de un baño relajante, donde lavó los últimos restos de su culpa, Ariadna se sometió a una transformación meticulosa. Su piel dorada y suave, perfumada con sutiles notas de jazmín, fue la base perfecta para el vestido que había seleccionado. Era un diseño de cóctel de marfil, una creación de seda crepe y encaje francés que parecía una segunda piel. El corte sirena se ajustaba a su cuerpo con una precisión casi indecente, resaltando cada curva, cada línea de su figura con una elegancia que rozaba lo provocativo. El escote corazón realzaba su busto con delicadeza, y la espalda descubierta, adornada con una fina línea de botones forrados, revelaba su piel desnuda y tentadora. Una abertura lateral en la falda, coqueta y atrevida, dejaba entrever sus piernas torneadas, envueltas en unas medias de seda casi imperceptibles que añadían un toque de misterio.

​Se calzó unos zapatos de tacón de aguja de doce centímetros, también de marfil, que estilizaban su silueta hasta el infinito, elevándola no solo físicamente, sino también en confianza. Su cabello negro azabache, peinado en ondas suaves y voluminosas, caía en cascada sobre sus hombros desnudos, enmarcando un rostro maquillado con maestría: ojos ahumados que prometían mil aventuras y labios pintados de un rojo pasión que invitaba al pecado. Se adornó con unos discretos pendientes de diamantes, un toque de luz que competía con el brillo de sus propios ojos, ojos que ahora reflejaban una determinación feroz y un amor profundo.

​Ariadna se miró en el espejo de cuerpo entero. La mujer que le devolvía la mirada no era la CEO fría y calculadora, ni la niña asustada por el pasado. Era una diosa de marfil, una criatura de deseo y arrepentimiento, una mujer dispuesta a luchar por su felicidad. Se ajustó el vestido una última vez, asegurándose de que cada pliegue, cada línea, estuviera en su lugar. Estaba lista. La batalla por el corazón de Jonh había comenzado.

​El plan, ideado por Daniela y aprobado por un Arturo Riquelme que disfrutaba del espectáculo, era audaz y arriesgado. Ariadna no iba a buscar a Jonh a su casa, ni a llamarlo por teléfono. Iba a donde él menos lo esperaría, a un lugar que, de alguna manera, simbolizaba su mundo y el de él. Iba a la inauguración del nuevo restaurante de moda de la ciudad, un local exclusivo donde la élite empresarial se mezclaba con artistas y celebrities. Y más importante aún, el restaurante estaba dirigido por un chef venezolano amigo de la familia Guedez, un lugar donde la salsa y el vallenato eran la banda sonora no oficial de la cocina.

​Ariadna llegó al restaurante en su Mercedes negro blindado, pero esta vez no se sintió protegida por su coraza de metal. Se sintió vulnerable, expuesta, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Al bajar del coche, el flash de los fotógrafos, habituales en eventos de este tipo, la cegó. Pero ella, con la cabeza alta y una sonrisa en los labios, caminó por la alfombra roja con la elegancia de una reina. Su vestido de marfil, bajo la luz de los focos, parecía brillar con luz propia, convirtiéndola en el centro de todas las miradas.

​Entró en el restaurante. El ambiente era sofisticado, con luces tenues y música lounge de fondo. Pero en el aire flotaba algo más, algo familiar, algo que le recordó al patio trasero de la familia Guedez. Era el aroma a especias, a cilantro, a maíz tostado. Se dirigió a la barra, donde Daniela la esperaba con una copa de champán.

​—¡Wuaooo, Ariadna! —exclamó Daniela, con los ojos brillantes de admiración—. Si el Glaciar se ha derretido, el agua se ha convertido en una diosa. Estás espectacular. Jonh no tendrá ninguna oportunidad. Se rendirá a tus pies. ¡O mejor dicho, a tus tacones!

​Ariadna, con una sonrisa nerviosa, aceptó la copa de champán.

​—Gracias, Daniela. Necesito toda la suerte del mundo. ¿Sabes si él…?

​—Sí, mi amor. Él está aquí. En la cocina, ayudando a su amigo con los últimos detalles del menú. No me preguntes cómo lo sé, tengo mis fuentes. Y también sé que no tiene ni idea de que tú vendrías. Arturo ha movido algunos hilos.

​Ariadna, con el corazón acelerado, se dirigió hacia la zona de la cocina, visible a través de una gran cristalera. Allí, entre el bullicio de los chefs y los camareros, lo vio. Jonh, con su uniforme de chef impecable, concentrado en la preparación de un plato, con el rostro sudoroso y el ceño fruncido. Se veía imponente, profesional, irresistible.

​Ariadna se detuvo frente a la cristalera. Su corazón, a pesar del champán y el vestido de marfil, parecía detenerse. La música de fondo, una bachata suave, pareció desvanecerse, dejando paso al sonido de su propia respiración entrecortada. Jonh levantó la vista. Sus ojos claros, llenos de la tristeza desgarradora que ella había visto la noche anterior, se encontraron con los de ella. La sorpresa, la incredulidad y luego, una chispa de dolor y deseo que él trató de ocultar en vano, se reflejaron en su mirada.

​Ariadna, con el alma desnuda ante él, levantó una mano y, con un gesto tembloroso, le hizo un gesto para que saliera. Jonh, con el rostro impasible, le dio una última instrucción a un asistente y, después de un momento de vacilación, se quitó el delantal, se secó las manos con un trapo y se dirigió hacia la puerta de la cocina. El encuentro, el primer paso de la Operación Fénix, estaba a punto de ocurrir. El Glaciar de marfil estaba a punto de enfrentarse a la tormenta de fuego de su Músculo de Oro.

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