Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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boda falsa sentimientos reales
El estudio de RM Films quedaba en la colonia Roma, en Monterrey. Por fuera parecía una bodega, por dentro era un loft blanco gigante con luces, cámaras, vestidos colgados y gente corriendo.
Greicy llegó a las 3:50, con Mariana como apoyo moral. Le temblaban las manos. No había dormido nada después del mensaje de Luis. "Cuando te vea de blanco, voy a pensar que es real." Esa frase no la dejó dormir.
Una chica de vestuario la tomó del brazo. "¡Tú eres Greicy! ¡Qué emoción! Te ves más bonita en persona que en las fotos que nos mandó Iker. Pasa, te tenemos tres vestidos."
Tres vestidos blancos. Uno con encaje, uno liso pegado, uno con corte princesa. Todos demasiado reales para ser falsos.
"¿Cuál es el falso?", preguntó Greicy, intentando bromear.
La chica se rió. "Ninguno, mami. Todos son reales. Pero hoy solo es sesión. La buena es en Sinaloa, en la playa. Hoy es prueba."
La palabra "buena" se le quedó clavada.
Se probó el primero. El de encaje. Cuando se vio al espejo, se le cortó la respiración. No se había visto nunca de blanco. Se veía... distinta. Más mujer, más frágil y más fuerte al mismo tiempo. Pensó en su mamá, que había muerto en 2021, que nunca la vería de blanco. Pensó en que nunca pensó casarse a los 19. Y pensó en Luis.
"¿Estás lista? Tu novio ya está listo", dijo la de vestuario.
"No es mi novio", se le escapó.
"Ay, claro, para la historia sí. Vente."
Del otro lado del estudio, Luis estaba en traje negro. Traje real, corbata negra, camisa blanca. Se había cortado el pelo esa mañana. Se había rasurado. Estaba guapo de una forma que dolía. Pero estaba pálido, nervioso, jugando con el anillo falso que le habían dado, que decía "Tú y yo" por dentro.
Iker lo estaba instruyendo: "Mira, Luis, hoy es fácil. La abrazas, la miras como si la amaras, la besas para la foto final. La gente tiene que creer que te mueres por ella."
"No tengo que fingir eso", dijo Luis bajo.
Iker sonrió. "Perfecto. Entonces será más fácil."
La puerta del vestidor se abrió y salió Greicy.
El estudio entero se quedó callado por un segundo. El fotógrafo bajó la cámara. La maquillista suspiró.
Luis volteó y se le olvidó respirar.
Tenía que ser ella. De blanco. Con ese moño deshecho, con esos ojos marrones grandes llenos de miedo y de ilusión, con ese vestido que parecía hecho para ella. El tatuaje de "L.S." en su cadera se asomaba un poco por la abertura del vestido. Solo él sabía que estaba ahí.
"Greicy...", dijo, sin darse cuenta que lo dijo en voz alta.
Ella lo vio. De traje. Tan Luis y tan distinto. Su Luis desorganizado, el de la guitarra, el que la besaba para callarla, ahora parecía un hombre que se iba a casar. Y aunque sabía que era falso, su corazón no sabía.
Se acercó despacio, con los tacones que le habían prestado que le quedaban grandes.
"¿Cómo me veo?", preguntó bajito, con voz de niña.
Luis no contestó con palabras. Se acercó, le tomó las manos. Estaban frías.
"Te ves como... como si tuvieras que ser tú. Desde siempre tenías que ser tú de blanco frente a mí."
Greicy sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. "No digas eso. Es falso."
"¿Qué parte es falsa? Porque yo no estoy fingiendo nada."
El fotógrafo carraspeó. "¡Hermosos! ¡Perfecto! ¡Esa emoción! ¡Quédense ahí!"
Los pusieron frente a un fondo blanco. "¡Abrazo! ¡Ahora mírense! ¡Ahora ríanse!"
Hicieron todo lo que les pidieron, pero no tuvieron que actuar mucho. Luis la abrazó por la cintura y la pegó a él. Greicy le puso las manos en el pecho. Se miraban como si nadie más estuviera.
"¿Estás enojada conmigo por lo del contrato?", susurró Luis mientras les tomaban fotos.
"Sí", susurró ella.
"¿Mucho?"
"Muchísimo."
"¿Y si te beso para que se te pase?"
Greicy lo miró, con lágrimas en los ojos y sonrisa temblorosa. "Esta vez no funcionaría. Esta vez estoy muy enojada."
"Pruébame."
Y Luis la besó. Frente a todos, frente a las cámaras, frente a Iker que apretaba los dientes. La besó con todo lo que sentía, con miedo, con culpa, con amor. Le sostuvo la cara, le pasó el pulgar por la mejilla, le secó una lágrima que se le escapó.
Greicy se olvidó del contrato. Se olvidó de Iker, de Valeria, de la multa. Solo estaba él, de traje, besándola como si fuera su esposa de verdad.
El fotógrafo estaba extasiado. "¡Eso! ¡Eso es oro puro! ¡Beso, beso, más beso!"
Iker interrumpió. "Perfecto, ya tenemos la portada. Ahora la foto del anillo."
Les pusieron anillos falsos, pero que parecían reales. Luis le puso el anillo a Greicy con manos temblorosas. Se lo puso mal, al revés. Greicy se rió bajito.
"Eres un desastre, Salinas."
"Contigo sí. Contigo siempre soy un desastre."
Ella le puso el anillo a él. Le quedaba grande, pero no importaba.
Cuando terminaron, a las 7 de la noche, les dieron 10 minutos de descanso. Luis se llevó a Greicy al balcón del estudio, donde no había cámaras.
Se quitaron los zapatos, se sentaron en el suelo, los dos de blanco y negro, agotados.
"¿Sabes qué es lo más triste?", dijo Greicy, mirando la ciudad. "Que siempre soñé con esto. Con casarme con alguien que me viera como tú me viste hoy. Y está pasando, pero es por un contrato que firmé en un camión."
Luis la miró de lado. "¿Y si lo hacemos real después? ¿Cuando se acabe el contrato? ¿Si te digo que quiero casarme contigo de verdad, en unos años, cuando seamos abogados y cantantes y todo lo que queramos ser?"
Greicy se quedó callada. Luego se recargó en su hombro.
"Primero invítame a salir bien, Luis Salinas. Porque técnicamente nunca me has pedido que sea tu novia. Me besaste para callarme y de ahí ya no paramos."
Luis se rió. "Tienes razón. Qué mal novio soy."
"Sí, malísimo."
"Greicy Reyes, ¿quieres ser mi novia de verdad, no solo de contrato?"
Greicy lo miró, con el vestido blanco todo arrugado, con el maquillaje corrido, con el anillo falso brillando.
"Sí, tenías que ser tú", dijo, usando su frase.
Luis la abrazó fuerte, la levantó del suelo con vestido y todo y dio vueltas con ella en el balcón. Ella gritó, se rió, lloró un poco.
Desde abajo, Iker los vio. Y sacó su celular. Le marcó a su papá.
"Papá, adelanta lo de Sinaloa. Quiero la ceremonia real. Con juez y todo. Si se van a casar frente a cámaras, que sea con papeles de verdad. Así no se me escapa."
Y colgó, sonriendo.
Los dos en el balcón no sabían que al día siguiente, en Sinaloa, no sería una boda falsa. Sería una boda con acta real. Una trampa final.
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