La gravedad del pasado vs. El presente:
Él vive atrapado en la órbita de la muerte de su esposa.
Clara Monasterio, luminosa y dedicada a salvar vidas infantiles, representa una fuerza opuesta que lo empuja a sanar, aunque su mente paranoica tema que acercarse a ella ponga en peligro a los que ama.
El filtro del niño: El hijo de 6 años actúa como el "sensor" de la novela. Al aceptar inmediatamente a Clara, rompe las defensas del padre.
El misterio de fondo: El asesinato de la exesposa no fue un simple asalto de compras. A medida que Clara y el magnate interactúan, la teniente Samantha Blake comienza a notar inconsistencias en el caso que la policía dio por cerrado, vinculando el peligro al estatus tecnológico del protagonista.
Clara es la hija de la doctora en eminencia en cardiología Diana Monasterio. De la novela "BAJO EL PULSO DE LA GRAVEDAD"
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EL DESPERTAR DEL ALBA Y LA SOMBRA EN EL PERÍMETRO
La madrugada se cernía sobre la ciudad con una quietud impropia de un núcleo urbano tan bullicioso. Las luces de neón de los rascacielos lejanos parpadeaban como estrellas artificiales, reflejándose con nitidez en las grandes cristaleras del búnker tecnológico de Kaelen Vance. En el interior del salón privado del último piso, la atmósfera había cambiado de forma radical tras la intensa confesión compartida horas antes.
Kaelen permanecía sentado frente a su consola de monitoreo principal, con los dedos deslizándose a una velocidad vertiginosa sobre el teclado holográfico. Su rostro, iluminado por el parpadeo azulado de las pantallas, denotaba una concentración absoluta y tensa. A pocos metros de distancia, Clara descansaba reclinada en un cómodo sillón de cuero negro, envuelta en la americana de Kaelen que él mismo le había colocado sobre los hombros para protegerla del frío nocturno.
La joven dormía con una tranquilidad asombrosa, con el rostro relajado y la respiración compasiva, ajena al frenesí de códigos y cortafuegos que su compañero manipulaba para garantizar la seguridad de ambos. Para Kaelen, verla allí, durmiendo en el corazón mismo de su fortaleza, era una contradicción fascinante: la prueba viviente de que, por primera vez en años, había decidido dejar entrar la luz en lugar de sellar las puertas con cerrojos de hierro.
Sin embargo, la paz duró poco.
Un pitido sordo y agudo resonó de repente en la consola central. Una luz ámbar comenzó a parpadear con urgencia en el cuadrante inferior izquierdo del monitor principal, indicando una anomalía en el perímetro exterior de la torre corporativa.
Kaelen se inclinó hacia adelante, entrecerrando los ojos grises mientras sus dedos tecleaban un comando de rastreo rápido para ampliar la señal de las cámaras térmicas y de reconocimiento facial instaladas en los accesos de la planta baja.
—Sistema, despliega el informe de anomalía en el sector cuatro —ordenó Kaelen con un tono de voz gélido, casi un susurro para no despertar a Clara.
La inteligencia artificial del búnker respondió de inmediato, proyectando una ventana flotante con imágenes en alta resolución capturadas por los sensores de movimiento.
—Señor Vance, se ha registrado una intrusión de baja firma electromagnética en el callejón posterior de servicio —informó la máquina con su pulcritud habitual—. Un individuo no identificado, dotado de equipo de camuflaje táctico de grado militar, ha intentado vulnerar la cerradura secundaria del montacargas. El intruso fue repelido por el sistema de descarga disuasoria, pero dejó caer un objeto antes de emprender la huida hacia el este.
Los músculos del cuello de Kaelen se tensaron al instante. La mandíbula se le marcó con fuerza, y un brillo de fría furia atravesó su mirada. No era un simple asaltante callejero; el uso de camuflaje táctico y la firma electromagnética delataban a un profesional enviado por las mismas corporaciones sombrías que llevaban años intentando descifrar sus patentes cuánticas y desestabilizar su vida personal.
Antes de que pudiera activar el protocolo de persecución por drones, un movimiento suave a su espalda le hizo girar la cabeza con rapidez.
Clara se había despertado. Se frotaba los ojos con suavidad, arropándose mejor con la americana de Kaelen, y lo miraba con una mezcla de sueño y absoluta alerta.
—¿Qué ocurre, Kaelen? —preguntó Clara con voz ronca, incorporándose en el sillón y buscando su mirada en la penumbra de la sala—. He escuchado la alerta del sistema.
Kaelen se puso de pie de un salto, apagando las pantallas con un gesto rápido de la mano para evitar que ella viera los detalles más violentos del reporte de seguridad. Se acercó a ella con pasos largos, deteniéndose a escasos centímetros para tomar sus manos entre las suyas, comprobando que estuviera ilesa.
—Nada de qué preocuparse, Clara —mintió Kaelen con una calma forzada, intentando disimular la tormenta que se agitaba en su interior—. El sistema automatizado detectó una falla menor en el perímetro exterior de servicio. Nada que mis protocolos de seguridad no hayan resuelto de inmediato.
Clara lo miró fijamente, con esa perspicacia clínica que parecía atravesar cualquier fachada que el magnate intentara levantar. Sabía perfectamente que Kaelen le estaba ocultando algo, pero en lugar de confrontarlo con reproches, esbozó una media sonrisa comprensiva y estiró los brazos para rodearle la cintura con suavidad.
—No intentes protegerme ocultándome la verdad, Kaelen —murmuró Clara contra su pecho, sintiendo cómo los latidos del magnate se aceleraban bajo la camisa—. Recuerda lo que te dije anoche: estamos en esto juntos. Si hay una sombra acechando allá afuera, tendremos que enfrentarla cara a cara, con la misma determinación con la que mi familia defiende sus convicciones.
Kaelen cerró los ojos un instante, rindiéndose ante la abrumadora calidez de sus palabras. La rodeó con fuerza entre sus brazos, respirando su perfume a jazmín y sándalo, consciente de que el juego del gato y el ratón con sus enemigos invisibles acababa de entrar en una fase definitiva.
Mientras tanto, a kilómetros de allí, en la quietud de la clínica Monasterio, la Teniente Samantha Blake se levantaba de su escritorio en el ala de seguridad, con el teléfono móvil vibrando incesantemente en su mano. Un informe cifrado acababa de llegar a su bandeja de entrada, revelando que la sombra que perseguía a Kaelen Vance estaba mucho más cerca de lo que todos imaginaban. El tablero estaba listo, y la gravedad había terminado de atraparlos a todos en su inevitable órbita.