Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 16: La Red del Sur
La sede principal del Banco Mercantil de la Capital era un edificio histórico de fachada neoclásica y bóvedas subterráneas de acero cruzado. En la última planta, dentro del despacho de la presidencia ejecutiva, el ambiente olía a pánico.
El presidente del banco, un hombre de edad avanzada con traje de tres piezas y gemelos de platino, miraba con manos temblorosas las pantallas de su terminal corporativa. En menos de cuarenta y ocho horas, las cuentas de las familias más influyentes del sur de la metrópoli habían sido congeladas bajo órdenes judiciales y decretos de insolvencia emitidos por la autoridad de mercados.
Al otro lado del escritorio de caoba, Victoria permanecía sentada con la compostura de una monarca recibiendo tributos. Lucía un impecable traje sastre en tono granate, con una camisa de seda negra cuyo cuello pronunciado dejaba ver la piel bronceada de su garganta. Sus manos, enguantadas en piel fina, sostenían una taza de porcelana china.
A su lado, Alexey Volkov permanecía de pie. Llevaba una gabardina negra sobre su traje oscuro, con las manos metidas en los bolsillos y los ojos grises fijos en la nuca del banquero. Su presencia en la sala era como la de un depredador que simplemente esperaba la orden para abalanzarse sobre la presa.
—Señora Silva... esto es una irregularidad colosal —balbuceó el ejecutivo, secándose el sudor de la frente con un pañuelo de lino—. Los activos del Cartel del Sur están respaldados por participaciones en firmas internacionales. Si ejecuto esta transferencia de control hacia Vanguard Capital, la junta de directores me destruirá.
Victoria dejó la taza de porcelana sobre la mesa sin hacer el menor ruido. Levantó la mirada, fija y dorada, e inclinó levemente la cabeza.
—La junta de directores, señor banquero, no sabe que usted ha estado lavando el capital de las redes de trata del sur durante los últimos diez años —dijo ella en un tono suave, casi arrullador—. Esas cuentas no pertenecen a empresarios; pertenecen a hombres que intentaron asesinarme en la autopista la noche del martes. Si no firma la transferencia de liquidez en este instante, no será la junta de directores quien lo busque... será Alexey.
El magnate mafioso dio un paso adelante. Apoyó sus manos enormes sobre la superficie del escritorio, inclinándose hacia el banquero hasta que la cicatriz de su pómulo quedó a centímetros de la faz aterrorizada del hombre.
—Tienes tres segundos para estampárselo con la pluma, viejo —gruñó Alexey, con una voz baja que hizo vibrar los marcos de las ventanas—. O te garantizo que antes de la puesta de sol tus herederos estarán pidiendo limosna en la avenida principal.
El presidente del banco no esperó el final de la cuenta regresiva. Tomó la pluma de oro con dedos temblorosos y firmó las tres copias del decreto de cesión de activos.
Victoria tomó los documentos con elegancia, revisando las firmas con una rápida ojeada antes de guardarlos en su maletín de piel. Se puso de pie y acomodó la solapa del traje de Alexey con un gesto lento y provocativo.
—Buen trabajo, Jefe —murmuró ella, acariciándole el mentón con la yema del dedo enguantado—. Ahora el Cartel del Sur no tiene liquidez para pagar a sus mercenarios. La cacería en el puerto de Venecia será una mera formalidad.
Alexey le atrapó la mano con firmeza, apretándola contra su rostro mientras sus ojos de acero arden de un deseo voraz.
—Me debes una recompensa por hacer de perro de presa en tu oficina corporativa, mi Reina —susurró él, rozándole los labios con los suyos en un beso breve pero cargado de una posesión salvaje que hizo temblar las rodillas del banquero, quien observaba la escena sin atreverse a respirar.
—La tendrás en el barco, bárbaro —respondió ella con una sonrisa peligrosa antes de caminar hacia la salida.