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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:214.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7 LA NOBLEZ TAMBIEN VIENE VESTIDA EN ROPA SIN MARCA

A la quinta llamada, Maya marcó el número de Carolina. Carolina había sido su mejor amiga en el colegio. Habían compartido secretos, primeras borracheras, primeras decepciones amorosas.

Habían jurado ser amigas para siempre, esas promesas de adolescencia que se hacen con el corazón en la mano y se rompen con el tiempo. Carolina no había contestado las dos llamadas anteriores. Esta vez sí.

—Maya —dijo Carolina, y su voz sonó extraña, distante—. Mira, no voy a darte largas. Todo el mundo sabe lo de tu padre. Nadie va a prestarte nada. Eres un riesgo.

Las palabras golpearon a Maya como un puñetazo en el estómago.

—¿Riesgo? —repitió, incrédula—. Soy yo, Carolina. Soy Maya. ¿Yo soy un riesgo?

El silencio fue su respuesta. Un silencio frío, definitivo. Maya esperó. Esperó una rectificación, una disculpa, un "no quise decir eso". Pero Carolina no dijo nada más. Ni siquiera un adiós. Solo colgó.

Maya se quedó mirando la pantalla del móvil hasta que se oscureció por inactividad. El reflejo de su propio rostro la miró de vuelta: ojos hinchados, ojeras profundas, el esmalte rosa de las uñas desconchándose.

Ya no era la Maya Velini de las fiestas y las cenas de gala. Era otra. Una desconocida.

Guardó el teléfono. No hizo más llamadas.

*_*

Los días siguientes fueron una lección de humillación cotidiana.

Maya aprendió que el hambre no es poética. El hambre duele. El hambre es un animal que se instala en el estómago y roe desde adentro, que nubla la mente y afila los instintos.

Después de dos días comiendo solo pan duro y agua, Maya entendió por qué la gente robaba. No por maldad. Por supervivencia.

Aprendió a estirar el dinero como si fuera chicle. Cada peso contaba. Cada moneda tenía un destino asignado. El pan del desayuno. El arroz de la cena. La recarga del móvil, porque necesitaba estar localizable por si el abogado llamaba.

Aprendió que en el supermercado del barrio no le fiaban. Que la carne era un lujo que ya no podía permitirse.

Que las verduras de la verdulería de la esquina eran más baratas si iba justo antes del cierre, cuando el verdulero quería deshacerse de lo que le quedaba.

Aprendió que la señora del segundo piso, una mujer mayor de nombre Elvira, siempre le sonreía cuando se cruzaban en la escalera. Al principio, Maya respondía con un gesto cortante, casi grosero.

No quería caridad. No quería lástima. Pero Elvira insistía, con la paciencia de quien ha visto mucho y juzga poco.

—Tome, niña —le dijo un día, tendiéndole un tupper de sopa casera—. Nadie come bien en este edificio. Pero al menos usted no va a pasar hambre, ¿me oye?

Maya quiso decir que no. Que no necesitaba su ayuda. Pero su estómago rugió en ese momento, una traición biológica que delató su necesidad.

Aceptó la sopa. Era de verduras, simple, sin carne. Pero estaba caliente. Y tenía gusto a algo. A algo que no era pan seco y resignación.

—Gracias —susurró Maya, y las palabras le supieron a derrota y a victoria al mismo tiempo.

Elvira le sonrió, mostrando los huecos de sus dientes faltantes.

—De nada, rubia. Aquí nos ayudamos entre todos. O nos morimos solos. No hay otra.

*_*

Llamó a su padre.

Fue la llamada más difícil de su vida. La comunicación era pésima, como si el penal estuviera en otro país, en otro siglo.

La voz de Alessandro Velini llegaba entrecortada, metálica, distorsionada.

—¿Maya? ¿Eres tú, hija?

—Soy yo, papá. Te quiero. Vamos a sacarte de ahí.

—¿Tu madre? ¿Cómo está tu madre?

Maya mintió. Nunca había mentido a su padre, pero esa noche aprendió.

—Bien, papá. Está bien. Descansa mucho. El médico dice que en unas semanas estará como nueva.

La mentira se le atragantó en la garganta, pero la dijo. La sostuvo. La defendió.

—Hija… ten cuidado con tu tío. Ese hombre es peligroso. No sabes de lo que es capaz.

—No te preocupes. Yo me encargo.

—Eres fuerte, Maya. Más de lo que crees.

Maya quiso creerle. Pero cuando colgó, cuando la voz de su padre se perdió en el ruido blanco de la comunicación cortada, se sentó en el suelo y se abrazó las rodillas.

No se sentía fuerte. Se sentía como una hoja seca a merced del viento.

*_*

Fue entonces, en medio de esa noche de desesperación, cuando Maya tomó una decisión.

El abogado había llamado de nuevo. Las cuarenta y ocho horas se habían reducido a veinticuatro. El tiempo se escapaba como agua entre los dedos, y ella no tenía quinientos mil pesos.

No tenía quinientos. No tenía cien. Apenas le quedaban monedas para el pan del día siguiente.

Miró a su madre, dormida en el sofá, la respiración entrecortada. Miró el teléfono, mudo, lleno de contactos que ya no eran amigos. Miró sus manos vacías, sus uñas desconchadas, su ropa gastada.

Necesito encontrar una solución, pensó. Cueste lo que cueste.

Se puso los zapatos que le quedaban: unas bailarinas negras de cuero gastado, las suelas desgastadas por el uso, los cordones rotos que había atado en un nudo apretado para que no se deshicieran.

Se ató el pelo en una coleta alta, porque el pelo suelto era un lujo que no podía permitirse en la calle peligrosa. Miró su reflejo en el espejo roto del baño y no se reconoció.

Eran las diez de la noche. El barrio estaba vivo: la música a todo volumen en algún departamento, las sirenas de policía a lo lejos, los perros ladrando, los vecinos gritándose de un balcón a otro.

El olor a basura del callejón flotaba en el aire, denso, irrespirable.

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Silvana Aracelli Navarro
que bella historia,mil felicitaciones querida escritora.
Mary Ney
excelente novela
Mary Ney
Muy bonita novela gráfica escritora 🥰
Guillermo Vasquez Areque
y la mami que se olvidaron de ella?
Liliana Angulo
cuidado con Mateo, la fiera es peligrosa cdo esta enjaulada
Liliana Angulo
que noche Maya , !!! ya el amor crece
Sandra Robles
cada una de tus historias son maravillosas ,genia total ,gracias !!
Sandra Robles
que preciosa hustoria🥰
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente ,,, como siempre !!! vamos por más
Cliente anónimo
Aveces uno cree tener amigos, que mientras uno está bien ellos están ahí y lo adulan a uno porque uno les sirve y se benefician de uno, pero valla caiga a una clínica enfermo o en desgracia ahí se da cuenta uno que no hay amigos cuando ni siquiera hacen una llamada a preguntar y esa es la vida y hay que aprenderla a vivir así y salir adelante
Carmen Rodriguez
/Drool/
Liliana Angulo
Dante te estas enamorando CLARO Q SI
Liliana Angulo
cuando eatas abajo nadie te da la mano
Liliana Angulo
😯nunca piensas q tu familia te traicione y duele cuando lo hacen
Liliana Angulo
en nadie puedes confiat
Judy
Como todas tus obras tienen la especies justas de amor, dolor, traición, redención, etc., que las hacen únicas, súper entretenidas y adictivas para nosotras las lectora. Me encantó la historia de Maya y Dante!!! Gracias una vez más!!
Corina Galantti
me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Graciela Alvarez
que flojera con las críticas destructivas
Graciela Alvarez
por favor, dejen a la escritora hacer su trabajo o ustedes los críticos hagan su novela 🤭👏
Edith Zenteno
vamos en más de la mitad y puros besos?? fome
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