Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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planes
— eso es perfecto.— dijo Leonor con una gran sonrisa y yo salí del comedor molesta.
— Ese tipo no me da buena espina, puedo notar su arrogancia de savelo todo.— dije mientras entrabamos a mi habitación.
— Es una muy buena oportunidad que te abrirá Muchas puertas.— dijo Nathalia y yo suspiré.
—Lo que me da rabia no es el proyecto, Nat, es él —dije, tirándome de espaldas sobre la cama y cubriendo mi rostro con las manos—. Odio esa sonrisita de superioridad, esa actitud de que tiene todo bajo control. Cree que me tiene acorralada, pero no sabe con quién se metió.
Nathalia se sentó a mi lado y me dio un golpecito cariñoso en la pierna.
—Mira el lado positivo, Zoe: es tu oportunidad perfecta para aplastarle el ego. Él espera que te rindas o que cometas un error impulsivo por el coraje que le tienes. Si demuestras que eres una arquitecta impecable y profesional, el que va a quedar en ridículo frente a tu papá y su madre es él además que pronto será tu hermano y para serte sincera está muy guapo.
Me quité las manos de la cara y miré el techo de mi habitación. Nat tenía razón. Antoni jugaba al ajedrez, provocándome para que actuara con las tripas y no con la cabeza. Pero si algo sobraba en mí, además de orgullo, era capacidad.
—Tienes razón —murmuré, incorporándome despacio con una determinación renovada—. Si Antoni quiere jugar a ser el hijo perfecto para quedar bien frente a mi padre también lo haré yo y tú también tendrás que ayudarme le diré a mi padre que trabajarás conmigo necesitaré una decoradora a mi lado.
— Encerio quieres que trabaje contigo.?— pregunto Nathaly sorprendida, pues si nos hablábamos Pero nada cercano a una gran amistad, pues ella era hija de doctores y aunque mi madre se habla con la suya jamás sentí una cercanía hasta hoy.
— Por que jugaría con eso?, además tu también te graduaste como una de las mujeres alumnas así que eres perfecta para esto.— dije Suspirando.
Nathalia me miró por unos segundos, asimilando mis palabras, hasta que una sonrisa amplia y entusiasmada se dibujó en su rostro.
—¡Por supuesto que acepto! —dijo, dándome un abrazo rápido antes de ponerse de pie—. Te juro que no te vas a arrepentir, Zoe. Vamos a hacer el mejor proyecto de la ciudad, Pero entonces ya me tengo que ir para trabajar en algunas ideas.
— Me parece perfecto, ve a descansar mañana nos vemos muy temprano en la oficina de mi papá.— dije con una sonrisa.
Cuando Nathaly salió de mi habitación suspiré mire una foto que había en mi buró era de mi graduación donde estaba Mateo, me pare enseguida y la arroje a la basura.
El cristal marco de la foto se estrelló contra el fondo del bote de basura, pero el crujido no bastó para apagar la rabia en mi pecho. Mateo había sido borrado de mi vida en un segundo, y ni una sola lágrima más iba a caer por él.
Me acerqué al ventanal para calmar la respiración cuando ví a Antoni caminar por la orilla de la alberca hablando por teléfono lo mire por unos segundos pues no soy ciega el tipo era muy guapo su cuerpo estaba lleno de músculos era alto su piel bronceada,Pero tenía cara del típico hijo de mami voluble y aburrido.
El miró a mi balcón y nuestras miradas se encontraron Pero yo enseguida desvié la llamada y entre enseguida.
por UE la tal amiguita esa ni me fio