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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El lugar que siempre fue tuyo

Nora encontró a Alyssa y a Kaleb cuando ya comenzaban a regresar del Bosque de los Secretos.

Venía por el sendero con tanta prisa que las ramas se enganchaban en su ropa y algunos mechones de cabello se habían soltado de la trenza.

—Por fin —dijo cuando los vio—. Llevo media hora buscándolos.

Alyssa acomodó la cesta sobre su brazo y procuró que su expresión pareciera normal.

Aún sentía el calor de la mano de Kaleb sobre su mejilla.

Todavía recordaba la manera en que él había bajado los ojos hacia sus labios.

Y la pregunta que ella misma había hecho unos minutos atrás seguía suspendida entre ambos, incómoda y emocionante al mismo tiempo.

¿Ibas a besarme?

No lo sé.

No era la respuesta que Alyssa había esperado.

Sin embargo, tampoco era una negación.

—¿Ocurrió algo? —preguntó Kaleb.

Nora los miró alternativamente. Sus ojos se detuvieron un instante en las mejillas todavía encendidas de Alyssa, pero tuvo la prudencia de no comentar nada.

—Llegó la familia de Elara.

Kaleb frunció ligeramente el ceño.

—Creí que vendrían mañana.

—Se adelantaron. Ethan está a punto de volverse insoportable.

—Entonces nada ha cambiado —murmuró Alyssa.

Nora soltó una risa.

—El Alfa quiere que estemos presentes para recibirlos. También hablarán de lo que sucederá ahora que Ethan y Elara se reconocieron como compañeros destinados.

Kaleb asintió.

El Juramento de la Luna no podía celebrarse sin que ambas familias estuvieran presentes. Tampoco bastaba con la decisión de los Alfas. Aunque la tradición establecía ciertos criterios, el futuro de la pareja no podía imponerse.

Ethan pertenecía a Luna de Plata.

Era guerrero, amigo del heredero y uno de los hombres destinados a formar parte del círculo cercano del próximo Alfa. Su partida debilitaría a la manada y, sobre todo, lo alejaría de la familia que había construido desde niño.

Elara, por otra parte, tenía derecho a conservar la vida que conocía.

El vínculo los había unido.

No los convertía en propiedad el uno del otro.

—Tenemos que apresurarnos —insistió Nora—. Ethan ya preguntó tres veces por ustedes.

—¿Por nosotros o por Kaleb? —preguntó Alyssa.

—Por Kaleb. Pero después se acordó de que tú existías.

—Qué considerado.

Nora tomó su brazo y comenzó a tirar de ella hacia el sendero.

—Vamos. Liam también debe estar por llegar.

Alyssa caminó junto a su amiga. Kaleb avanzó al otro lado, más callado de lo habitual.

Durante los primeros minutos nadie mencionó lo ocurrido en el claro.

Pero cada vez que las manos de Alyssa y Kaleb se rozaban accidentalmente, ambos se separaban con una rapidez que Nora fingía no notar.

La plaza de Luna de Plata estaba llena de movimiento.

Varios vehículos se encontraban estacionados cerca de la entrada principal del territorio. Algunos integrantes de Montaña Gris descargaban equipaje mientras el Alfa de Luna de Plata conversaba con el padre de Elara.

Ethan permanecía junto a ella.

Tan cerca que sus hombros se tocaban.

Desde que la había encontrado, parecía incapaz de alejarse más de unos cuantos pasos.

Alyssa sonrió al verlo.

Ethan siempre había sido ruidoso, inquieto y difícil de tomar en serio. Ahora escuchaba cada palabra de Elara como si no existiera nada más importante en el mundo.

Su expresión había cambiado.

Seguía siendo el mismo hombre que hacía bromas en los momentos menos adecuados, pero había una calma nueva en él.

Como si, después de años corriendo hacia todas partes, finalmente hubiera encontrado un lugar en el que deseaba quedarse.

—Llegaron —dijo Ethan apenas los vio.

Kaleb le dio una palmada en el hombro.

—Parece que sobreviviste a la espera.

—Por poco.

Elara sonrió y abrazó a Nora. Después recibió a Alyssa con el mismo afecto, aunque apenas habían convivido durante la celebración anterior.

—Me alegra que estés aquí.

—A mí también.

Alyssa miró el equipaje.

—¿Se quedarán varios días?

—Mis padres sí. Tenemos que hablar del Juramento.

Ethan tomó su mano.

El gesto fue espontáneo, pero Elara entrelazó los dedos con los suyos como si llevaran años haciéndolo.

—No quiero que sientas que tienes que tomar una decisión hoy —le dijo él.

Elara lo miró con ternura.

—No me estás obligando a nada.

—Dejarías tu manada.

—No dejaría de pertenecer a ella.

—Pero tu familia está allá.

—Y tú estás aquí.

Ethan bajó la voz.

—Yo podría ir contigo.

Kaleb volvió la cabeza hacia él.

No dijo nada, pero Ethan comprendió la sorpresa que le había causado escucharlo.

Habían hablado de aquella posibilidad desde niños. Cada uno sabía que encontrar a un compañero de otra manada podía cambiarlo todo. Aun así, imaginar a Ethan abandonando Luna de Plata era distinto a escucharlo ofrecerlo con tanta naturalidad.

Elara negó despacio.

—No quiero que lo hagas.

—No sería un sacrificio si estoy contigo.

—También amas este lugar.

Miró a Kaleb, Liam —que acababa de acercarse—, Nora y Alyssa.

—Ellos son tu familia. Tu vida está aquí. Y algún día serás uno de los hombres más cercanos al Alfa.

Ethan apretó suavemente sus dedos.

—Tú también tienes una vida.

—La tengo. Por eso quiero elegir con calma cómo unirla a la tuya, no cuál de las dos debemos destruir.

Alyssa sintió una admiración inmediata por ella.

Elara no hablaba como alguien arrastrado por un vínculo imposible de resistir. Hablaba como una mujer que comprendía la importancia de lo que estaban construyendo.

—En Montaña Gris puedo seguir ayudando a mi padre —continuó—, pero no tengo una responsabilidad que me obligue a permanecer allí. Mis hermanos viven cerca de él y yo siempre podré visitarlos.

Ethan la observó, esperanzado.

—¿Eso significa que considerarías venir a Luna de Plata?

—Significa que quiero conocer este lugar antes de llamarlo hogar.

Él sonrió.

—Eso me parece justo.

—Además —añadió Elara—, alguien tendrá que impedir que comas todo lo que encuentres.

—Ya me siento perfectamente integrado a tu futuro.

Los demás rieron.

Alyssa miró a Kaleb casi por costumbre.

Él ya la estaba observando.

El intercambio duró apenas un segundo, pero fue suficiente para devolverle el recuerdo del bosque.

La cercanía.

La caricia.

La forma en que casi había dejado de existir el espacio entre ellos.

Alyssa apartó los ojos primero.

Entonces escuchó una voz femenina detrás de Elara.

—¿No vas a presentarnos?

La joven que se acercó debía de tener unos veinte años. Era alta, de cabello rubio oscuro y facciones definidas. Vestía un pantalón negro y una blusa azul que resaltaba sus ojos claros. Caminaba con la seguridad de quien estaba acostumbrada a entrar en un lugar y ser observada.

Elara sonrió.

—Claro. Ella es Camille, mi prima.

La joven saludó primero a Nora y a Alyssa.

Después su atención se dirigió hacia Kaleb.

Lo recorrió con una mirada breve, pero nada discreta.

Alyssa la vio.

Y aunque intentó decirse que no significaba nada, algo incómodo se instaló en su pecho.

—Así que tú eres Kaleb —dijo Camille.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

—Y tú debes de ser la prima que Elara mencionó.

—Espero que haya hablado bien de mí.

—Dijo que eras difícil de ignorar.

Camille sonrió.

—Entonces habló con sinceridad.

Kaleb respondió con una cortesía tranquila. No parecía particularmente interesado, pero tampoco incómodo.

Alyssa se obligó a mirar hacia otro lado.

No tenía derecho a sentir nada.

Kaleb estaba soltero.

Todavía no había encontrado a su compañera destinada.

Camille era una loba adulta. Su Primera Luna había ocurrido hacía tiempo, por lo que si existiera un vínculo entre ellos ya se habría manifestado al encontrarse.

No ocurrió.

Aun así, Alyssa sintió un alivio que no quiso analizar.

—Mi padre quiere que les mostremos las habitaciones —dijo Kaleb—. Pueden dejar el equipaje antes de la reunión.

—¿Tú nos acompañarás? —preguntó Camille.

—Sí.

—Perfecto.

La respuesta fue demasiado entusiasta.

Nora miró de inmediato a Alyssa.

Ella sonrió como si nada hubiera ocurrido.

—Yo ayudaré a Elara.

Se acercó a una de las maletas y tomó el asa.

Kaleb extendió la mano.

—Déjala. Yo puedo llevarla.

—No pesa mucho.

—Alyssa.

Normalmente, ella habría entregado la maleta y caminado junto a él.

Aquella vez negó con suavidad.

—Ocúpate de los demás. Yo estoy bien.

No había reproche en su voz.

Ni enojo.

Solo una amabilidad cuidadosamente colocada entre ambos.

Kaleb frunció un poco el ceño, pero Camille ya le preguntaba algo sobre el territorio y él tuvo que responder.

Alyssa caminó junto a Elara.

No volvió a acercarse.

Durante el almuerzo, Alyssa estuvo alegre.

Ayudó a Mara a servir los platos.

Conversó con la madre de Elara sobre la universidad.

Se rio cuando Ethan derramó una bebida sobre su camisa.

Escuchó a Liam explicar las reglas del Juramento de la Luna y felicitó a Elara cuando confirmó que deseaba pasar una temporada en Luna de Plata antes de tomar una decisión definitiva.

Nada en su comportamiento parecía extraño.

Excepto una cosa.

No ocupó la silla que quedaba junto a Kaleb.

Aquel lugar llevaba años perteneciéndole sin que nadie lo hubiera decidido.

No importaba dónde comieran, quién sirviera primero o cuántos invitados hubiera: Alyssa terminaba a su lado.

Esa tarde se sentó entre Nora y Mara.

Kaleb la miró al notarlo.

Ella le sonrió desde el otro lado de la mesa.

Después continuó hablando con Elara.

Camille ocupó la silla vacía.

—¿Siempre organizan comidas tan grandes cuando reciben visitas? —preguntó.

—Depende de la visita —respondió Kaleb.

—Entonces me sentiré halagada.

Él sonrió por educación.

Alyssa bajó la vista hacia su plato.

No estaba molesta con Camille.

La joven no había hecho nada incorrecto. Kaleb tampoco. Conversaba con ella porque era una invitada y porque, como heredero, debía procurar que la familia de Elara se sintiera bienvenida.

Alyssa lo comprendía.

Precisamente por eso había decidido darle espacio.

Después del casi beso en el bosque, también había comenzado a preguntarse si la cercanía entre ambos era justa.

Kaleb todavía esperaba a su compañera destinada.

Quizá aquella mujer estuviera en otra manada.

Quizá apareciera al día siguiente.

¿Y qué pasaría entonces?

¿Encontraría a un hombre cuya vida ya estaba entrelazada con la de Alyssa de una forma que nadie había cuestionado?

Kaleb la buscaba cada mañana.

La abrazaba cuando estaba triste.

La acompañaba al bosque.

Comía en casa de Rowan y Mara.

La tocaba con la familiaridad de alguien que nunca había necesitado pedir permiso para acercarse.

Todo aquello resultaba natural porque habían crecido juntos.

Pero para la futura compañera de Kaleb quizá no lo sería.

Alyssa no quería convertirse en una dificultad antes de que esa mujer siquiera apareciera.

Tampoco quería descubrir que había confundido trece años de cariño con algo que él nunca podría ofrecerle.

—¿Estás bien? —murmuró Nora.

Alyssa levantó la cabeza.

—Claro.

—No has probado la comida.

Tomó un pequeño bocado.

—¿Ves?

Nora la observó con desconfianza.

—Estás disimulando.

—No estoy disimulando nada.

—Te conozco.

—Y yo a ti. Por eso sé que no dejarás de preguntar.

Nora abrió la boca, pero Alyssa le dio un suave apretón en la mano debajo de la mesa.

—Estoy bien —repitió—. De verdad.

Nora no insistió.

Solo miró hacia Kaleb.

Él había dejado de escuchar a Camille.

Observaba a Alyssa desde el otro lado de la mesa.

Por la tarde, los visitantes recorrieron la plaza, los talleres y parte del bosque cercano.

Camille permaneció junto a Kaleb casi todo el tiempo.

Le hacía preguntas sobre las patrullas, su formación como heredero y el momento en que asumiría como Alfa. Él respondía con paciencia, aunque su atención se desviaba cada pocos minutos.

Siempre hacia Alyssa.

Ella caminaba con Elara y Nora.

En ocasiones reía.

Otras veces conversaba con Mara.

Nunca parecía incómoda.

Pero no buscaba a Kaleb.

No se detenía para esperarlo.

No intervenía en sus conversaciones.

Y cada vez que él conseguía acercarse, Alyssa encontraba algo que hacer.

—Voy a ayudar a Mara.

—Elara quiere conocer el taller.

—Nora necesita encontrar a la sanadora.

No eran excusas.

Todas eran ciertas.

Eso lo volvía más irritante.

—¿Alyssa está molesta contigo? —preguntó Ethan cuando por fin logró apartarse unos minutos de Elara.

Kaleb siguió observándola.

—No.

—Parece que sí.

—No ha dicho nada.

Liam se colocó junto a ellos.

—Alyssa nunca necesita decirlo.

Kaleb lo miró.

—¿Tú también lo notaste?

—Todos lo notamos.

Ethan señaló discretamente a Camille.

—Bueno… casi todos.

La joven hablaba con el padre de Kaleb a cierta distancia.

—No ocurrió nada con ella —dijo Kaleb.

—Nosotros lo sabemos —respondió Ethan.

Liam añadió:

—La pregunta es si Alyssa también.

Kaleb endureció la mandíbula.

—No tendría por qué importarle.

Ethan lo miró con una expresión divertida.

—¿No?

Kaleb no respondió.

Porque deseaba que le importara.

Esa era la verdad.

Después de verla bailar con otro hombre durante la celebración anterior, había descubierto una posesividad que no sabía controlar. Había estado dispuesto a romperle la mandíbula a un desconocido por la simple posibilidad de que intentara besarla.

Ahora Alyssa contemplaba a otra mujer acercarse a él y, en lugar de reclamar, se apartaba.

Aquello no lo tranquilizaba.

Lo enfurecía de una manera completamente distinta.

—Hablaré con ella —decidió.

Ethan sonrió.

—Buena suerte.

—No la necesito.

Liam y Ethan intercambiaron una mirada.

—La necesitarás —dijeron casi al mismo tiempo.

Kaleb tardó otra hora en conseguir que Alyssa estuviera sola.

La encontró al atardecer detrás de la casa de Rowan y Mara, guardando varios manteles en un arcón exterior.

—¿Puedo ayudarte?

Ella levantó la vista y sonrió.

—Ya terminé.

Cerró el arcón.

Intentó pasar junto a él, pero Kaleb se movió para bloquearle el camino.

No de manera amenazante.

Solo lo suficiente para impedir que volviera a desaparecer con otra tarea.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—No has estado cerca de mí en toda la tarde.

Alyssa sostuvo su mirada.

—Estabas ocupado.

—También estaba ocupado ayer y te sentaste conmigo.

—Hoy tienes visitas.

—Todos tenemos visitas.

Ella intentó rodearlo.

Kaleb volvió a interponerse.

—Alyssa.

—Kaleb, de verdad no pasa nada.

—Entonces mírame y dime por qué llevas horas evitándome.

Ella alzó los ojos.

No había enojo en ellos.

Eso era lo que más lo desconcertaba.

—No te estoy evitando.

—Nunca te sientas lejos de mí.

—Había otros lugares.

—Nunca dejas que cargue tu cesta mientras haces todo lo demás.

—Podía hacerlo sola.

—Y no has venido a buscarme ni una sola vez.

Alyssa soltó una respiración leve.

—No sabía que llevaras la cuenta.

—No la llevo.

Simplemente lo noto.

El silencio se instaló entre los dos.

Kaleb se acercó un poco.

—¿Hice algo?

—No.

—Entonces ¿por qué estás diferente?

Alyssa miró hacia la plaza.

Las voces de los visitantes llegaban desde la distancia. Las luces comenzaban a encenderse entre las casas.

—Hoy comprendí algo —dijo finalmente.

—¿Qué cosa?

Ella jugueteó con el borde de su manga, un gesto que Kaleb conocía desde la infancia.

—Todavía no has encontrado a tu compañera destinada.

Kaleb frunció el ceño.

—Lo sé.

—Y algún día lo harás.

—Probablemente.

La palabra pareció lastimarla, aunque intentó esconderlo.

—Cuando ocurra, tu vida va a cambiar.

—Eso dicen.

Alyssa asintió.

—Ella ocupará un lugar importante. Tendrás que conocerla, construir algo con ella, hacer que se sienta parte de Luna de Plata.

—¿Qué tiene que ver eso con hoy?

Alyssa tardó en responder.

—No quiero dificultarlo.

Kaleb se quedó inmóvil.

—No entiendo.

Ella levantó la vista con una sonrisa pequeña.

Demasiado triste para engañarlo.

—Siempre estoy contigo.

—Sí.

—Todo el tiempo.

—¿Y?

—Te busco. Tú me buscas. Me acompañas a todas partes. Comemos juntos. Me abrazas. Actuamos como si…

No terminó la frase.

Kaleb sintió que algo se tensaba en su pecho.

—¿Como si qué?

Alyssa negó despacio.

—No importa.

—A mí sí.

Ella respiró hondo.

—No quiero ser yo quien ocupe un espacio que algún día debería pertenecerle a ella.

Por unos segundos, Kaleb no pudo hablar.

Comprendió entonces que Camille no era realmente el problema.

Alyssa no se había alejado para castigarlo.

Lo había hecho para ofrecerle una libertad que él nunca le había pedido.

Como siempre, había colocado la felicidad de los demás antes que la suya.

—¿Por eso te apartaste?

—No quería incomodarte.

—No me incomodas.

—Ahora no. Pero si Camille…

—Camille no es mi compañera destinada.

—Lo sé.

—Tampoco me interesa.

Alyssa guardó silencio.

Kaleb dio un paso hacia ella.

—¿Crees que estaba intentando conocerla?

—Ella es bonita.

—No pregunté eso.

—Y parece interesada en ti.

—Tampoco pregunté eso.

Alyssa bajó la mirada.

—Solo pensé que debía darte espacio.

Kaleb sintió una mezcla de ternura y frustración tan intensa que apenas supo qué hacer con ella.

—Mírame.

Ella no lo hizo.

Kaleb levantó una mano y colocó dos dedos bajo su barbilla, guiándola con suavidad hasta que sus ojos volvieron a encontrarse.

—No vuelvas a alejarte de mí para hacer feliz a una mujer que ni siquiera existe.

La respiración de Alyssa se volvió menos regular.

—Pero algún día podría existir.

—Cuando aparezca, resolveré lo que tenga que resolver.

—Kaleb…

—Tú no tienes que prepararle un lugar.

Ella lo miró con vulnerabilidad.

—¿Y si ya estoy ocupándolo?

Él sintió un golpe seco en el pecho.

—¿De verdad crees que hay alguien ocupando el lugar de mi compañera?

—Espero que no.

Su voz se quebró apenas.

—Porque quiero que seas feliz.

Kaleb no pudo seguir escuchando.

La abrazó.

No fue un gesto ligero ni juguetón.

La atrajo contra su cuerpo con una fuerza que revelaba cuánto le había afectado sentirla lejos durante unas pocas horas.

Alyssa permaneció quieta solo un instante.

Después rodeó la cintura de Kaleb con ambos brazos y escondió el rostro contra su pecho.

Como siempre.

Como si aquel lugar hubiera sido construido para ella.

Él cerró los ojos. Una de sus manos se apoyó en el centro de su espalda y la otra se deslizó hasta su cintura, manteniéndola estrechamente abrazada.

—No hagas eso otra vez —murmuró.

—¿Qué cosa?

—Desaparecer estando a unos metros de mí.

Alyssa soltó una risa pequeña contra su camisa.

—No desaparecí.

—Para mí sí.

Ella apretó un poco más los brazos alrededor de su cintura.

Kaleb apoyó la mejilla sobre su cabello.

—No tienes que darme espacio.

—Quizá algún día sí.

—Hoy no.

—¿Y mañana?

Kaleb se apartó apenas, solo lo suficiente para poder verla. Alyssa conservó los brazos alrededor de su cintura mientras levantaba el rostro. Él mantuvo una mano en su espalda y llevó la otra hasta su mejilla.

—Mañana tampoco —respondió.

Alyssa lo observó en silencio.

—No puedes saberlo.

—Sí puedo.

—¿Cómo?

Kaleb llevó una mano hasta su rostro.

Le acarició la mejilla con el dorso de los dedos, exactamente como había hecho aquella mañana en el bosque.

—Porque no existe una sola mujer en esta manada, ni en ninguna otra, que consiga hacerme buscarla con la mirada.

El corazón de Alyssa pareció detenerse.

—Kaleb…

Su pulgar recorrió suavemente el pómulo de ella.

—Solo una.

—¿Cuál?

Él sonrió apenas.

—La que lleva horas fingiendo que no está celosa.

Alyssa abrió los ojos.

—Yo no estaba celosa.

—Claro que no.

—Solo quería darte espacio.

—Mientras mirabas cada vez que Camille me tocaba el brazo.

—No miré tantas veces.

—Entonces sí miraste.

Ella intentó apartarse, avergonzada, pero Kaleb la mantuvo cerca.

No con fuerza.

Con una firmeza cálida que parecía decirle que no tenía intención de dejarla escapar.

—No te burles —murmuró.

—No lo hago.

—Te estás riendo.

—Porque me gusta saber que te importa.

La confesión desarmó cualquier respuesta.

Alyssa bajó la vista.

—Todavía un poco —admitió.

—¿Todavía qué?

—Estoy celosa.

Kaleb sonrió de una forma distinta.

No arrogante.

Satisfecha.

Profundamente masculina.

—Bien.

Alyssa lo miró con incredulidad.

—¿Bien?

—Yo estuve a punto de romperle la mandíbula al hombre que bailó contigo.

—Eso no es normal.

—Nunca dije que lo fuera.

Ella intentó contener una sonrisa.

—Eres terrible.

—Y tú no tienes que hacerme espacio.

La expresión de Alyssa volvió a volverse seria.

—¿Nunca?

Kaleb sostuvo su mirada.

Quiso decirle que no.

Quiso prometerlo como cuando tenían ocho y cinco años y creían que las palabras podían controlar el futuro.

Sin embargo, su lobo seguía en silencio.

Alyssa aún no había vivido su Primera Luna.

No podía ofrecerle una promesa que quizá el destino le exigiría romper.

Así que eligió una verdad más sencilla.

—No mientras yo siga buscándote cada vez que entres en una habitación.

Alyssa sintió un nudo dulce en la garganta.

Kaleb volvió a abrazarla.

Esta vez ella se acomodó contra él sin dudas.

Permanecieron así durante varios minutos, sin necesitar nada más.

No eran compañeros destinados.

No todavía.

No oficialmente.

Pero en aquel abrazo había trece años de confianza, promesas, cuidados y una intimidad que ningún vínculo recién descubierto habría podido imitar.

Cuando Kaleb fue llamado por su padre para la reunión del Juramento, tardó más de lo necesario en soltarla.

Antes de alejarse, tomó su mano y apretó suavemente sus dedos.

—Regresaré después.

—No hace falta.

Kaleb levantó una ceja.

Alyssa corrigió de inmediato:

—Quiero decir que no tienes que hacerlo.

—Lo sé.

—Entonces…

—Regresaré después.

Ella sonrió.

—Está bien.

Kaleb caminó hacia la Casa del Alfa.

A mitad de la plaza volvió la cabeza.

Alyssa continuaba frente a su hogar, observándolo.

Cuando sus ojos se encontraron, él sonrió.

Solo entonces siguió caminando.

Nora apareció unos segundos después y se colocó junto a Alyssa.

—¿Ya dejaste de estar celosa?

Alyssa sintió que las mejillas se le encendían.

—Yo no estaba celosa.

Nora soltó una risa.

—Por supuesto.

—Solo quería darle espacio.

—Y él parecía encantado con la idea.

Alyssa bajó la mirada hacia sus manos.

Todavía podía sentir los dedos de Kaleb entre los suyos.

—Me dio miedo —admitió.

Nora dejó de sonreír.

—¿De qué?

Alyssa tardó unos segundos en responder.

—De que aparezca su compañera destinada y yo siga ocupando un lugar que nunca me perteneció.

Nora tomó su mano.

—Alyssa…

Ella levantó los ojos.

Nora miró hacia la Casa del Alfa. Kaleb hablaba con su padre y con los representantes de Montaña Gris.

Pero, incluso en medio de aquella conversación importante, volvió la cabeza hacia la plaza.

Buscó a Alyssa.

La encontró.

Su expresión se relajó.

Después regresó a la reunión.

—¿Viste eso? —preguntó Nora.

Alyssa asintió lentamente.

—Ni siquiera se da cuenta de que lo hace —continuó—. Pero siempre te busca. No importa dónde esté ni con quién hable.

Alyssa volvió a mirar hacia él.

—Eso no significa que…

—Creo que ese lugar siempre ha sido tuyo.

La joven sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Nora sonrió con ternura.

—Porque llevo toda la vida observándolos.

Alyssa no respondió.

—Hay personas que esperan años para encontrar a su compañero destinado —añadió Nora—. Y luego están ustedes dos…

Hizo una pausa.

—Que llevan toda la vida encontrándose sin darse cuenta.

Alyssa miró nuevamente hacia Kaleb.

Como si hubiera sentido sus ojos sobre él, volvió la cabeza una vez más.

Sonrió.

Ella le devolvió la sonrisa.

Y por primera vez se permitió pensar que quizá Nora tenía razón.

Quizá no estaba ocupando un lugar que pertenecía a otra mujer.

Quizá, mucho antes de que la Luna decidiera pronunciarse, Kaleb ya le había abierto un espacio en su vida que nadie más podría reclamar.

Uno que no había nacido del destino.

Sino de cada mañana en que había cruzado la plaza para buscarla.

De cada bosque que recorrieron juntos.

De cada vez que la encontró.

Y de cada ocasión en que, aun rodeado de toda la manada, sus ojos siempre regresaban a ella.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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