Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 13 _ No ahora
La verdad era que yo quería muchísimo a mi gatito. Durante esos meses había llegado a sentir un cariño enorme por Cristian. Habíamos compartido tantas cosas que me costaba aceptar que detrás de aquel muchacho que me hacía reír existiera una parte de su vida que nunca me había contado.
Pero aquella escena frente al colegio me había dado una rabia del berraco.
Primero lo había visto fumando y después había visto el arma que llevaba consigo.
Todavía tenía esa imagen en la cabeza.
No podía dejar de pensar en todo lo que Melany me había contado.
Cristian trabajaba para su papá.
Le decían el Gato.
Hacía encargos.
Y, además, me había mentido cuando le pregunté a qué se dedicaba.
Yo quería entenderlo, pero en ese momento solamente sentía decepción.
Llegué a mi casa con los ojos llenos de lágrimas.
Apenas entré, saludé rápidamente y subí a mi habitación. Ni siquiera me cambié el uniforme del colegio.
Cerré la puerta y me tiré sobre la cama.
Las lágrimas comenzaron a salir nuevamente.
—Ay, Dios mío... —murmuré.
Me quedé mirando el techo mientras intentaba tranquilizarme.
Unos minutos después escuché que alguien tocaba la puerta.
—Hija, ¿qué te pasa? —preguntó mi mamá desde afuera.
No respondí inmediatamente.
—Leidy, abrime la puerta.
—No, mamá. Quiero estar sola.
—¿Pero qué pasó?
—Nada.
Mi mamá guardó silencio durante unos segundos.
—Bueno, mija. Si necesitás algo, me llamás.
Escuché sus pasos alejándose.
Volví a mirar el celular.
Tenía una notificación.
Era Cristian.
Abrí el chat, pero no contesté.
Había escrito:
Cristian:
—Nena, perdón. No quería mentirte, pero lo hice porque pensé que vos no me ibas a querer. 😔😭💔
Me quedé mirando el mensaje.
Sentí que las lágrimas volvieron a aparecer.
Por una parte, quería responderle.
Quería preguntarle por qué había tomado esa decisión.
Quería saber desde cuándo estaba metido en todo aquello.
Quería que me explicara qué significaban esos encargos.
Pero todavía estaba demasiado dolida.
Unos segundos después llegó otro mensaje.
Cristian había enviado una fotografía.
En ella aparecía acostado en su habitación, con la cabeza apoyada hacia atrás y los ojos llenos de lágrimas. Se veía completamente diferente al muchacho que yo conocía cuando estaba conmigo.
Me quedé observando la pantalla.
—Cristian... —dije bajito.
Sentí un fuerte nudo en la garganta.
Yo sabía que estaba sufriendo.
Podía verlo.
Pero eso no hacía desaparecer lo que había pasado.
Una mentira seguía siendo una mentira.
Y lo del arma me había asustado.
Dejé el celular sobre la cama y me cubrí la cara con las manos.
—¿Por qué tenía que ser así?
No quería tomar una decisión estando tan alterada.
No quería contestarle solamente porque me daba tristeza verlo llorando.
Necesitaba pensar.
Necesitaba entender qué estaba pasando realmente.
Volví a tomar el celular.
El mensaje seguía ahí.
La fotografía también.
Mi dedo estuvo a punto de escribirle algo, pero me detuve.
No.
No ahora.
Apagué la pantalla y dejé el celular a un lado.
Quizás al día siguiente estaría más tranquila.
Quizás podría pensar mejor.
Pero esa noche no quería hablar con Cristian.
Necesitaba estar sola.
Me quedé acostada con el uniforme todavía puesto, mirando hacia la ventana mientras las lágrimas seguían cayendo lentamente.
Una parte de mí todavía sentía un enorme cariño por mi gatito.
Pero otra parte necesitaba respuestas.
Y, por primera vez desde que lo conocía, no sabía si podía confiar en él.