Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.
***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.
Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.
Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.
Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.
Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.
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Capítulo 6. El regreso
A las siete de la mañana ya tenía una respuesta.
En realidad, la había tenido desde la noche anterior. Solo había necesitado unas horas para convencerme de que la decisión era racional y no producto de la desesperación.
Encontré a James en la cocina. Ya estaba vestido para regresar a la ciudad y hablaba por teléfono mientras revisaba unos documentos. Cuando me vio, terminó la llamada.
—Acepto.
James dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Todas las condiciones?
—Todas.
No necesitaba repetirlas. Había pasado buena parte de la noche haciéndolo yo sola.
James tendría libertad para dirigir mientras papá se recuperaba. Adrián tendría que aceptar que su apellido no lo protegería de sus decisiones.
Y yo me quedaría.
Eso último era lo que más había pensado.
—Entonces tenemos un acuerdo —dijo.
—Eso parece.
James me observó unos segundos.
—No pareces convencida.
—Estoy convencida de que mi familia te necesita. Con eso basta.
Algo cambió en su expresión, pero no dijo nada.
Tomé una taza de café y bebí un poco.
—Quiero regresar temprano. Le prometí a mamá que iría al hospital.
—Te llevo.
—Puedo pedir que vengan por mí.
—Lo sé.
Esperé.
—Pero vas a llevarme de todas formas.
—Sí.
No pude evitar sonreír.
—Sigues siendo insoportable.
—Y aun así viniste a buscarme.
No tuve respuesta para eso.
...——————-...
Llamé a mamá durante el camino.
Papá había pasado una noche tranquila y los médicos insistían en que debía mantenerse en reposo.
Entonces le di la noticia.
James había aceptado.
Escuché el alivio en su voz antes incluso de que dijera algo.
—¿Vienen hacia acá?
Miré a James.
—Sí.
—¿James también?
—Quiere ver a papá.
Mamá guardó silencio unos segundos.
—Claro. Los esperamos.
Colgué.
El resto del camino fue tranquilo.
Por momentos olvidaba lo extraño de la situación hasta que miraba hacia abajo y recordaba que todavía llevaba puesta la ropa de James. Mi ropa no había terminado de secarse y regresar así había sido menos humillante que ponerme unos pantalones húmedos.
O eso intentaba decirme.
—¿Vas a decir algo? —pregunté cuando noté que James miraba mi camiseta.
—No.
—Bien.
—Aunque probablemente tu madre sí.
Lo miré.
—Gracias por recordármelo.
Una sonrisa breve apareció en su rostro.
Después volvió la vista al camino.
...——————-...
Mamá estaba afuera de la habitación cuando llegamos.
Me abrazó apenas me vio.
—¿Estás bien?
—Sí.
Se apartó para mirarme y sus ojos descendieron inmediatamente hacia mi ropa.
—No.
Levantó la mirada.
—No he preguntado nada.
—Pero ibas a hacerlo.
Detrás de mí escuché a James contener una risa.
Le lancé una mirada.
Mamá sonrió por primera vez en días.
Después vio a James.
Su expresión cambió.
—Gracias por venir.
James se acercó.
—¿Cómo está?
—Mejor que ayer. Pero todavía está débil.
Él asintió.
—Quisiera verlo, si puede recibir visitas.
Mamá le tocó el brazo con afecto.
—Claro que puede.
Entré primero.
Papá estaba despierto.
Verlo todavía me producía una sensación difícil de explicar. Mi padre nunca había parecido frágil. Ni siquiera cuando estaba cansado. Ahora las máquinas y las sábanas blancas conseguían recordarme que podía serlo.
Me senté junto a él.
—Hola.
—Hola, cariño.
Tomé su mano.
—Tengo noticias.
Sus ojos se concentraron en mí.
—James aceptó.
Papá cerró los ojos durante un instante.
El alivio fue evidente.
—Bien.
—No celebres todavía. Tiene condiciones.
Una sonrisa cansada apareció en su rostro.
—Por supuesto que tiene condiciones.
—Una de ellas es que no vas a dirigir la empresa desde esta cama.
Abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Eso mismo dije yo.
—Sigue siendo mi empresa.
—Y seguirá siéndolo cuando salgas de aquí. Por ahora tienes que descansar.
Papá me miró con la expresión que utilizaba cuando consideraba que sus hijos habían perdido la razón.
Decidí cambiar de tema antes de que intentara despedir a James sin haber empezado.
—Está afuera.
Su expresión se suavizó.
—¿Vino contigo?
Asentí.
—Quiere verte.
Papá guardó silencio unos segundos.
—Hazlo pasar.
Me levanté.
Antes de salir, me llamó.
—Lizzie.
Me giré.
—¿Sí?
—Hiciste bien en ir a buscarlo.
Aquello me sorprendió.
—Espero seguir pensando lo mismo dentro de un mes.
Papá sonrió.
—Yo también.
James entró solo.
Mamá y yo nos quedamos afuera.
No escuché la conversación.
Tampoco intenté hacerlo.
Bueno.
Intenté no hacerlo.
Cuando salió unos minutos después, tenía la misma expresión tranquila con la que había entrado.
—¿Todo bien? —pregunté.
—Sí.
—¿Qué te dijo?
James me miró.
—Que cuide su empresa.
Esperé.
—¿Nada más?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Que tenga paciencia con sus hijos.
Fruncí el ceño.
—Eso iba dirigido a Adrián.
—No especificó.
Le di un golpe suave en el brazo antes de pensarlo.
James bajó la mirada hacia mi mano.
La retiré inmediatamente.
—Tenemos que irnos —dije.
—Primero tienes que cambiarte.
Miré mi ropa.
—Cierto.
Mamá se acercó para despedirse de mí. Le prometí regresar después y caminé junto a James hacia los elevadores.
Mientras esperábamos, mi teléfono vibró.
Adrián.
Otra vez.
Miré la pantalla y suspiré.
James también vio el nombre.
—¿Vas a contestar?
—Todavía no.
—Tendrá que saberlo.
—Lo sé.
Las puertas del elevador se abrieron.
Entramos.
En unas horas Adrián descubriría que James había aceptado.
La junta también.
Y después de eso ya no habría forma de fingir que la noche anterior había sido solamente una tormenta, una camioneta atrapada y una conversación que podíamos olvidar.
James iba a dirigir la empresa.
Y yo había aceptado quedarme a su lado mientras lo hacía.