Me vendí a un mafioso por un año para salvar la librería de mi madre, pero él decidió que si soy su esposa, soy suya para siempre.
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Los Hotcakes Quemados
Son las 7:14 am del mismo martes del capítulo 15.
Elena está sentada en la isla de mármol negro de la cocina, con la bata de felpa blanca que Agata le dejó porque la suya de seda se manchó de vómito, con la camiseta gris de Lorenzo abajo de la bata que ya es oficialmente suya, con el pelo recogido en un moño todo chueco, con el collar de diamantes torcido y con un plato de hotcakes quemados frente a ella que Lorenzo hizo con sus manos de romper rodillas.
Lorenzo está parado frente a ella, con traje gris pero sin saco, con la camisa blanca arremangada, con harina en la mano y con la prueba de embarazo que dice EMBARAZADA 3+ semanas sobre la isla, al lado de la Nutella suiza, como si fuera parte del desayuno.
No ha dejado de mirarla desde las 7:00 am cuando se la enseñó. No como jefe. Como niño que vio un milagro y no sabe qué hacer con las manos.
"¿Están buenos?", preguntó, viendo cómo Elena le quitaba lo quemado a un hotcake con el tenedor.
"Están... están crujientes", dijo Elena, mintiendo por amor, porque estaban quemados por fuera y crudos por dentro, porque Lorenzo no sabe hacer hotcakes, sabe hacer negocios de 900 millones pero no hotcakes. "Están... con carácter. Como tú."
"¿Quieres que Agata te haga otros? ¿Quieres huevo? ¿Quieres fruta? ¿Quieres que llame al doctor? ¿Quieres que llame a mi madre? ¿Quieres sentarte en otro lado? ¿Te duele algo? ¿Sigues con náusea?"
"Lorenzo, respira. Estoy de 3 semanas. No de 8 meses. El bebé es del tamaño de una semilla de amapola. No me duele nada. Solo me dio asco el café. Solo eso."
"¿Una semilla de amapola? ¿Tan chiquito? ¿Y ya te da asco el café? ¿Qué va a hacer cuando sea del tamaño de una sandía? ¿Me va a hacer odiar el vodka?"
Elena se rio y al reírse le dieron ganas de vomitar otra vez, pero se aguantó.
A las 7:32 am, la puerta de la cocina se abrió sin tocar. Solo hay una persona en el mundo que entra a la mansión Volkov sin tocar: Irina Volkov.
Venía con su traje Chanel blanco, aunque eran las 7:32 am y nevaba afuera, con su Birkin negro, con gafas aunque estaba oscuro, y con una caja pequeña de terciopelo azul en la mano. Atrás venía Viktor con cara de "señora, le dije que esperara a que el señor le avisara y no me hizo caso".
"¿Es verdad?", preguntó Irina sin decir hola, mirando la prueba de embarazo sobre la isla como si fuera una bomba.
Lorenzo se puso delante de Elena automáticamente, como si su madre fuera a hacerle daño a su semilla de amapola.
"Mamá, te dije que no vinieras hasta que..."
"¿Es verdad que mi nuera está embarazada de 3 semanas y que tú estás haciendo hotcakes quemados que ni un perro se comería? ¿Es verdad eso, Lorenzo Volkov?"
Elena, desde atrás de Lorenzo, con la boca llena de hotcake quemado, levantó la mano como en la escuela.
"Es verdad, señora... mamá. Bueno, todavía no te digo mamá porque me da pena pero... estoy embarazada. De 3 semanas. Lo supe hoy a las 6:51 am vomitando en el baño."
Irina la miró. Dejó la caja azul sobre la isla, al lado de la prueba de embarazo, con cuidado, y caminó hacia Elena. Lorenzo se tensó pero Irina solo le quitó el plato de hotcakes quemados y se lo pasó a Agata.
"Esto no se lo das a una embarazada Volkov. Ni a una Moretti embarazada. Esto se lo das a Dmitri, a ver si se ahoga."
Luego tomó la cara de Elena con sus manos frías llenas de anillos.
"¿Vomitaste?"
"Sí."
"¿Te duele el pecho?"
"Sí, un poco."
"¿Tienes sueño?"
"Mucho."
"¿Odias a mi hijo ya?"
Elena se rio, con lágrimas. "Un poquito. Porque ronca y no me deja dormir boca abajo."
Irina sonrió. Una sonrisa chiquita, pero sonrisa. La primera sonrisa real que Elena le veía sin ser de serpiente.
"Bienvenida al club. Yo odié a Nikolai 9 meses cada vez que estuve embarazada de sus hijos. Es normal. Significa que es niño. Las niñas no hacen odiar tanto."
Abrió la caja azul de terciopelo. Adentro había un broche. Pequeño, de oro viejo, con forma de libro abierto, con un diamante chiquito en el centro.
"Era de mi madre. Me lo dio cuando me embaracé de Lorenzo. Me dijo 'para que tu hijo sepa que viene de mujeres que leen, no solo de hombres que matan'. Nunca se lo di a nadie porque pensé que Lorenzo nunca me iba a dar nietos porque solo sabía trabajar. Ahora te lo doy a ti. Para tu semilla de amapola. Para que sea niña o niño, pero que sepa leer."
Elena lloró. Otra vez. Con hotcake quemado en la boca. Con 3 semanas de embarazo y ya llorando por todo.
"Gracias... mamá", dijo, por primera vez, sin que nadie se lo pidiera.
Irina se quedó quieta 2 segundos y luego la abrazó. Fuerte. Con su Chanel blanco manchándose de Nutella suiza.
Lorenzo, atrás, vio a su madre abrazar a su esposa y a su esposa decirle mamá y a su semilla de amapola de 3 semanas que ya tenía broche de bisabuela, y se le llenaron los ojos de lágrimas y se volteó para que nadie lo viera, pero Viktor lo vio y le tomó foto y se la mandó a Agata con texto "El jefe está llorando otra vez".
A las 8:30 am, después de que Irina se fue con promesa de volver mañana con vitaminas que mandó traer de Suiza, Elena y Lorenzo fueron al doctor. Al hospital privado que Lorenzo había comprado hace 2 meses por si acaso.
El doctor, el calvo de 70 años, les hizo ultrasonido. No se veía nada. Solo un puntito negro del tamaño de una semilla de amapola, como dijo Lorenzo.
"¿Eso es?", preguntó Lorenzo, con la mano de Elena apretada tan fuerte que le dolía, mirando la pantalla como si fuera a salir un bebé ya con traje.
"Eso es", dijo el doctor. "3 semanas, 4 días. Todo perfecto. Pero, señora Elena, tiene que comer bien, dormir bien, no cargar cosas pesadas, no disparar..."
"¿No disparar?", interrumpió Elena. "¿No puedo disparar?"
"No, por 3 meses al menos. El ruido, el estrés..."
Elena miró a Lorenzo con cara de "¿ves lo que me haces? Me quitas lo único que sé hacer bien además de coser chueco".
Lorenzo miró al doctor con cara de "si le prohíbes disparar se va a enojar y cuando se enoja me cose peor".
El doctor, que llevaba 40 años trabajando con Volkovs, entendió la mirada y dijo: "Bueno... puede disparar una vez al mes. Con protección. Lejos. Y si su esposo la deja."
Salieron del hospital a las 9:47 am con una foto del ultrasonido donde no se veía nada más que un puntito negro. Lorenzo la dobló con cuidado y la guardó en su cartera, donde antes guardaba la tarjeta de su arma.
En el coche, de vuelta a casa, Elena vomitó otra vez. Esta vez no por asco al café. Por el movimiento del coche.
Lorenzo paró el coche en medio de la avenida, sin importarle que atrás tocaran claxon, y se bajó, abrió la puerta de Elena, le sostuvo el pelo y le dio agua.
"Elena, ¿estás segura que quieres hacer esto? ¿Tener un bebé conmigo? ¿Con mi sangre? ¿Con mi imperio? ¿Con mi madre que te regala broches que valen más que tu librería vieja?"
Elena, pálida, con vómito en la comisura, con el broche de libro en la bata, lo miró.
"Lorenzo, hace 3 semanas no sabía que estaba embarazada y ya tenía 37 millones en Suiza, 8 librerías y un esposo mafioso que me pone los zapatos. Ahora tengo una semilla de amapola que me hace vomitar el café que amaba. ¿Crees que me voy a arrepentir? Estoy aterrada. Nunca he sido mamá. Mi mamá se murió y no me enseñó a ser mamá. Solo me enseñó a restaurar libros. ¿Y si no sé ser mamá?"
Lorenzo se arrodilló en la banqueta, en medio de Chicago, con traje gris y con coches pitando, y le puso la mano en la panza plana de 3 semanas donde no se sentía nada todavía.
"Yo tampoco sé ser papá, Elena. Mi papá me enseñó a disparar a los 7 y a ver cómo mataban a un hombre a los 14. No me enseñó a hacer hotcakes ni a poner zapatos ni a cantar canciones de cuna. Pero si tú me enseñaste a dormir abrazado y a comer hotcakes quemados y a coser con 7 puntos chuecos, yo creo que entre los dos le enseñamos a esta semilla a ser Volkov Moretti. Mitad libros, mitad balas, pero con mucho amor. ¿Trato?"
"Trato", dijo Elena, besándolo en la frente, con sabor a vómito y a Nutella, en medio de la avenida.
Viktor, que venía detrás en otro coche, se bajó y empezó a dirigir el tráfico gritando en ruso "¡Mi jefe está teniendo momento familiar, avancen por otro lado!"
Y así, con un ultrasonido donde solo se veía un puntito negro, con un broche de libro de bisabuela, con hotcakes quemados en el estómago y con vómito en la banqueta de Chicago, empezó oficialmente el embarazo de Elena Moretti Volkov.