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Me Enamoré De Su Dolor

Me Enamoré De Su Dolor

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 8

La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la mansión Kivilcim.

Denmet caminaba apresuradamente por el pasillo principal, intentando contener la rabia y la confusión que sentía. Las palabras de Selin continuaban resonando en su cabeza.

Pregúntale a tu madre.

¿Por qué?

¿Por qué todo parecía regresar siempre a Leyla?

Denmet se detuvo junto a una ventana.

Durante toda su vida había creído conocer a su madre. Leyla había sido su refugio, la persona que siempre había luchado por ella. No podía imaginar que existiera algo relacionado con la familia Kivilcim que nunca le hubiera contado.

Sin embargo, últimamente había comenzado a dudar.

Y aquella duda le dolía.

—Denmet.

La joven cerró los ojos antes de girarse.

Güner se encontraba detrás de ella.

—No quiero hablar ahora.

—Tenemos que hablar.

—¿Por qué?

Denmet se giró lentamente.

—¿Para que vuelva a decirme que no es asunto mío?

Güner guardó silencio.

Ella soltó una amarga sonrisa.

—Eso pensé.

—No sabes lo que está ocurriendo.

—Exactamente.

Denmet señaló hacia él.

—Porque nadie quiere explicármelo.

—Es complicado.

—Todo en esta casa es complicado.

La voz de Denmet comenzó a elevarse.

—Fraize es complicada. Su muerte es complicada. Selin es complicada. Mi madre está relacionada de alguna manera con ustedes y eso también es complicado.

Güner la observaba en silencio.

—Y ahora usted viene detrás de mí diciendo que tenemos que hablar.

Denmet negó con la cabeza.

—Pues no.

Güner dio un paso hacia ella.

—No quiero que te vayas.

Aquellas palabras lograron detenerla.

Denmet levantó lentamente la mirada.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Güner parecía sorprendido por lo que acababa de decir.

Como si ni siquiera él hubiera esperado pronunciar aquellas palabras.

—¿Por qué? —preguntó ella en voz baja.

Güner no respondió inmediatamente.

—Porque...

Se detuvo.

Denmet esperó.

—Porque no quiero que pienses que todos estamos en tu contra.

La joven sintió una extraña decepción.

No sabía qué esperaba escuchar.

Y eso era lo que más le preocupaba.

—No sé qué pensar.

Güner bajó la mirada.

—Lo sé.

—Entonces dígame la verdad.

Él volvió a mirarla.

—Todavía no puedo.

Denmet soltó una risa triste.

—Siempre la misma respuesta.

—Denmet...

—No.

Ella levantó una mano.

—No voy a seguir preguntando.

Güner frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Que voy a hacer lo que todos quieren.

Denmet tomó su bolso.

—Voy a trabajar y nada más.

—No es eso lo que quiero.

—Pero es lo que usted necesita.

Güner dio otro paso hacia ella.

—No sabes lo que necesito.

Denmet sostuvo su mirada.

—Entonces quizá debería descubrirlo usted primero.

Antes de que Güner pudiera responder, una voz los interrumpió.

—Güner.

Kerem apareció al final del pasillo.

Su expresión era grave.

—Tenemos que hablar.

Güner comprendió inmediatamente que se trataba de lo que habían encontrado.

Miró a Denmet.

—No te vayas.

Ella sonrió con tristeza.

—No le prometo nada.

Y comenzó a alejarse.

Güner permaneció observándola hasta que desapareció.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo.

No miedo a perder dinero.

Ni miedo a perder su empresa.

Tenía miedo de perder a una persona.

Y aquello era algo que no había vuelto a sentir desde Fraize.

 

—¿Qué encontraron? —preguntó Güner al entrar en su despacho.

Kerem cerró la puerta.

Sobre la mesa había una pequeña bolsa transparente.

En su interior había un objeto metálico.

Güner se acercó lentamente.

—¿Qué es?

—Una memoria USB.

Güner frunció el ceño.

—¿Estaba en el coche?

—Sí.

—¿Dónde?

—Debajo del asiento del conductor.

Güner permaneció en silencio.

—¿Cómo no la encontraron antes?

Kerem soltó un suspiro.

—Esa es precisamente la pregunta que deberíamos hacernos.

Güner tomó la bolsa.

La observó durante unos segundos.

—¿Qué contiene?

—No lo sabemos.

—Entonces ábrela.

—No es tan sencillo.

—Kerem.

—Puede haber archivos dañados.

Güner lo miró con impaciencia.

—¿Y?

—Ya está siendo revisada.

Güner se dirigió hacia la ventana.

—Tres años.

—Lo sé.

—Tres años creyendo que sabía lo que ocurrió.

Kerem se acercó.

—Nunca estuviste completamente seguro.

Güner se giró bruscamente.

—Encontré pruebas.

—Sí.

—Mensajes.

—Sí.

—Fotografías.

—Sí.

Kerem guardó silencio.

—Fraize tenía otro hombre.

La habitación quedó completamente silenciosa.

Güner respiraba con dificultad.

Aquella frase todavía le resultaba dolorosa.

Incluso después de tres años.

—¿Quién era? —preguntó Kerem.

Güner lo miró.

—Nunca lo descubrimos.

—Exactamente.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que tenías fotografías de Fraize con un hombre, pero nunca encontramos su rostro claramente.

Güner recordó.

Aquellas imágenes.

La rabia.

La noche que descubrió la supuesta traición.

—Había mensajes.

—Mensajes desde un número desconocido.

—¿Estás diciendo que alguien pudo falsificarlos?

Kerem guardó silencio.

—¡Kerem!

—Estoy diciendo que alguien pudo haber querido que creyeras que Fraize te engañaba.

Güner sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Por qué?

—Eso es lo que tenemos que descubrir.

 

Mientras tanto, en otra parte de la mansión, Selin entró rápidamente en una habitación.

Cerró la puerta detrás de ella.

Su respiración era agitada.

Por primera vez desde que Denmet había llegado, parecía verdaderamente asustada.

Tomó su teléfono.

Marcó un número.

—Tenemos un problema.

Una voz respondió al otro lado.

—¿Qué ocurrió?

—Encontraron algo en el coche.

El silencio fue inmediato.

—¿Qué encontraron?

—Una memoria USB.

La voz al otro lado dejó escapar una maldición.

Selin cerró los ojos.

—Te dije que debimos destruir todo.

—Pensé que lo habían encontrado hace años.

—Pues no.

La mujer caminó nerviosamente por la habitación.

—¿Qué hacemos ahora?

La voz respondió lentamente.

—Antes de que descubran lo que contiene...

Selin apretó el teléfono.

—Sí.

—Tenemos que recuperarla.

La llamada terminó.

Selin permaneció inmóvil.

Su mirada se dirigió hacia la ventana.

Abajo, en los jardines, vio a Denmet caminando bajo la lluvia.

La joven parecía perdida en sus pensamientos.

Selin sonrió.

Una sonrisa peligrosa.

—Quizá hayas llegado en el momento equivocado, Denmet.

 

Denmet salió al jardín buscando aire.

No sabía por qué seguía allí.

Podía regresar a casa.

Podía renunciar.

Podía alejarse de aquella familia y de todos sus secretos.

Sería lo más sencillo.

Pero algo dentro de ella se negaba.

Quizá era orgullo.

O quizá...

Güner.

Recordó sus palabras.

No quiero que te vayas.

Denmet cerró los ojos.

—Esto es una mala idea.

—¿Hablas sola?

Ella se giró.

Emre se encontraba bajo uno de los grandes arcos de la entrada.

—Estoy empezando a pensar que todos en esta casa tienen una habilidad especial para aparecer detrás de mí.

—Es una tradición familiar.

Denmet sonrió.

—Eso ya me lo dijiste.

Emre se acercó.

—Entonces ya estás aprendiendo.

La joven observó la lluvia.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Depende.

—¿Por qué todos parecen saber cosas que yo no?

Emre perdió la sonrisa.

—Porque tú acabas de llegar.

—Eso no explica por qué mi madre está relacionada con todo esto.

Emre abrió los ojos.

—¿Tu madre?

Denmet lo observó.

Su reacción fue demasiado evidente.

—Tú también sabes algo.

—Denmet...

—Emre.

Él guardó silencio.

La joven se acercó.

—Por favor.

Emre bajó la mirada.

—Yo no sé todo.

—Pero sabes algo.

El silencio confirmó sus sospechas.

—Mi madre —dijo Denmet lentamente—. ¿Conocía a la familia Kivilcim?

Emre no respondió.

—¿Sí o no?

—No debería hablar de esto.

Denmet soltó una amarga risa.

—Claro.

—Denmet, escúchame.

—No importa.

Ella comenzó a alejarse.

—Tu madre trabajó aquí.

Denmet se detuvo.

El corazón comenzó a golpearle con fuerza.

Se giró lentamente.

—¿Qué dijiste?

Emre comprendió que había cometido un error.

—Yo...

—Mi madre trabajó aquí.

La joven se acercó.

—¿Cuándo?

—Hace muchos años.

—¿Antes de que yo naciera?

Emre guardó silencio.

Denmet sintió un escalofrío.

—¿Mi madre conocía a Güner?

—Denmet, no quiero...

—¿Lo conocía?

—Sí.

Aquella simple palabra cambió todo.

Denmet permaneció inmóvil bajo la lluvia.

Su madre.

La mujer que le había pedido que no hiciera preguntas.

Había trabajado en aquella mansión.

Había conocido a la familia Kivilcim.

Y nunca se lo había contado.

Pero antes de que Denmet pudiera preguntar algo más, se escuchó un fuerte golpe dentro de la mansión.

Los dos se giraron.

Una alarma comenzó a sonar.

Emre palideció.

—¿Qué ocurre?

Su teléfono comenzó a sonar.

Lo contestó inmediatamente.

—¿Qué?

Denmet observó cómo su rostro cambiaba.

—¿Cómo que desapareció?

La joven se acercó.

—¿Qué desapareció?

Emre colgó lentamente.

La miró.

—La memoria USB.

Denmet abrió los ojos.

—¿La que encontraron en el coche de Fraize?

Emre permaneció inmóvil.

Y entonces, por primera vez, Denmet comprendió que algo mucho más peligroso estaba ocurriendo.

Alguien había entrado en el despacho de Güner.

Alguien había robado la única prueba que podía revelar la verdad.

Y ese alguien estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantener enterrado el pasado.

La pregunta era...

¿Hasta dónde sería capaz de llegar?

CONTINUARÁ...

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