Mónica Morgan lo perdió todo cuando descubrió que el hombre que amaba siempre había preferido a su propia hermana. Con el corazón destrozado y después de perder al hijo que esperaba, decidió alejarse de aquella vida y comenzar de nuevo.
Nunca imaginó que encontraría una nueva oportunidad en los brazos de Cristopher Sinclair, un hombre poderoso, distante y completamente ajeno a los sentimientos. Él le propone un trato: fingir ser su pareja a cambio de setenta mil dólares. Para Mónica, solo sería un acuerdo; para Cristopher, una forma de demostrarle algo a su abuelo.
Pero fingir estar enamorados resulta más difícil de lo esperado. Las miradas comienzan a durar demasiado, la cercanía deja de sentirse incómoda y los celos aparecen donde no deberían existir.
Mónica sabe que aquello tiene una fecha de finalización. Cristopher insiste en que entre ellos no hay nada real.
Sin embargo, si todo comenzó como una mentira… ¿qué ocurrirá cuando alguno de los dos termine enamorándose de verdad?
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Capítulo 11
Las horas pasaron lentamente, arrastrando con ellas los últimos vestigios de la noche, hasta que el sol asomó en el cielo como una cruel ironía, una promesa muda de que tal vez aquel día no sería tan devastador. Era la calma engañosa después de una tormenta emocional. Con la mente más serena, Mónica empezó a visualizar su futuro. Sabía que no podía seguir refugiándose en un lugar temporal. Debía levantarse por sí sola, vivir para ella, reconstruirse desde las ruinas.
Entonces recordó a Abigail, su amiga de la universidad. Siempre habían mantenido una relación cercana, incluso después de graduarse. Había estado presente en momentos importantes, incluso en el aniversario que ahora parecía una escena lejana y dolorosa. Con manos temblorosas, quiso escribirle, pero se topó con la consecuencia de su decisión: la noche anterior había destruido su chip, aunque, por suerte, conservaba los contactos en el teléfono.
Su primer objetivo del día era claro, debía comprar un nuevo chip. Solo guardaría los números realmente necesarios. Mientras navegaba por la lista de contactos, sus ojos se posaron sobre el número de su exesposo. Sin dudar, lo eliminó. Fue un acto frío, casi mecánico, pero necesario. Era el primer paso para liberarse del pasado que tanto la había lastimado.
Antes de salir, se aseguró de dejar su habitación bien cerrada. Aunque estaba en un refugio para mujeres, no quería correr ningún riesgo. Avisó en recepción que saldría por un par de cosas y caminó hasta una pequeña tienda. Compró lo justo; artículos básicos y el nuevo chip para su teléfono. Al momento de pagar, revisó cuánto dinero le quedaba. Su cuenta estaba al borde del abismo. Por eso debía contactar a Abigail cuanto antes, encontrar una oportunidad antes de que su situación fuera insostenible.
Con el nuevo chip instalado, marcó el número de Abigail. sonó dos veces antes de que al fin contestaran.
—¿Quién habla? —se escuchó una voz confundida al otro lado.
—Hola, Abi… soy Mónica. ¿Cómo estás? —respondió mientras juagaba nerviosamente con las bolsas que llevaba.
—¡Mónica! Dios mío, he tratado de contactarte desde el accidente… ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? —preguntó de inmediato, con una mezcla de alegría y preocupación.
—Sí, Abi… de hecho, quería pedirte un favor. Sé que no es lo ideal, pero ¿podemos vernos? Donde tú digas —expresó con un dejo de vergüenza.
—Por supuesto. Te envío la ubicación de una cafetería cerca de mi trabajo, ¿te parece bien?
—Perfecto, gracias, Abi. Te lo agradezco mucho —dijo Mónica, aliviada. Al ver el lugar indicado en el mapa, supo que debía apresurarse. Estaba lejos, y si quería llegar antes de que Abigail terminara su descanso, tendría que tomar un taxi. Sabía que debía ahorrar, pero también sabía que a veces era necesario arriesgarse un poco.
Salió a la calle, levantó la mano y abordó el primer taxi que pasó. Le dio la dirección y observó el taxímetro con atención, temiendo que el costo excediera sus posibilidades. Para su fortuna, el viaje se mantuvo dentro del presupuesto. Pagó al conductor y descendió frente a la cafetería, justo al lado de un enorme edificio que supuso era el trabajo de su amiga. Su corazón latía con fuerza; debía ser fuerte, no podía depender solo de Abi.
Entró al local y buscó a Abigail entre las mesas. El lugar era amplio y moderno. Mientras la buscaba, pensó que, si no lograba un empleo en la empresa, quizá podría intentar allí, después de todo debía tener un plan B. Al fin, vio a Abi sentada en una esquina, y una pequeña sonrisa surgió tímidamente en su rostro.
Sus pasos se aceleraron hasta llegar a su mesa. La saludó con una sonrisa cálida y una mirada cargada de emociones.
—Abi, me alegra tanto verte. Gracias por tomarte este tiempo para mí.
—Moni… ¿Estás bien? Me preocupé tanto cuando sucedió todo eso. Intenté llamarte, pero… —Se detuvo al notar la ausencia de algo. Su mirada se deslizó hasta el vientre plano de Mónica.
—Mónica, tú… ¿perdiste al bebé? —preguntó con un nudo en la garganta.
—Era un niño —respondió Mónica con voz melancólica—. Un niño que no tuvo culpa de nada, pero pagó todas las heridas de una relación.
—Perdón… no debí preguntar —murmuró Abigail, tocando su mano con delicadeza.
—No te preocupes. No sabías. Pero prefiero no hablar más de eso. Me ahoga pensar en mi pequeño.
—Lo entiendo. Por favor, siéntate. Te pedí un café, pero no estaba segura si era lo adecuado.
—Gracias, Abi. No debiste preocuparte, pero te lo agradezco.
—No es nada. Pero dime, ¿para qué querías verme? Si puedo ayudarte, lo haré con todo gusto.
—En serio te agradezco. Sé que no es lo ideal, pero… ¿en tu empresa están contratando? Me estoy divorciando de Leandro y estoy prácticamente en la calle. si no fuera porque me estoy quedando en un refugio social para mujeres… —confesó, bajando la mirada, invadida por la vergüenza.
—Moni, ¿por qué no me dijiste antes? Podrías haberte quedado conmigo. No tienes por qué pasar por esto sola.
—Gracias, pero no quiero molestarte. Me quedaré en el refugio hasta encontrar un trabajo.
—Bueno, justo ahora hay vacantes en la empresa donde trabajo. Si quieres, puedo ayudarte a entregar tu currículum. Pero la entrevista depende solo de ti.
—¿De verdad harías eso por mí? No sabes cuánto te lo agradecería, Abi.
—Claro que sí. Solo necesitas llenar tu hoja de vida, y yo me encargaré del resto. El puesto es en el área administrativa, todo lo que vimos en la carrera.
—Me da pena pedirte esto… pero gracias, de corazón. De verdad, gracias.