Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
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Capítulo 15
Fox, alentando por su habilidad de hacker, convertido en una verdadera pesadilla en las áreas de cómputos de la universidad, se atrevió a desfalcar varios bancos, ingresando y hackeando sus cuentas y registros, logrando robar una verdadera fortuna. Las autoridades nunca pudieron descubrirlo porque, ya les digo, Fox era súper hábil, un hacker perfecto e indescifrable que hacía de las suyas con exactitud matemática.
Con el dinero que robó de los bancos, hackeando las cuentas, tornándose en imperceptible, Fox se dedicó a la industria de los cueros. Invirtió todo el dinero que había saqueado en maquinarias de primera gama, contrató personal adecuado y entonces, su empresa se convirtió en la número uno del país. Con una fama bien ganada por la excelencia y calidad de sus productos, primero la policía y después el ejército, les hicieron a Fox jugosos contratos para abastecer a las unidades policiales y militares de calzados, maletines y cartucheras. Bob abastecía también de correas y guantes a los pelotones, y además incursionó en la fabricación de chalecos antibalas, mochilas y finalmente en carpas y toldos para los tanques. Fue entonces que lo conocí en una de sus tantas visitas a la comandancia, cargado de material policial que entregaba a los mandos. Lo nuestro fue amor a primera vista. Bob Fox me encantó apenas lo conocí, me rendí a sus ojos tan brillantes y me sedujo su sonrisa tan dominante y viril. También sus ocurrencias, por supuesto.
-A esa mujer le dicen "la sin correa" porque le gusta siempre ver a los hombres con los pantalones abajo ja ja ja-, me contaba y yo no hacía más que desentornillarme de la risa. Jamás había conocido a un hombre tan ocurrente, locuaz, distendido como Bob Fox. Ya les digo. Caí redondita en sus brazos.
Bob Fox tenía otra pasión: su viejo camión. Le encantaba ir a toda velocidad con ese armatoste, dibujando círculos, tatuando corazones en la nada, riéndose como un loco, desafiando la barrera del sonido. Íbamos al aeródromo abandonado de Camp Blue, en las afueras de la ciudad, y él corría con su camión enajenado por las pistas, dando tumbos y derrapando a cada momento. Yo me quedaba absorta, admirada y boquiabierta, disfrutando de su manejo mejor que cualquier piloto de la Fórmula Uno.
El aeródromo de Camp Blue aún existe y conserva su pista de aterrizaje pero ya no hay locos manejando camiones o areneros dibujando corazones, círculos o haciendo eses, como los hacía Fox. ¡¡¡Ese tipo era un fanático de los deportes extremos!!! A su camión, recuerdo, le había puesto Martha. Tenía ese nombre grande dibujado en la carrocería.
Fox contaba con un hangar grande que era de sus padres, junto a una playa, a pocos kilómetros de Fort Green, donde está la división blindada. Allí la pasábamos de maravillas y nos entregábamos al amor en forma apasionada y febril, incendiándonos en nuestros propios fuegos.
-Este es mi búnker privado, aquí nadie me molesta porque está camuflado por los cerros, ni con los mejores drones o con satélites del espacio podrían ubicar mi fortín en la playa-, me decía Fox divertido y orgulloso porque en efecto, el hangar estaba enclavado en una zona extraviada del litoral, entre muchas lomas peladas y desierto, en medio de la nada, haciendo imposible que lo rastrearan.
Yo la pasaba muy bien con Bob Fox. Nos íbamos a la playa y, como les reitero, reíamos mucho. Yo estaba realmente enamorada de él, lo adoraba, lo veneraba e idolatraba y pensaba casarme, incluso. Lo malo fue que descubrí que Fox estaba metido en estupefacientes prohibidos y tuve que dejarlo. ¡¡¡Yo ya era policía!!!
Lo descubrí de casualidad, una noche que estábamos haciendo el amor en su dormitorio. De repente Fox se alzó abanicando sus ojos y me dijo que se le estaban acabando las baterías. Quedé desconcertada. Yo aún estaba encharcada en sudor, abanicaba mis ojos, sentía mi cuerpo humeando por tanta pasión y mis entrañas se incendiaban reclamando los besos y caricias de mi enamorado y quería seguir haciendo el amor. Fox se empinó y abrió su velador y sacó una porción de cocaína que tenía en una bolsita plástica y usando un sorbete cortado, lo inhaló dejándome pasmada. -¡¡¡Ahora sí!!! ¡¡¡Ya tengo las baterías bien recargadas!!! ¡¡¡Volvamos a hacer el amor!!!-, dijo, incluso, aspirando con dificultad, riéndose y entonando una horrible canción.
-Tú te drogas-, le dije fastidiada.
-A veces, je je je, un poco no hace daño, solo uso un poco, además-, me dijo él divertido y distendido, como siempre. Me contó que fue su primera novia, Martha, quien lo metió al mundo de los estupefacientes.
-Encontré un súper poder en los fármacos-, me dijo Fox ufanándose. -Con Martha la pasábamos de lo mejor flotando en las nubes, haciendo el amor como degenerados-, me subrayó con absoluta normalidad. Obviamente lo que me decía no me hizo gracia y lo dejé. -Soy policía-, le aclaré cuando me marché llevándome enfadada mis ropas.
En la comandancia descubrí que Fox había sido detenido varias veces por micro comercializar con fármacos junto a la tal Martha, incluso ella murió poco tiempo después por sobre exceso en el uso de estupefacientes.
No tardé en olvidar a Fox y al poco tiempo me enamoré de Douglas. No creo que fue por despecho de haber terminado con Bob, porque de Dou me gustó de inmediato su porte, su figura tan hercúlea y lo enorme que era, más que un mastodonte. Douglas era un hombre intimidante, en realidad, diametralmente opuesto a Fox, y me encantaba de Dou su vozarrón, sus músculos y su mirada férrea. Como les conté él es periodista, tiene su propio portal de internet y cuenta con millones de seguidores en todo el mundo. Es muy locuaz y perspicaz y sobre todo firme en sus ideas y también despiadado con quienes están contra la ley. Eso igualmente me gustaba de él.
Lo malo, ya les dije, es que Douglas es un tipo muy violento y explosivo. Y eso me da miedo porque Dou era capaz de reventarle el cráneo a cualquier sujeto que, en mala hora, me sonriera o me mirara las nalgas.
En cuando a Bob Fox no volví a saber nada de ese tipo por mucho tiempo.