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LAZOS DE NEBLINA

LAZOS DE NEBLINA

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Completas
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

dónde estés siempre serás tu

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

—¡Oh, Dios mío! Pero ¿qué pasó? Camila, ¿por qué hiciste eso? —exclamé, sintiendo cómo el calor de la vergüenza se evaporaba instantáneamente de mi cuerpo, cediendo el paso a una creciente crispación.

—¡Mami, Jaimito me molestó! —chilló mi pequeña, levantando por fin la cabeza y defendiéndose con esa fiereza heredada que me ponía los pelos de punta.

—¡Yo no te molesté! ¡Tú solo me pegaste! —interrumpió Jaimito con un tono que pretendía ser de víctima indefensa, aunque el dramatismo le restaba bastante credibilidad.

—¡Claro que no! ¡Tú eres un grosero, mugroso y tienes piojos! ¡Y además, mentiroso! —contraatacó Camila, señalándolo con un dedo acusador .

—¡Claro que no! ¡Yo solo dije la verdad! —bramó el niño del ojo morado, escondiéndose de inmediato detrás del impecable conjunto deportivo de su madre.

—¿Ven? ¡Vean eso! ¡Cómo se nota que la niñita no tiene ni la menor educación! —intervino la mamá de Jaimito, agitando las manos en el aire como si estuviera presenciando el fin del mundo—. Es el vivo reflejo de un hogar desestructurado. ¡Una salvaje, eso es lo que es!

El comentario caló hondo. La pena que me consumía hacía un minuto se transformó en una chispa de pura rabia. Sentí cómo la paciencia que suelo tener se desvanecía por completo. Me enderecé cuan larga era, acomodé el saco de mi traje sastre y clavé mis ojos en la mujer.

—Señora, exijo respeto, por favor —le advertí con una voz que, aunque baja, llevaba el filo de una guillotina . Volví a agacharme para quedar a la altura de mi hija y le tomé las manitas—. Amor, necesitamos que nos digas qué pasó, por favor. Cuéntale a mamá.

—Mami… Jaimito lleva días diciéndome… —comenzó Camila, pero las palabras se le atoraron en la garganta.

Vi cómo los hermosos ojos azules de mi pequeña se llenaban de lágrimas en un parpadeo, perdiendo toda la chispa combativa de hace unos instantes. Sus labios, apretados en un tierno puchero, comenzaron a temblar descontroladamente. El corazón se me estrujó en el pecho; esa niña era mi paz, y verla desarmada de esa manera me encendía la sangre.

—Dime, amor, ¿qué pasó? —le rogué, ignorando olímpicamente los bufidos de la pareja que tenía al lado.

—¿Qué va a pasar? ¡Que es una delincuente juvenil en potencia! —gritó la mamá de Jaimito, completamente fuera de sí—. ¡Exijo que le den de baja de inmediato de esta institución! ¡Y por supuesto, exijo que me pague el doctor, la consulta del oftalmólogo y los analgésicos para mi pobre pequeño! ¡Esto no se va a quedar así!

La directora del colegio, notando el drástico cambio en mi lenguaje corporal y el peligro inminente de que la dirección se convirtiera en un campo de batalla , intervino rápidamente alzando las manos.

—Señora, por favor, guardemos la compostura. Dejemos que la pequeña nos diga la situación —pidió la directora, mirando con firmeza a la madre del niño—. Camila jamás ha tenido un reporte de conducta. Ella no es de pelear con sus compañeros, ni mucho menos de golpear a nadie. Algo debió detonar esto.

Me volví hacia mi hija, acariciándole las mejillas húmedas. El tono cómico de la situación absurda de la mañana se había disipado; ahora estaba en modo defensa total.

—Amor, ¿qué pasó? —repetí con dulzura, infundiéndole seguridad.

Camila sorbió por la nariz, miró de reojo al niño del ojo morado y luego me clavó esa mirada azul que tantas noches me recordaba a su padre.

—Mami… Él dijo que mi papá nos había abandonado —soltó la pequeña con un hilo de voz que resonó como un cañonazo en las cuatro paredes de la dirección—. Dijo que su mamá, junto con otras señoras de la escuela, decían que yo no debería estar aquí porque no tengo papá. Dijo que soy una recogida y que mi papá no me quiere.

El silencio que se instaló en la habitación fue absoluto y pesado. La maestra contuvo el aliento, la directora cerró los ojos con una mezcla de horror y lástima, y por primera vez en toda la mañana, el papá de Jaimito pareció interesarse en el suelo, perdiendo toda su postura altiva.

Me puse de pie lentamente, acomodándome la ropa con una parsimonia que aterrorizaría a cualquier rival en un juzgado. Toda la vergüenza que sentía por el ojo morado de Jaimito desapareció, reemplazada por un orgullo feroz hacia el gancho izquierdo de mi hija. Miré fijamente a la mamá de Jaimito, quien de repente pareció notar que su conjunto deportivo no la protegía del frío que emanaba de mi mirada. La mujer abrió la boca para replicar, pero se la cerré antes de que pudiera emitir un solo sonido.

—Muy bien —dije, con una sonrisa gélida—. Ahora entiendo perfectamente la situación. Señora, usted hablaba de educación y de valores familiares, ¿verdad? Me parece fascinante que su hijo repita con tanta precisión los chismes de pasillo que usted y sus amigas esparcen.

—¡Eso no es verdad! ¡Yo solo comenté en el chat de mamás que…! —intentó defenderse la mujer, el rostro tiñéndose de un rojo idéntico al del ojo de su hijo.

—No me interesa lo que hable en sus chats, señora —la interrumpí, dando un paso hacia ella—. Lo que sí me interesa, como abogada que soy, es el acoso escolar y la difamación hacia una menor de edad. Si usted quiere hablar de expulsiones, hablemos de la de su hijo por hostigamiento. Y sobre los gastos médicos de Jaimito, no se preocupe, los cubriré con gusto; considero que fue un pago muy justo por la valiosa lección de respeto que mi hija le dio hoy.

Tomé la mano de Camila, quien ya se limpiaba las lágrimas con el puño de su suéter manchado de tierra. Miré a la directora.

—Aceptaré la sanción escolar que corresponda por el golpe, directora, pero exijo que se abra un expediente por la agresión verbal que sufrió mi hija. Nos vemos mañana.

Salí de la dirección con la cabeza en alto, llevando a mi pequeño caos de la mano. Todavía me temblaba el cuerpo de la rabia, pero mientras caminábamos hacia el auto, supe que al llegar a casa tendríamos que enfrentar juntas, los verdaderos fantasmas que el pasado seguía enviándonos.

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Graciela Saiz
Taras no mereció ese final , al final Roberta no lo amo realmente 😏
Eliette Maldondo Velazquez: si se amaron pero no siempre te quedas con el primer amor
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Graciela Saiz
Deja Taras, que se vaya a la mier--😏,
Graciela Saiz
que va a pasar cuando le diga que es el Don de la mafia 🤔
Graciela Saiz
interesante, pero ya debería verse que paso con los príncipes rusos 😏
Graciela Saiz
pero que paso , el de verdad estaba enamorado, Tara también , que pudo pasar 🤔, y además pasar ya tantos años 🥹
Elba Rosa Quintero
me gustó mucho la historia, pero me hubiese gustado que Roberto y taras quedarán juntos.
Eliette Maldondo Velazquez: a mí también y lo pensé peroooo siempre en algún lugar hubo alguien a quien amaste con locura pero sabías que no podrías estar con esa persona así que les toco😞
total 1 replies
Nancy Mujica
En verdad no entiendo xq ponen una novela q no tiene final terminenlas y luego las colocan da rabia q uno se cala la novela y luego no tiene final novel toon no debería permitirlo
Eliette Maldondo Velazquez: esta todavía no termina
total 1 replies
Elsa Hurtado
Que emocionante nos los separes puede que tuvieron que salir urgente
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