LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Es una buena historia
Lucian caminaba de un lado a otro en la suite del hospital, mientras el sonido monótono del monitor cardíaco de Victoria marcaba el compás de sus pensamientos. Su madre descansaba tras el "susto", pero Lucian sabía que, en cuanto abriera los ojos, no pediría agua, sino explicaciones. Se giró hacia Elena, que estaba sentada en un sillón individual, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Se veía pálida, más de lo habitual, pero Lucian lo atribuyó al estrés del día, así que se dirigio a ella.
—Escúchame bien, Elena —dijo Lucian en voz baja, acercándose a ella—. Mi madre es como un sabueso. Si huele una contradicción en nuestra historia, nos despedazará. Así que he estructurado los hechos, mientras tu terminabas con tus diligencias e pensado que seria lo mas acertado en decirle.
Elena levantó la vista. Sus ojos, cargados con el peso de su secreto médico y su amor oculto, se fijaron en él.
—Dígame qué es lo que diremos, como lo "vivimos", señor Santos.
Lucian carraspeó, aclarando su garganta como si fuera a dar un discurso ante la junta de accionistas.
—Diremos que nuestra relación comenzó de forma orgánica. Me cansé de la vacuidad, de salir con mujeres sin valores que solo miraban mi cuenta bancaria. Empecé a verte a ti, a la mujer que realmente mantenía mi mundo en orden. Una noche llevó a la otra, y simplemente se dio.
Elena sintió una punzada en el pecho. Si tan solo supieras que así fue como lo sentí yo aquella noche, pensó.
—Pero aquí viene la parte crucial —continuó Lucian, gesticulando con las manos—. Diremos que cuando te enteraste del embarazo, tuviste miedo. Miedo a mi reacción, miedo a perder tu trabajo, miedo a lo que el mundo diría de la secretaria y el jefe. Me lo ocultaste durante tres meses. Tres meses de silencio... hasta que un día, aquí mismo en la oficina, caíste desmayada por el cansancio y la anemia. Yo te llevé al médico de urgencia, y fue allí donde me enteré de que iba a ser padre.
Lucian se detuvo frente a ella, buscándole la mirada.
—Fue en ese momento cuando decidí hacerme responsable, como todo hombre de honor. Nos casamos en una ceremonia privada, casi secreta, y decidimos mantenerlo oculto de la prensa y de mi propia familia para no exponerte a ti ni a la bebé al escrutinio público hasta que Mikeila fuera más fuerte. Si algo se me escapa o si ella pregunta por detalles específicos sobre la boda o los antojos... inventa algo, pero sé coherente. No podemos dejar que mamá nos descubra, ella es muy buena leyendo a la gente, asi que ahora todo esta en tus manos.
Elena asintió lentamente, procesando la ironía de la historia. Lucian había construido una mentira que rozaba la verdad en los puntos más dolorosos: el desmayo, el miedo, el ocultamiento.
—Es una buena historia, Lucian —susurró ella—. Casi suena real.
—Tiene que sonar real —sentenció él—. Mi madre tiene que creer que te amo lo suficiente como para haber desafiado sus planes durante más de un año.
Lucian se quedó observándola un momento más de lo necesario. Al verla allí, bajo la luz fluorescente del hospital, sintió una extraña necesidad de protegerla que no estaba estipulada en el contrato. "Ojalá mamá decida irse a París pronto", pensó con frustración. "Con ella encima de nosotros, no tendremos paz, y empiezo a temer que esta farsa termine
Consumiéndonos a los dos.
—¿Estás bien? —preguntó él de repente, notando que ella cerraba los ojos con fuerza—. Estás muy blanca, pareces algo pálida, todo esto también te esta llevando al límite ¿verdad?.
—Solo es el cansancio de la farsa, señor Santos —mintió ella, apretando el bolso donde guardaba su sentencia médica—. No se preocupe por mí. Soy una excelente actriz cuando se trata de sobrevivir.
En ese momento, Victoria Santos emitió un suspiro largo y abrió los ojos. Sus pupilas se fijaron de inmediato en la pareja.
—Lucian... —dijo la matriarca con voz débil pero firme—. Espero que tu "esposa" esté lista para responder preguntas, porque tengo toda la noche para descubrir si este matrimonio es de acero... o de papel.
Lucian tomó la mano de Elena, entrelazando sus dedos con una firmeza que pretendía ser una actuación, pero que a ella le quemó la piel. La guerra de los Santos había comenzado oficialmente.