Él es un magnate de acero: frío, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, hasta que ella cruza su camino. Ella es una joven diseñadora llena de talento, que solo busca una oportunidad para que sus diseños de ropa y joyas brillen. Lo que comienza como una simple entrevista se convierte en una atracción inesperada que romperá sus barreras... y despertará en él una obsesión que no sabía que podía sentir.
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capítulo 22: Lo que nadie esperaba
Poco después llegó el auto de Mariana. Yoselin subió rápido y el coche se alejó hacia el pequeño lugar que habían mencionado: un sitio con luces tenues, mesas separadas y música suave que no impedía hablar sin levantar la voz. Se sentaron en un rincón apartado y pidieron dos bebidas frías.
En cuanto se quedaron solas, Mariana se inclinó hacia adelante.
—Cuéntame ya —le pidió—. Por tu voz supe que era algo enorme. ¿Tiene que ver con ese puesto nuevo que te dieron?
—Más que eso —empezó Yoselin, jugando con el borde de su vaso—. Alejandro me llamó hoy. Tiene un encargo muy especial para mí. Es para la boda de su mejor amigo.
Su amiga abrió mucho los ojos.
—¿Una boda entera? ¿Qué te pidió exactamente?
—Todo —respondió ella—. El traje del novio, el vestido de la novia, los trajes de los padrinos... y él es uno de ellos. También los vestidos de las damas de honor, donde está Camila, y los conjuntos de las dos suegras. Todo tiene que combinar, pero cada uno debe verse como sí mismo.
Mariana soltó una exclamación baja y le apretó la mano sobre la mesa.
—¡No me lo creo! —dijo con sinceridad—. Ese hombre que te cerró la puerta en la cara ahora te confía los momentos más íntimos de su gente. Es la prueba más grande que te puede dar.
—Lo sé —asintió Yoselin—. Por eso pasé toda la tarde organizando todo. Hice listas de proveedores, los talleres de telas, la joyería, las zapaterías a medida. Y armé el orden de todas las tareas para no perderme en nada. Quiero que todo salga perfecto.
—Claro que sí —dijo su amiga—. Pero no olvides por qué lo hace. No es solo porque sepas coser o dibujar bien. Es porque cuando hiciste el trabajo de la señora Elizondo, demostraste que entiendes lo que la gente necesita sentirse bien consigo misma. Eso es lo que él vio.
Yoselin miró por la ventana un momento.
—Tengo miedo de equivocarme —admitió en voz baja—. Es mucha gente, muchos gustos distintos, y es algo muy personal para Alejandro. Si fallo aquí, creo que nunca se recuperará la confianza.
—No vas a fallar —le aseguró Mariana con firmeza—. Porque ya empezaste bien. Te preparas, planeas, escuchas antes de hacer nada. Eso es lo que te hace diferente. No vas a imponer tu estilo: vas a crear el suyo.
—Tienes razón —sonrió Yoselin—. Por eso quería contártelo. Necesitaba escucharlo así, sin tantas reglas ni exigencias. Solo saber que lo que siento tiene sentido.
—Siempre lo tiene —respondió su amiga—. Y piensa en esto: cuando veas a Alejandro vestido con lo que tú hagas, sabrás que no es solo un jefe dándote una orden. Es un hombre que decidió creer en ti contra todo pronóstico.
Pasaron un rato más así, hablando de los colores que podría usar, de los tejidos que combinarían mejor, de cómo Camila seguramente le daría ideas divertidas. Yoselin sintió cómo los nervios se transformaban en ganas. Ya no veía el encargo como una carga pesada: lo veía como el puente que terminaría de unir su talento con el lugar al que pertenecía.
Cuando salieron del lugar, la noche estaba fresca y clara. Yoselin se despidió con la mente mucho más tranquila. Había organizado su trabajo, tenía el apoyo de su amiga, y ahora sabía exactamente qué era lo que estaba en juego: no era solo una boda. Era demostrar que el talento propio, bien cuidado, abre incluso las puertas más cerradas.